La Ministra Tanner tiene un (gran) problema

Después de anunciar „la mayor reestructuración“ de todos los tiempos, la Ministra de Defensa austriaca tiene un gran problema que le puede costar el puesto.

26 de Junio.- El cargo de Ministro de Defensa es, sin duda, uno de los más difíciles de desempeñar en Austria. El candidato o la candidata tiene que estar dispuesto/a a que le escabechen a la mínima.

Por un lado, está claro desde hace mucho tiempo que el ejército austriaco tiene un gran problema que se cifra, básicamente, en que es demasiado grande, está anticuado y el presupuesto con el que cuenta es insuficiente. Por otro lado, es también muy evidente que el Ejército, en su conjunto, es un enfermo grave que cada vez que el médico (el Ministro, en este caso) le pone la mano encima, se revuelve y le pide que no le toque.

Ya con los últimos Gobiernos de la Gran Coalición (Partido Socialista-Partido Popular) se intentaron reformas (mínimas, cosméticas) del principal instrumento que Austria tiene para su defensa. Sin grandes resultados.

La presente coalición lleva en su programa la reforma del Ejército austriaco. Organismo que es, en gran parte, lo que era cuando Austria era un país pequeñito apretujado entre los dos grandes bloques y a un paso del telón de acero.

Tiene un gran problema de personal, por ejemplo. En el Ejército austriaco hay, por un lado demasiados mandos en proporción a la tropa y, por otro, las fuentes demográficas se le están secando. Cada año es más difícil encontrar reclutas aptos. La antigua coalición tuvo incluso que reformar la ley para que fueran aceptables los reclutas que estuvieran solo „un poquito averiados“.

La ministra anuncia «su» reforma

Esta semana pasada, con la fanfarria habitual, la Ministra de Defensa, Sra. Tanner, anunció que iba a meterle mano a esta espinosa cuestión de la reforma del ejército. Lo hizo en unos términos que, incluso a un objetor de conciencia, como servidora, le produjeron enorme perplejidad. No quiero ni pensar lo que debieron pensar los altos mandos del Ejército.

La premisa era, básicamente, que „ya que no había una guerra a la vista“ (!!!) el Ejército se tenía que enfocar primordialmente en otras cuestiones, como la ayuda en las catástrofes, cibercriminalidad, etc y hacerse más eficiente reduciendo personal, armamento pesado y cerrando cuarteles.

(A la Ministra -y a los que le hacen las notas de prensa- sin duda se les ha pasado por alto que vivimos en un mundo mucho más inseguro que hace una década. Para muestra el deterioro palpable de las relaciones entre la Unión Europea y los Estados Unidos de Donald Trump, que se manifiesta en un debilitamiento del paraguas de la OTAN)

Ya sabemos todos lo que un político quiere decir cuando habla de eficiencia. O sea, de cerrar el grifo del dinero.

Y ya sabemos lo que nos pasa a todos cuando nos tocan las habichuelas de nuestros niños.

Dando luz verde al comunicado de prensa en el que se anunciaba „la reforma más grande de la Historia del Ejército austriaco“ (comunicado y reforma que, seguramente, tuvieron el visto bueno de su jefe, el canciller Kurz, la Sra. Ministra se metió en un jardín de proporciones épicas). Un jardín que le puede costar el puesto.

¿Cómo? Venga usted a mi despacho y me lo explica un poco

Como primera medida, nada más y nada menos que el Presidente Van der Bellen la llamó a su despacho para que se explicase (y probablemente, Van der Bellen, que es muy largo, lo hizo también para calmar los ánimos de la cúpula militar austriaca). Según parece, el propio VdB y el Estado Mayor del Ejército se enteraron de los planes reformadores de la Ministra por la prensa (y eso, tratándose de tema tan importante, está feo).

Como segunda medida, la Sra. Ministra aceptó que se le hiciera anoche una entrevista en el informativo austriaco de máxima audiencia que se unió, en el jit pareid del despropósito, al papelón que hizo Karl Nehammer, el Ministro del Interior, cuando acudió la última vez al Zeit im Bild a hablar de la gestión que la ciudad de Viena estaba haciendo de la pandemia de la CoVid-19.

En piloto automático, no importaba lo que le preguntasen, la Ministra Tanner se atenía al argumentario diseñado por el eficiente equipo de spin doctors del Gobierno austriaco (gran parte del éxito de Sebastian Kurz se basa en ellos). El argumentario, desgraciadamente, era un poco monótono y tenía una sola frase: pase lo que pase, la misión principal del Ejército austriaco será la de defender al país.

-Pero Sra. Ministra, la tortilla de patatas ¿Le gusta con cebolla o sin cebolla?

-Mire, yo he venido aquí a decir que la misión principal del Ejército austriaco, porque lo pone en la Constitución, es defender al país.

-Ya, pero Sra Ministra ¿Usted está de acuerdo con que Míster Proper ahora se llame Don Límpio?

-No es esa la cuestión, sino que la misión del Ejército Austriaco es la de defender a Esta Pequeña República y así lo pone en el programa de nuestro Gobierno.

Y así, todo seguido.

Naturalmente, la oposición ha aprovechado que la Ministra Tanner huele a sangre fresca para tirársele a la yugular.

Los ataques han ido de la ironía (quizá se debiera preguntar si está realizando el trabajo correcto) hasta las demandas de dimisión.

Como cantaba Mona Bell, estaba escrito.

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