Prólogo: La importancia de comprar pantuflas

Piano en la fuente de KarlsplatzEl verano es una época propicia para la risa y para el recuerdo. En la serie que empieza hoy, combinaremos las dos cosas.

30 de Julio.- Antes de ayer quedé para dar una vuelta con mi amigo Dani, una persona muy creativa (su trabajo consiste, principalmente, en encontrar soluciones eficientes a los problemas que le plantean).

Dani y yo nos conocemos desde hace unos años y nos entendimos fenomenal desde el minuto uno.

Nuestro primer encuentro consistió, no se me olvidará, en ir a comprar unas pantuflas de fieltro para la casa a la que yo me acababa de mudar. Supongo que le debió de causar cierta perplejidad que, nada más presentarnos, le dijera :

-Dani, me tengo que comprar unas pantuflas ¿Te importa acompañarme ?

Pero como Dani y yo nos parecemos, sobre todo, en que nada de lo humano nos es ajeno (o sea, que no juzgamos nunca a nadie) pues no dijo nada y se vino conmigo de manera que, ya por el camino a la tienda de las pantuflas, empezamos a reirnos. Han sido, desde entonces, muchas tardes de risas y, sobre todo, de buenas ideas, que es a lo que voy.

Porque lo que tiene la gente creativa es que tiene muy buenas ideas.

Antes de contar la que tuvo el otro día y que es el origen de esta serie de artículos, tengo que decir otra cosa : Dani y yo, fuera del sentido del humor y del buen carácter, nos parecemos en dos cosas :una, nuestra falta de prejuicios nos lleva, por lo general, a conocer a personas bastante curiosas y dos, el lema de nuestra vida podría ser el título de aquella vieja película de Kim Bassinger, « Ella siempre dice sí ». O sea que, a menos que lo que nos propongan sea delictivo, no solemos negarnos a casi ninguna aventura.

Algunos lo llaman generosidad, otros, más pusilánimes, inconsciencia. Pero el caso es que, como verá el lector por lo siguiente, la estrategia nos ha dado unos resultados inmejorables.

Gran parte de nuestras risas consisten en que Dani y yo nos intercambiamos anécdotas de nuestros conocidos. Dani tiene el don (que espero tener yo también) de hablar de la gente sin mala baba, lo cual hace su conversación un auténtico placer. O sea, que hay risas y luego no hay mala conciencia.

El caso es que el otro día, sentados en Karlsplatz, en un banco, después de una caminata que nos había llevado a darle una vuelta a la almendra central de esta ciudad, Dani, al escucharme contar una de esas historias que me pasan, me dijo entre risas que yo tendría que escribir algún día mis memorias utilizando como hilo conductor a los personajes que había conocido en mi vida.

-Un capítulo por cada personaje y luego al final, explicas la vinculación de toda la gente entre sí.

A mí me hizo mucha gracia la idea, a pesar de que soy consciente de que, como decía una novia que yo tuve (hoy amiga, también residente en el extranjero) a mí no es que me pasen cosas más divertidas que al resto de la gente, es que las cuento con un poco más de salero que la media.

El caso es que acepté el reto (del cual este post es el prólogo).

Naturalmente, a la idea de Dani solo le voy a hacer un pequeño cambio: en vez de poner la vinculación entre todas estas personas al final, la pondré al principio.

Hasta que las ganas me aguanten (y, sobre todo, hasta que los lectores quieran) voy a contar mi vida en forma de anécdotas de las personas con las que me he cruzado durante esta excursión por el planeta tierra.

Que nadie se asuste. Mi intención es que tanto el lector, como los interesados, como yo mismo nos riamos sin que, después, nadie tenga que tener mala conciencia. Quizá cambie algunos nombres o borre algunos rastros, pero trataré de que las historias conserven todo su sabor.

Mañana, pues, el primer capítulo : DON JORGE Y SU MUJER MALDITA

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