Dame veneno que quiero morir

Dado el tema de hoy, toquemos madera

En estos días se debate en España la eutanasia. Echemos un vistacillo al marco legal en Austria.

24 de Febrero.- Durante estos últimos días, Celtiberia anda revuelta por el debate sobre la eutanasia (la buena muerte, si es que morirse le puede venir bien a alguien, las cosas como son).

Cuando yo era un crío, en los ochenta del siglo pasado, la eutanasia, lo mismo que el aborto (el divorcio no le parecía mal a nadie, que yo recuerde) eran temas que se nos ofrecían a los alumnos para que ejercitáramos nuestras habilidades en el debate. Era, en aquella época, una discusión que se movía en el ámbito de lo teórico porque, como todo el mundo sabe, los jóvenes son inmortales. A pesar de todo y, me parece recordar, con el silencio más o menos aquiescente de mis sucesivos profesores de religión, creo que estábamos más o menos de acuerdo todos en que la eutanasia, o sea, lo de decidir morirse cuando el sufrimiento era inútil, era una cosa muy razonable.

Luego, vino Mar Adentro, la película de Alejandro Amenábar que contaba la tragedia de Ramón Sampedro y, a pesar de los términos en que estaba planteada (era una película de tesis, en la que el punto de vista de la Iglesia católica estaba representada por un sacerdote bastante estúpido y odioso, que es una manera un tanto maleducada de descalificar al adversario) creo que todo el mundo se preguntaba por qué, si Sampedro quería morirse y descansar de una vez, por qué no podía hacerlo sin que eso supusiera un problema para quienes le ayudaran.

Hoy por hoy, las posiciones en Celtiberia están en un setenta a favor y un treinta en contra, como corresponde en una sociedad en la que la Iglesia ha perdido gran parte del peso que tenía, de manera que es probable que la ley de la eutanasia se apruebe sin mayores problemas.

Aprovechando que el Ebro pasa por Zaragoza, he pensado que sería interesante darle una vueltecilla a cómo está el maco normativo en Austria con relación a esta cuestión. He investigado un poquito y aquí dejo a mis lectores el resultado de mis averiguaciones.

En Austria, la eutanasia está rigurosamente prohibida. Definimos el concepto : supongamos que a mí (Dios no lo quiera) me diagnostican una enfermedad chunga. Yo, como no entiendo de medicamentos y de cosas, le pido consejo a alguien para que me haga un cóctel como el que suele hacerse a los animales que se sacrifican (y a Sigmund Freud cuando decidió morirse, por cierto). O sea, una sobredosis de barbitúricos y aquí paz y después gloria. La persona que me ayudase, se enfrentaría a una pena de entre seis meses y un lustro de cárcel, independientemente de si yo firmo un papel o dejo dicho que sí, que me quiero morir.

La eutanasia indirecta sí que está permitida. O sea, imaginemos que yo estoy muy pachucho y que el médico me pone morfina a cascoporro para que no me duela, a pesar de que esas inyecciones de morfina van a acortarme la vida (a esto se le suele llamar « cuidados paliativos »). Esto está permitido y, de hecho, es una práctica corriente en hospitales. Como cantaba Alejandro Sanz, parece lo mismo pero es distinto.

La eutanasia pasiva o sea, el suspender las medidas terapéuticas de un enfermo terminal, también está permitido. Por ejemplo, imaginemos que yo dependo para respirar de una máquina y que mis familiares, considerando que las posibilidades que yo tengo de salir del trance son entre cero y ninguna, le piden al doctor que apriete el botón de off del respirador. El médico puede hacerlo triste, naturalmente, pero sin temer consecuencias legales.

Otra cosa que también está prohibida es ayudar a alguien a suicidarse (en Alemania, por ejemplo, está permitido).

En fin : esperemos que ni yo ni ninguno de los lectores de Viena Directo vayamos a tener que hacer uso de ninguna de las posibilidades anteriormente expuestas. Susto da solo de pensarlo. Como se les dice a las embarazadas, esperemos que tengamos todos una horita corta (y si puede ser un minutito corto, mejor).

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