Equal pay day 2020

Mientras se decide si se ha desatado el apocalipsis del Coronavirus, hablemos de cosas importantes de verdad.

25 de Febrero.- Como tengo el mal vicio de comer todos los días y no soy millonario, tengo que trabajar. Para sufragarme los vicios, me alquilo para soñar en una oficina. Como a trabajar llevo camisas, naturalmente, me las tengo que planchar.

El otro día, se quedó en casa la hija de unos amigos mientras sus padres iban al cine, una chiquilla que tiene cinco años. Como tenía que planchar, le puse un DVD (La Bella y la Bestia), saqué los aperos y me puse con las camisas. Estaba Bella cantando que quería escapar de la monotonía de su little town, cuando la cría, incapaz de concentrarse, se acercó a mí con incontenible curiosidad :

-¿Qué haces ?

-Pues estoy plachando –dije sonriendo.

-Pero tú eres un chico –me contestó ella, como si me hubiera visto romper una regla sacrosanta.

-Ya, pero los chicos también planchan ¿Tu papá no plancha ?

-No, dice mi abuela que en casa tiene que planchar mamá.

(Aclaro que los padres de la cría son una pareja joven y muy poco sospechosa de machismo ; de hecho, me consta que, al contrario de lo que piensa su hija, su padre plancha, pero cuento la anécdota para que se vea cómo calan los estereotipos).

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Comparado con España, Austria es un país muy machista. No significa esto que en mi país la sociedad no sea machista, que lo sigue siendo, sino que, por un conjunto de razones, alguna de ellas tremenda (la violencia de género, esa podredumbre, esa costra, esa roña) hombres y mujeres se han hecho conscientes de que un problema cuyos aspectos permanecían invisibles, existe.

En Austria, lo peor del machismo es que es tan invisible como el gas argón que respiramos sin darnos cuenta.

La mayoría de la sociedad austriaca no se da cuenta de que es machista y no siente la necesidad de que haya que cambiar nada (sobre todo los hombres, pero también las mujeres). Y sí : las mujeres también están incluidas. De hecho, el machismo no podría sostenerse si las mujeres no fueran, por acción, omisión o acuerdo, machistas también.

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Basta poner la televisión durante el prime time y analizar la publicidad, para fliparlo mucho. Los anuncios dirigidos al público austriaco están llenos de mujercitas que cuidan de sus mariditos y hacen el desayunito a sus hijitos.

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Muchas mujeres llevan como algo inevitable el hecho de que ser madres conllevará el postergar su carrera y que así el marido, novio o amante se convierta en el que traiga las perras a casa. Y, lo que hablábamos antes : el sistema ha creado un sistema de control de la disidencia, particularmente en zonas rurales o conservadoras . Las primeras que hablan mal de una mujer que, por ejemplo, decide no consumir por completo su permiso de maternidad son las propias mujeres.

Una de estas cosas incuestionables es que las mujeres, cuando se reincorporan al mundo laboral después de la maternidad, han de hacerlo progresivamente, para hacerse cargo de la tarea de educar a los hijos, de cuidarlos cuando están malos, limpiar la casa, cocinar, etc. Esto condena a muchas mujeres a trabajos a tiempo parcial que, además, están muchísimo peor pagados que los de los hombres. Además, es un tabú silenciosamente aceptado (repito, incluso por las propias mujeres) que las mujeres, incluso cuando ni se sospecha que vayan a quedarse embarazadas, cobren menos que los hombres por hacer el mismo trabajo. Naturalmente, a pesar del aparato legal que existe para intentar atajar el problema. Esto es visto como una especie de seguro que el empresario « se cobra » por la eventualidad de que una mujer decida tener hijos. Las mujeres son, para muchos empresarios, fuerza laboral de calidad B (aunque, por supuestísimo, estén tan formadas o más como sus colegas varones).

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Se calcula que la brecha salarial entre hombres y mujeres es de más del 13%. Dato que es indignante y debería llenarnos de vergüenza, por supuesto.

Hoy se conmemora en Austria el Equal Pay Day, o día de igual salario.

¿Qué significa esto ? Yo soy un hombre, pues bien : si en mi silla se sentase una mujer que hiciera mi trabajo, habría trabajado desde principios de 2020 hasta hoy, sin cobrar, no sé si mis lectores pillan el concepto.

Naturalmente, lo más difícil de romper son las inercias. Hombres, tenemos que ponernos las pilas, ser valientes y renunciar a los privilegios (Planchad, planchemos, joé). Mujeres, a tomarse en serio la carrera, a luchar por un salario justo. Porque en unos años esta conmemoración y artículos como este no sean necesarios.

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