La mejor lotería, trabajo y economía

Por qué el nuevo Ministro de Trabajo, Martin Kocher no va a poder hacer recortes (por el momento)

11 de Enero.- Como estaba previsto, el nuevo Bundesministro de Trabajo austriaco ha jurado su cargo ante el Bundespresidente, Van der Bellen (o Thunderbellen, como escribió un niño muy salado en un ejercicio escolar que corre por las redes).

Ayer, en la transmisión dominical (aquí, en Podcast) explicábamos el perfil del Sr. Kocher, un economista de reputación irreprochable („manque“ conservadora, naturalmente, que si no, no le hubieran puesto en donde está) y con un currículum kilométrico y „supermánico“.

EL DISCURSO DEL PRESIDENTE

Van der Bellen, en su corto discurso de bienvenida, le ha explicado a Kocher (!Como si hiciera falta!) que se encuentra ante la tarea titánica de reconstruir la economía austriaca tras los estragos de la pandemia. Asimismo le ha conminado a tratar de que nadie se quede fuera de ese proceso de recuperación. Exactamente, le ha dicho esto:

-Sie stehen nun vor einer sehr herausfordernden Aufgabe.Wir haben, eine schwere Beschäftigungskrise, die in Ihren Aufgabenbereich fällt.

Zur Bewältigung braucht es fachliche Kompetenz und Expertise – die sie zweifellos mitbringen – und vor allem auch ein Auge auf den sozialen Zusammenhalt in unserer Gesellschaft. Wir müssen jeder möglichen Spaltung unserer Gesellschaft entgegenwirken, und dürfen in dieser Krise niemand zurücklassen.

Lo cual, en cristiano, quiere decir esto:

-Se encuentra usted ante una tarea titánica. Padecemos una crisis de empleo que cae dentro del ámbito de sus competencias. Para superarla, se necesitan conocimientos sobre la materia y pericia -sin duda usted los tiene- y sobre todo un ojo para la cohesión -el subrayado es mío- de nuestra sociedad. Debemos afrotar cualquier posible brecha en nuestra sociedad y no nos está permitido que nadie se quede atrás en esta crisis.

UN ECONOMISTA NEOLIBERAL (QUE NO VA A PODER «NEOLIBERAR»)

Con ocasión del cambio de trabajo del Sr. Kocher (hasta ayer era, como recordarán los lectores de VD, jefe del Instituto de Altos Estudios -IHS, por sus siglas en la lengua de Hansi Hinterseer) el periódico de centro izquierda austriaco, el Standard, ha exhumadod de las hemerotecas algunas de las declaraciones de Kocher en su papel de fiscalizador de los gastos y los ingresos de Esta Pequeña República, afeándole lo que, por fuerza, más le gusta a quienes le han hecho Ministro. Esto es: unas sólidas tendencias neoliberales que incluyen, naturalmente, austeridad en los gastos y adelgazamiento de la estructura estatal.

De momento, con la que está cayendo, es poco probable que Kocher, desde su puesto al frente de la cartera de Trabajo, pueda dejar muy pronto de vaciar las arcas públicas con sus gastos.

El Gobierno austriaco ha conseguido -de momento- parar el hosti…Digooo el golpe, que ha supuesto la crisis del coronavirus y lo ha hecho metiendo la mano en la caja para evitar una debacle social. Era su obligación. El Kurzarbeit y las ayudas a las empresas (compensaciones por las facturas perdidas) y a los particulares, han mantenido a la economía austriaca en un coma inducido que aspiraba y aspira a que no se pierda el tejido empresarial. Ese coma se está alimentando a fuerza de millardos de euros.

Un esfuerzo económico que no se puede mantener para siempre, como es obvio. Los recursos del Estado (incluso de un estado moderadamente rico, como es el austriaco) son grandes, pero no infinitos. Por lo cual, más tarde o más temprano (vamos: ese proceso ya ha empezado) el Estado austriaco va a tener que empezar a pedir dinero prestado a quien se lo quiera dar.

Por suerte, Esta Pequeña República tiene muy buena reputación entre los prestamisas (AA1, en las principales agencias de rating) así que no tendrá que pagar intereses altos, como aquellos países en los que la economía va peorcilla (España está dos escalones por debajo AA3, pero en un nivel todavía alto).

Otra razón por la que Herr Kocher no va a poder poner en práctica su vocación por apretarse el cinturón y dejar la economía austriaca slim fit son las deudas que la República Austriaca ya ha contraido como parte del Mecanismo de Reconstrucción de la Unión Europea.

Como recordarán los lectores de Viena Directo, por primera vez en su Historia (que ya empieza a ser larga) los miembros de ese club tan rebonito al que llamamos Unión Europea decidieron comprar dinero como ente solidario en eso que se llaman „los mercados“.

Esto es, pedir dinero prestado para pagar la reconstrucción.

Igual que cuando se formó el pool de compra que permitió comprar más dosis de vacunas más baratas debido a que se compraban por volumen.

Por cierto: en los mercados uno no compra exactamente dinero, sino que compra poder disponer de él cuando uno lo necesita (o sea, ayer por la tarde, en el caso de la Unión Europea) y el precio que se paga por esa disponibilidad son los intereses. O sea, el no tener que esperar a ganar ese dinero para poder gastárselo.

Lo malo llega, claro, cuando le pasan a uno la dolorosa (o sea, la cuenta) porque ese dinero hay que devolverlo. Pero en eso se basa el capitalismo: en la confianza de que si todo me va bien, podré devolver lo que pida prestado.

Más allá de esto, y con esto acabo un poco con la economía, el nuevo ministro se va a tener que enfrentar al enorme gasto que supone enfrentarse a un volumen de desempleo inédito desde el final de la segunda guerra mundial (y peor que se va a poner, como no empecemos a vacunarnos todos deprisa deprisa). Los desempleados tienen dos tipos de costes: por un lado, los costes directos.

Al objeto de que no se hunda la economía (y, naturalmente, que la gente no se muera de hambre y no se ponga medias por la cabeza para atracar bancos) el Estado tiene que desembolsar enormes cantidades de dinero todos los meses en forma de subsidios del seguro de desempleo. Por otro lado, hay costes indirectos. Naturalmente, quien tiene un trabajo seguro y sabe que la nómina le va a caer a final de mes, gasta con más alegría que aquel que no sabe qué va a ser de él laboralmente hablando. Cuando uno se compra unas zapatillas de andar por casa, una cafetera o un Ferrari, hay una parte que son impuestos y esos impuestos son una de las maneras que todos tenemos de contribuir a que Esta Pequeña República mantenga relucientes las carreteras, pueda retransmitir todos los años el Concierto de Año Nuevo, para alegría de propios y japoneses o esté en condiciones de financiar colegios para que los ciruelillos y las ciruelillas del futuro puedan aprender a manejar Twitter y a ver vídeos de C. Tangana en el Tutubo (entre otras cosas).

Si no hay impuestos, el Estado no puede hacer esas cosas.

En fin, que entre pitos y flautas y si queremos mantenernos a flote, por paradójico que parezca, vamos a tener que gastar (el Estado va a tener que gastar) hasta lo que no tenemos.

Ya vendrán tiempos mejores.

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