Emoción, intriga, dolor de barriga

A la espera de que mañana el semáforo en Viena se ponga naranja, las reacciones a las cifras de hoy se suceden. El negacionismo se pasa a la política.

10 de Septiembre.- Hoy se ha batido de nuevo un récord en el número de nuevos positivos en veinticuatro horas. Ha habido 664, en concreto. Y Viena es, con mucho, el sitio en donde más nuevos positivos ha habido. Más de la mitad. 387.

Hoy por la tarde, mientras tanto, se reúne la comisión que mañana dará a conocer una nueva oleada de colores del famoso „semáforo del coronavirus“.

El Bundescanciller, a través de sus gargantas profundas (con perdón) ha filtrado su deseo de que se acabe ya la tontería y de que Viena profundice en sus medidas para evitar el contagio. Kurz, según sus confidentes, estaría preocupado sobre las cifras galopantes (explodierende) y estaría presinando para que la comisión del semáforo hiciese subir el colorido de Viena del amarillo presente al naranja.

El Ministro Anschober no parece muy partidario (seguramente por lo que supondría para Viena que es uno de los motores económicos de Austria y, naturalmente también, para la coalición de izquierdas que gobierna la capital en donde todo lo suave y lo bello tiene su acomodo).

Entretanto, el Partido Popular ha cancelado su acto de inicio de campaña (a las elecciones municipales) programado para este jueves a quien se había invitado a una selecta concurrencia de cien personas humanas. El evento sucederá solamente vía streaming (planazo para esta noche, estoy seguro que todos mis lectores estarán dabei).

Las cifras de Viena (recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte contemplando a todos los vieneses que volvieron de Croacia justamente hace dos semanas) también han despertado las ganas de hablar del consejero de salud de la ciudad de Viena, Sr. Peter Hacker, el cual, en una entrevista con la APA ha abogado por medidas más severas para toda Austria. „Necesitamos de nuevo algunas reglas de juego“ ha manifestado, sobre todo porque Viena se encuentra en un „dilema jurídico“. Por un lado, hacen falta reglas pero por otro la ciudad no las puede aplicar sin la colaboración del Estado.

(Y el Estado tampoco puede, porque cuando se pone a hacer reglas, las hace de aquella manera y se las tumba el tribunal constitucional).

Según el consejero de Sanida de Viena las nuevas reglas deberían aplicarse ambién al comercio o al acceso a lugares cerrados, también a reuniones que se desarrollen al aire libre. Ha anunciado también que mañana viernes hará una lista de las medidas que él consideraría razonables.

(Está claro que todos los políticos austriacos están adoptando la táctica cebo-conferencia de prensa/anuncio que ha adoptado el Bundesgobierno, lo cual es un rollo porque nos tiene a todos en un perpétuo estado de „emoción, intriga y dolor de barriga“ pero qué vamos a hacer).

Hacker, eso sí, no se ha mostrado nada contento con el desarrollo del semáforo famoso y ha dicho que hay conversaciones con el Gobierno Central para añadirle algunos parámetros que lo hagan más transparente y que también reflejen las diferentes estrategias de los diferentes Länder federados (por ejemplo, que en Viena se testa muchísimo más que en otros sitios). En Viena se testa de manera sistemática, por ejemplo, a las personas de contacto con los contagiados, de manera que también se descubren muchos asintómaticos.

Hacker ha manifestado que si mañana el semáforo se vuelve naranja (no puede uno dejar de acordarse de la famosa canción de Sergio Dalma en la que el Predictor se teñía de rosa) él estará de acuerdo, porque el famoso semáforo debe ser un instrumento de prevención y no un „Larifari instrument“ un Larifari viene a ser, en lengua vernácula, una pamplina, una idiotez.

Al leer la entrevista, el vicealcalde de Viena y candidato de la ultraderecha, Dominik Nepp (sí, el que nunca lleva mascarilla), ha manifestado que es la típica táctica preelectoral (?) „para meterle miedo a la gente“ (la ultraderecha, como ya saben todos los lectores de Viena Directo se ha lanzado con armas y bagajes al negacionismo).

Por cierto, quisiera aquí hablando del tema hacer un comentario.

Como todos mis lectores saben, en Austria hay una tele pública, la ORF, que se lleva la parte del león del mercado audiovisual austriaco. Es una tele pública, por cierto, que tiene que cumplir con un corsé de hierro, que es una ley que no le permite hacer algunas cosas (entre ellas decir magufadas anticientíficas, claro está). Luego hay varias cadenas privadas. Una de ellas, Servus TV es del dueño de Red Bull, millonario y conocido simpatizante de la ultraderecha y de los personajes mediáticos adyacentes (Felix Baumgartner, por ejemplo). Pues bien: la línea editorial de Servus TV con respecto al coronavirus está cambiando lenta, pero sostenidamente, y cada vez se parece más a la línea del FPÖ. Naturalmente, no cabe el negacionismo pero sí, en la misma línea de la „Alt right“ americana el „no-es-para-tantismo“.

Ayer, por ejemplo, entrevistaron con bombo y platillo al típico personaje con el que buscan blanquear las tesis negacionistas o por lo menos hacerlas parecer como presentables en sociedad. Un supuesto médico que sacó todo el argumentario que determinada gente sin dos dedos de frente quiere oir: no, no son tantos muertos; el objetivo es sembrar el miedo para luego vender la vacuna; la gente no quiere comer maíz transgénico y sin embargo se van a dejar inyectar unas vacunas que van a cambiar el genoma de su „cuelpo“; no, yo no me dejaría vacunar. Tonterías anticientíficas de este cariz.

Sospecho que no será la última vez.

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