Consecuencias del atentado del lunes en Viena

Bitte türe schliessen¿Qué ruta exacta siguió el terrorista el lunes por la noche? – Cierre de mezquitas -dimisiones – la policía eslovaca y la austriaca: un diálogo de sordos.

6 de Noviembre.- En estos momentos, la ciudad de Viena y el Gobierno de Esta Pequeña República se enfrentan a dos retos: por un lado, el de restaurar la confianza de los ciudadanos en las instituciones que sirven para protegernos y que, antes de los antentados del lunes, gozaban de esa indiferencia de la que gozan todas las cosas que pensamos que funcionan y que, por lo tanto, no nos preocupan.

Definitivamente, no es bueno que los trapos sucios de los servicios secretos lleguen a los medios y, como luego veremos, han llegado.

Por otro lado, también está el tema de la convivencia.

Uno de los mayores atractivos de Viena es que es una ciudad internacional, un crisol de culturas en donde conviven, en una buena armonía razonable, muchas personas de diferentes procedencias y diferentes nacionalidades. Los atentados del lunes han vuelto a sacar a la luz la cara más fea de una minoría (por suerte, una minoría) que está mucho más cerca de lo que ella misma se cree de los extremistas musulmanes. Una minoría que, de hecho, piensa en los mismos términos excluyentes.

En una palabra: el atentado islamista ha abierto algunos melones que han planteado ciertas necesidades de mejora en la sociedad austriaca y el sistema, este sistema que nos acoge, está reaccionando de la mejor manera que sabe.

Una muy buena señal es que, hasta el momento, la cadena de errores que, de alguna manera, llevaron al atentado, están teniendo consecuencias.

La red de seguridad que hubiera debido evitar que el terrorista segara la vida de cuatro personas tenía unos cuantos agujeros. Y los responsables los han admitido.

La policía eslovaca y la policía austriaca: diálogo de sordos

El director de seguridad y lucha antiterrorista de la ciudad de Viena, por ejemplo, Erich Zwettler, ha presentado hoy su dimisión ante el jefe de la policía vienesa, Gerhard Pürstl, ante quien reportaba.

El puesto del dimisionario lo ejercerá, de momento, su homólogo estirio, Rupert Meisner.

Hoy, Pürstl ha comparecido ante los medios para dar explicaciones y arrojar luz sobre las acusaciones de negligencia de la policía eslovaca, apenas veladas por un lenguaje duro en el que también es fácil leer el orgullo herido del país pobre que puede tomarse, por una vez, la revancha contra el vecino más rico.

Pürstl ha admitido que, efectivamente, hubo contactos con la policía eslovaca con relación al hombre que terminó siendo el asesino de Schwedenplatz.

Los funcionarios eslovacos identificaron a dos personas, una con procedencia árabe y la otra turca, que habían intentado comprar en un suburbio de Bratislava munición para un AK-47.

Según el jefe de la policía vienesa estas dos personas fueron detenidas, interrogadas y convenientemente fichadas. Sus fotos se enviaron a la policía eslovaca para que confirmaran la identificación y confirmaran también que los dos pájaros habían sido los que habían intentado comprar la munición.

Pürstl afirma -los eslovacos lo han desmentido- que, tras varios intentos por parte de los austriacos, el día nueve de octubre los eslovacos confirmaron que los dos tipos detenidos en Viena habían sido los que habían intentado comprar la munición. Después, según Pürstl, se examinó a los dos sujetos utilizando „ciertos criterios“ y se concluyó que había que seguir con las investigaciones.

Y aquí llegamos a la principal diferencia entre el criterio (sospechosamente concluyente, en mi opinión) de la policía eslovaca y el criterio de la policía vienesa.

Si bien para los eslovacos no hubo nunca (supuestamente) ninguna duda en la identificación de los dos compradores de balas la policía vienesa nunca pudo estar segura al cien por cien. En cualquier caso, según Pürstl, si la policía vienesa actuó bien o pecó de demasiado cuidadosa, lo juzgará una comisión independiente.

No ha sido la única consecuencia de los atentados, por supuesto.

Dos mezquitas cerradas y un ministro pasando fatigas

Ayer se celebró en el Parlamento austriaco un pleno extraordinario, en el que se discutió mucho, acalorada, broncamente, a propósito de la situación de la lucha antiterrorista en Austria.

Por supuesto, salieron todos los clisés posibles y se planteó una moción de confianza (el equivalente de una moción de censura unipersonal) contra el Ministro Nehammer, como último responsable -político, por lo menos- de la cadena de errores que llevaron al atentado del martes. La moción no prosperó (para saber cómo funcionan estas cosas en Austria sugiero al lector que se refresque la memoria leyendo este post que le dedicamos al tema hace algunos días). La ultraderecha respiraba, además, por la herida (se recordará que Herbert Kickl fue ministro del Interior) lo cual no hizo precisamente que imperase el clima de calma y sosiego que quizá hubiera requerido un asunto tan grave.

En cualquier caso, estos días no han debido de ser los mejores de la vida del Ministro Nehammer. Hoy, cuando ha comparecido en la rueda de prensa en la que ha explicado, junto con la Ministra de Integración, el cierre de dos mezquitas que había frecuentado el terrorista difunto, se le veía bastante afectado.

Efectivamente, utilizando como instrumento jurídico la llamada „Ley del Islam“ aprobada por el Gobierno pasado, las fuerzas del orden se han personado hoy en dos mezquitas vienesas y, tras la plegaria del viernes (el equivalente musulmán de la misa del domingo) las ha clausurado.

Se trata de la mezquita Tewid, en Meidling y de la mezquita Melit Ibrahim, en Ottakring. Esta última pasa por ser, de acuerdo con las fuerzas austriacas contra el terrorismo, un lugar especialmente querido por los radicales yihadistas. Varios condenados por terrorismo la han frecuentado, incluyendo el terrorista macedonio abatido por la policía el lunes.

Qué pasó esa tarde

Cuatro días más tarde, se ha sabido hoy por fin la respuesta a una de las incógnitas que estaba en boca de los vieneses: cómo pudo el terrorista recorrer, en su siniestra gymkana, todos los puntos que se pensaba que había recorrido.

Ruta seguida por el terrorista (fuente: Ministerio del Interior austriaco, a través de www.kurier.at)

La policía ha logrado por fin reconstruir su itinerario exacto y parece ser que fue mucho menos extenso de lo que se pensaba en un principio. Antes de ser abatido y puesto fuera de combate, el tipo se movió prácticamente alrededor de dos manzanas (unos setenta y cinco metros en total) y el tiroteo apenas duró unos minutos (larguísimos, eternos).

Empezó a disparar en Friedmannplatz, en donde disparó en dirección al Fleischmarkt y mató a un hombre de 21 años. En Judengasse, su siguiente parada, disparó contra un local y mató a una camarera (una chica alemana que estudiaba en la Escuela de Artes Aplicadas de Viena). Después, en la Seitenstettengasse (la calle de la sinagoga) asesinó a una pobre mujer de 44 años, luego corrió a Schwedenplatz, en donde mató al dueño de un restaurante; en Franz-Josefs-Kai disparó sobre un policía y lo hirió gravemente y por fin fue abatido en Ruprechtsplatz.

Por la convivencia

Cerrando por donde abrí este artículo, con la convivencia, hoy la hermana de la mujer de cuarenta y cuatro años que fue una de las víctimas, ha tomado la palabra y, con un conmovedor texto que ha publicado la prensa, ha abogado, en el nombre de su hermana muerta, por la convivencia. Ha dicho que, a lo mejor, si al terrorista se le hubieran dado facilidades para integrarse, no ya cuando estaba radicalizado, sino antes, quizá su hermana y las otras tres personas estarían vivas.

No resulta fácil saberlo, pero alguien dijo que la manera de hacer buenas a las personas es hacerlas felices. Y quizá tenga mucha razón.

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