Arde Moria, pero en Viena cae el hielo

Moria arde, pero el Gobierno austriaco no se deja conmover. En qué clave hay que leer las señales que están mandando unos y otros.

14 de Septiembre.- Como ya dije en la transmisión en directo de ayer, hay determinados temas muy importantes de los que apenas nos queda espacio para hablar debido a la pandemia.

Uno de esos temas es la crisis de los refugiados y las horribles imágenes que han dado la vuelta al mundo desde ese infierno sobre la tierra que es la isla griega de Lesbos y el campamento de Moria al ver el cual, a todas las personas de bien debería caérsenos la cara de vergüenza.

Como saben mis lectores, en Moria no solo ha estallado la pandemia como en el resto del planeta, sino que también les ha pillado a aquellas pobres gentes con lo puesto, hacinados en un lugar insalubre.

Desesperados, esas casi 14000 personas, casi tanta gente como la población del distrito uno, se han manifestado. Hombres, mujeres, chiquillos…En fin.

Naturalmente, las noticias a propósito de Moria han llegado a Austria y han provocado las reacciones esperables. Para bien y para menos bien, naturalmente.

Un grupo de alcaldes austriacos de todas las tendencias políticas, el de Viena entre ellos, han escrito sendas cartas al Gobierno ofreciéndose a acoger en sus municipios a menores provenientes de la isla de Lesbos. El Gobierno, entretanto, lo que ha ofrecido (llega hoy) es ayuda humanitaria, pero en el propio sitio de Lesbos. La República austriaca ha enviado hoy 55 toneladas de material para tratar de socorrer a aquella pobre gente (una simple división, por cierto, arroja que cada persona en Moria merece menos de cuatro kilos de ayuda por parte del Gobierno austriaco, lo que vienen siendo cuatro paquetes de macarrones, para decir las cosas por su nombre).

Mientras la ayuda llega o no llega, el Ministro del Interior austriaco le ha escrito una carta al alcalde de Viena contestándole con un dardo envenenado.

Hay que recordar, por cierto, que el Ministro del Interior, Nehammer y el municipio de Viena han tenido algún que otro roce a cuenta, lo recordarán mis lectores, de la gestión del coronavirus. Roces, convenientemente publicitados con los que la dirección nacional del Partido Popular austriaco pretendía pescar votos en el caladero de la ultraderecha y darle algo de viento a las velas de Gernot Blümel (no parece que funcionara mucho, la verdad).

El dardo que Nehammer el ha enviado a Ludwig, el alcalde de Viena, ha sido una versión algo más sofisticada (no mucho) de eso que dicen siempre los cuñados relacionado con estos temas, eso de « si tanto te gustan los refugiados, por qué no te los llevas a tu casa ».  Nehammer le ha dicho al alcalde de Viena, todo simpatía, que en Traiskirchen, en Burgenland, hay alrededor de 100 menores acogidos a la protección del Estado, que si la ciudad de Viena quiere menores, que acoja a estos y no se traiga a nadie de Lesbos.

De la misma opinión ha sido Sebastian Kurz el cual, desde el viernes, ha estado diciendo que acoger a estos menores de Lesbos sería « dar una falsa señal » (él sabrá de qué).

En qué clave hay que leer este intercambio epistolar (intercambio que, sobra decirlo ha sido retransmitido por los medios afines y los contrarios prácticamente en directo) es muy fácil de averiguar. Naturalmente, en clave electoral. Tanto Nehammer, como el canciller, como el alcalde de Viena son como esos náufragos de las películas que están agarrados a una tabla y solo tienen una pistola de señales. Cada uno, ha tirado al aire esperando que tanto sus votantes como otros que pudieran votarles, hayan tomado nota.

Nehammer, porque aspira a que el Gobierno sea percibido por la derecha (ala dura) de sus votantes como un ejecutivo « que va en serio » con el tema de los refugiados (« ex votantes de Strache, mirad qué bien nos sale el número del dóberman »).

El alcalde Ludwig, naturalmente, aspira a que sus votantes y otros afines se den cuenta de que él es un hombre majo y « solidario » y, por supuesto, ha tratado de empujar al Gobierno a esa posición tan incómoda que es la del malo de la película (de hecho, en medios populistas y tan poco sospechosos de izquierdismo como el Kronen Zeitung se habla del corazón de piedra del canciller).

Y Kurz…Naturalmente Kurz piensa que algún día todo esto (o sea, el virus malandrín) será historia y que vendrán nuevas elecciones y que, con un poquito de buena suerte, quizá no necesite para Gobernar a Los Verdes. Porque Los Verdes, si bien se mira, son unos compañeros de cama un poco raros para un caballero cristiano que lee a Chertoston.

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