La ovejita Lucera

Lamentablemente, la ovejita Lucera no ha comparecido y hemos tenido que conformarnos con una hermosa cabra (Archivo VD)

Hubiera podido ser la oportunidad de que Sebastian Kurz pasase un mal rato. Lamentablemente, el toro que todos esperaban era una ovejita.

24 de Junio.- Se puede ver el liderazgo de alguien, sea cual sea el campo en el que ese liderazgo se manifieste, como la combinación de dos componentes: por un lado, las cualidades que posea esa persona para desempeñar un cargo determinado. Llámense inteligencia, formación o gramática parda. Por otro lado, y como si se tratase del negativo de una fotografía, todas las cualidades que le faltan a la competencia. O sea, falta de inteligencia, falta de formación o, habiendo una y otra, falta de gramática parda.

Hoy, hubiera sido la ocasión perfecta de la oposición para hacerle un buen siete al liderazgo de Sebastian Kurz. A priori, se daban todas las condiciones. El canciller tenía que presentarse ante la comisión que investiga el llamado escándalo de Ibiza. No podía escaparse, porque hubiera quedado raro. Y tenía que responder a las preguntas que le hicieran. Por supuesto, no con el detalle y la concreción que hubiera exigido un proceso judicial, pero por lo menos manteniendo unas ciertas apariencias.

Pues bien: la oposición ha dejado escapar a Kurz vivito y coleando y no ha podido demostrar la mayor: esto es, que el escándalo de Ibiza también era (y mucho) un escándalo del propio Kurz.

Y no ha sido porque Kurz sea especialmente inteligente, ni porque esté especialmente formado (todos sabemos que no lo está) pero lo que ha quedado claro, meridianamente además, es que en el cuerpo de Sebastian Kurz se concentra más gramática parda que en todos los que le han interrogado.

Juntos.

La espectación era grande. El canciller ha llegado a la cita en el Parlamento después de anunciar el enésimo alivio de las restricciones del coronavirus.

(Alivio, por cierto, que a los virólogos les tiene ya los pelos de punta, porque temen -con razón- que la ciudadanía pueda pensar que todo el monte es orégano y que ya se ha terminado la pandemia).

Ha accedido a las peticiones de los informadores gráficos de hacerse fotos tras la mampara de plexiglás que protege a los interrogadores de los esputos contaminados de los interrogados y viceversa.

Ha sonreido mucho (una sonrisa a medias entre „yo no tengo nada que temer, porque soy honradísimo“ y „me chupa un pie lo que aquí se diga porque ustedes no son ni mi padre, ni mi amante, ni la oposición que me pueda hacer una moción de censura“) y luego, disipado el torbellino de los flashes, se ha dispuesto a recibir al Mihura de la oposición.

Solo que el Mihura era la ovejita Lucera.

Le han preguntado por qué no ha depositado los SMS intercambiados entre él y Strache. „Porque los borraba periódicamente“.

Muy bien „¿Y por qué los borraba?“

Siguiendo recomendaciones de seguridad“

Y no había copia de seguridad“

No, no la había“

¿Se vio usted con este o con aquel?“ -“este“ o „aquel“ son personas cuyos nombres han salido después vinculadas con mangoneos varios, como el caso Casinos Austria.

Y Kurz, echándole morro:

No me acuerdo bien, quizá sí“.

¿Y su agenda? ¿Por qué no podemos verla?“

Pues porque lo que pone es personal“

No queremos saber cuándo va al dentista“

Por si acaso“

¿Y los correos?“

Los borro también periodicamente…Bueno, los más importantes se imprimen y se archivan, pero eso no lo llevo yo“.

Y así, todo.

Cuatro horas de „no me acuerdo bien“ y de „se destruía por razones de seguridad“ y „los funcionarios hacen borrados periódicos de los sms de mi teléfono“ o „eso no es de mi competencia“. Naturalmente, también algunos momentos de chulería (propios de quien sabe que está en una situación de seguridad que le permitiría eso y más) como admitir que sabía perfectamente los detalles de lo que le preguntaban pero que solo los díría en sesiones a puerta cerrada.

Se le ha preguntado también, entre otras cosas, por los donativos (abundantísimos) de una de las mujeres más ricas de Austria. Las cantidades que deben declararse según la ley austriaca son aquellas que superen los 50.000 euros. Curiosamente esta señora (Heidi Horten) donaba todos los meses 49.000 euros al partido popular austriaco. Durante siete meses. Más de un cuarto de millón de euros.

Kurz ha dicho no ser responsable de esos donativos, aunque también ha dicho que en el Partido Popular se hace firmar a todos los donantes que no quieren una contraprestación. También ha dicho que la veía (a Horten) „una vez al año“ y, con sorna ha dicho que „con seguridad, le agradecerá la próxima vez sus donativos al ÖVP“.

Tras cuatro horas de declaraciones sobre cosas ya sabidas y, valga la metáfora, sin un arañazo en la carrocería de su liderazgo, Sebastian Kurz se ha levantado y, tan campante, se ha marchado a su casa. Vivito y coleando.

Por incomparecencia del adversario.

Lo que hubiera podido hacer Armin Wolf en ese tiempo con él.

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Gepostet von Viena Directo am Donnerstag, 21. Mai 2020
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