Semana blanca

El Gobierno de EPR quiere volver a hacer obligatoria una cosa que dejó de serlo.

11 de Febrero.- En enero de 2006, recién llegado yo aquí, iba yo con una persona por una calle del distrito 5 –recuerdo exactamente el sitio, lo que son las cosas- cuando dicha persona me preguntó si yo tenía un smoking.

Recuerdo sobre todo mi perplejidad, porque un español (normal) solo lleva un smoking si le toca servir los langostinos en una boda. Pronto descubrí que el tema del smoking (asociado al universo bailes) era algo que había que tener en cuenta si uno quería integrarse.

Un poco así fue con el esquí. Rebuscando en mi memoria (mi amigo Adrián dice que yo tengo la memoria llena de cosas inservibles, y puede ser que no le falte razón) el esquí, para un niño de los ochenta, era un deporte asociado a la familia real. briznas de hierba en la nieve

Acuden a mi mente imagenes de la cara sonriente, aunque algo constipada de la reina Sofía enfundada en un mono, oculto por una vez el peinado casco con otro casco protector ; sus dos hijas, personificando el ideal de las jovencitas asexuadas y opusinas ( !Qué lejos aquellos marichalares y estos urdangarines !), el actual rey, guapo aunque algo desgarbado (sigue siendo guapo y algo desgarbado, aunque en los últimos retratos oficiales ya se le notan los disgustos que le da su trabajo) y el rey padre, Campechano the first el cual, por lo que sabemos, posaba para los fotógrafos en Baqueira Beret componiendo una estampa de felicidad familiar y, o bien se escacharraba una rótula acto seguido o bien se marchaba goloso a retozar con alguna de sus novias, dejando a la pobre reina Sofía compuesta y sin Borbón.

Un miembro B de la familia real, el duque de Cádiz, también murió en un accidente de esquí (decapitado por un cable en Aspen, Colorado, que es una manera horrible de morir). Cosa que resultaba también de lo menos alentadora.

Por lo demás la nieve, en Madrid, tenía algo de maravilloso prodigio (nunca nieva en cantidad suficiente como para que se pueda esquiar por las calles de Alcobendas o San Sebastián de los Reyes) de manera que, como pasa con otras cosas, los pobres de barrio obrero no piensan que el esquí sea una cosa para ellos. Lamentable falta de autoestima, sin duda, porque los pobres empiezan por pensar que la nieve es para gente bien y terminan pensando que estudiar es una cosa que no deben hacer, por no romper las leyes no escritas del ecosistema humano.

En mi caso, vino la amistad a auxiliarme (como casi siempre, qué haría yo sin mis amigos) y por hacerle un favor a uno de mis amigos y prestarle apoyo moral, aprendí a esquiar. Poco. Aprendí muy poco.

Bolas de nieve

Y de mayor sufrí con resignación lo que de crío sufría con pena : la evidencia de mi inutilidad para los deportes. Recuerdo ver cómo la monitora a la que le caí en suerte, con esa insultante seguridad de quienes han nacido en una familia de esquiadores, despreciaba a una pobre mujer austriaca que, obviamente, tenía una fobia tremenda a partirse la crisma. Yo, por suerte o por desgracia, al ser extranjero, ni entraba en el radar de aquella señora la cual decidió concentrarse en los críos, en las nuevas generaciones, pensando quizá (con razón) que lo mío ya no tenía ningún arreglo. O quizá intuyendo que yo había venido de un lugar bárbaro en donde esquiar no se estilaba.

Hoy he leido que uno de los planes del nuevo (no tan nuevo) Gobierno es que el esquí vuelva a ser asignatura obligatoria para los críos. Nada más y nada menos que una semana anual. Pienso en mis padres, cuando yo era chico, y ganaba mi padre lo que hoy serían mil euros. Qué estrecheces hubieramos tenido que pasar para poder aprender a hacer una cosa que maldita la falta que le hace a nadie saber. Menos mal que el deporte español por excelencia es el fútbol que, al contrario del esquí, puede uno practicar siendo más pobre que un roedor que no tenga dónde caerse muerto.

NOTA DEL REDACTOR JEFE (o sea, mía): queridos lectores de Viena Directo : entre los días 12 y 14 de febrero no solo no estaré en Austria, sino que no tendré ningún ordenador cerca para escribir el texto diario. Así pues, si todo va bien, volveré el sábado 15 a acudir a mi cita. No me olviden.

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