Sálvese el que lea

En cada crisis hay una oportunidad, y esta del coronavirus puede hacernos mejores ciudadanos. Veamos cómo.

12 de Marzo.- Mi sobrina Ainara cumplirá este verano 13 años.

El domingo pasado hablábamos por teléfono, como hacemos a menudo, y nos enfrascamos en un debate, a propósito de por qué era necesario que estudiase determinadas materias que a ella le parecía que no eran « prácticas » y que no iban a servirle para nada en su vida futura.

Mi sobrina Ainara no entendía, por ejemplo, por qué eran importantes las asignaturas de letras. Quizá todavía es demasiado joven para apreciar en lo que vale el hecho de que un texto bien escrito nos haga la vida mucho más agradable, además de aliviar la soledad y confortarnos el ánimo en las crisis por las que, más temprano o más tarde, pasa todo el mundo.

Pero hay más.

Desde el domingo, he pensado mucho sobre esto y precisamente el coronavirus creo que me ha dado el perfecto ejemplo de por qué es imprescindible que cualquier persona (y más si es muy inteligente, como es el caso de mi sobrina) esté en condiciones de poder leer un texto, de entenderlo y, sobre todo, de poder desmenuzarlo. O sea, de saber cómo está hecho y sobre todo para qué.

Con los números, que mi sobrina maneja tan bien, es muy difícil engañar. Sin embargo, las palabras son harina de otro costal. En la vida, todos los que nos van a intentar manipular van a hacerlo utilizando las palabras.

Saber descifrarlas y descubrir las motivaciones que tienen detrás es, en realidad, lo que diferencia a una persona culta de un mascachapas.Y, si bien se mira, las herramientas que se utilizan para hacerlo no son tan distintas de las matemáticas.

Volviendo al coronavirus.

Cuando un tema acapara el interés público, es natural que el número de informaciones que se ocupan de ese tema aumente de manera exponencial. Ese rio revuelto es el hábitat ideal para todo tipo de malandrines y tramposos.

Cuando nos enfrentamos a una información sospechosa, he aquí algunos puntos en los que conviene fijarnos para ayudar a formarnos una opinión :

-Al primer vistazo ¿Suena lógico lo que nos están diciendo ? Por ejemplo, un conocido medio de propaganda prorrusa, publicó un titular sobre el coronavirus tal que así « Científicos alertan de que el coronavirus sería un arma bacteriológica china ».

El típico titular magufo, vaya.

En este titular llama la atención en primer lugar la ausencia de artículo delante de científicos (práctica común, por cierto, en medios latinoamericanos, que ya se está introduciendo poco a poco en España). O sea ¿Científicos ? ¿Cuántos científicos ? ¿Dos o cientoveinticinco ? ¿Quiénes son esos científicos ? Y en segundo lugar ¿Un arma ? Con todos los respetos pero valiente porquería de arma.

Si quieres crear un arma, lo primero que haces es una que mate a cuanta más gente mejor. Pero una que mata a tres de cada cien (o aunque fueran catorce) es un arma que iguala en efectividad a los cantos con los que nuestros ancestros querían matar mamuts. Primer indicio de que el titular es « magufo » y la noticia con él.

-Segundo, aplicar la llamada « Navaja de Ockham ». A pesar del nombre, es bien fácil hacerlo. A ver ¿Qué es más fácil, que en un oscuro laboratorio lleno de malvados científicos hayan fabricado un virus que se les haya ido de las manos o que haya pasado como otras treinta y cinco mil veces en la Historia, que un virus de procedencia animal haya mutado y pasado a los seres humanos ? Obviamente lo segundo, por muchas razones, porque ha pasado más veces, por ejemplo.

-Tercer criterio, ¿La información, es sensacionalista ? O sea, ¿Apela descaradamente a una emoción? El periodista magufo ¿Quiere provocar en nosotros miedo? ¿Preocupación? ¿Alarma? Los medios sensacionalistas austriacos, el Österreich, por ejemplo, están dando estos días todo un recital. Titulares de un palmo de grandes, uso del color rojo o del amarillo (colores que significan alerta), menciones de cifras astronómicas, « caos », « desastre », « catástrofe », apelación a un futuro negrísimo (son apelaciones que salen gratis, porque nadie ha visto el futuro, de momento) ,ilustraciones de noticias que vienen de películas o que se han obtenido hace tiempo en otros sitios, etc.

Lo primero que nos impacta es la emoción y después, si acaso, acudimos a la racionalidad.

Mi sobrina, quizá todavía es demasiado joven para darse cuenta de estas cosas, pero la gran mayoría de mis lectores ya son mayorcitos.

Articulo publicado en Austria. Guarda el enlace permanente.

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