El peligro es muy serio, pero se puede hacer algo

La mala noticia: el peligro es muy serio. La buena: hay solución, pero necesitamos ganar tiempo – un mensaje importante para los lectores de VD – las recomendaciones del jefe de Cruz Roja Austria

13 de Enero.-

UN MENSAJE IMPORTANTE PARA TODOS LOS LECTORES DE VIENA DIRECTO

Cada día, cuando me pongo a escribir, el criterio de selección que utilizo para determinar de qué asuntos hablo y de cuáles no es el siguiente ¿Qué debería saber alguien que no leyera otra cosa que Viena Directo para estar bien informado? Naturalmente, no soy tan tonto como para pensar que haya lectores que solamente se informen utilizando Viena Directo, pero la experiencia me ha demostrado que este es un buen punto de partida.

A veces, sin embargo, este criterio me pone ante un dilema. Y es el de sacrificar un determinado tipo de difusión o de éxito, a la veracidad o a la profundidad. La duda me dura treinta segundos. La respuesta, siempre, bajo cualquier circunstancia, está clara para mí.

Me explico:

Soy consciente de que, si yo solo diera „noticias optimistas“ o utilizase para dar las serias el lenguaje de los periódicos gratuitos (mucha foto, mucho emoji y poco texto) probablemente Viena Directo tendría más lectores. Lo mismo que si me mantuviera en ese nivel superficial que permite acariciar los temas nada más, sin entrar en complejidades.

Sería así Viena Directo como esas personas que siempre están sonriendo y no se sabe si es porque les falta un hervor o es porque, sin faltarles, no dicen nunca la verdad de lo que piensan. Si yo obrara así, además, no me sentiría cómodo, porque sería perfectamente consciente de estar mintiendo a los lectores y yo respeto mucho a quienes leen estos artículos como para hacer algo así.

No es cuestión de llamar al pánico, sino de decir solamente la verdad tal y como es.

Además, yo creo que el tipo de lector que a mí me interesa el cual es, en el fondo, aquel con el que a mí me gustaría irme de cañas, o sea, el que se hace preguntas, el que quiere saber qué pasa, pero también por qué pasa lo que pasa y qué es lo que puede pasar después, ese lector, digo, nota esta vocación mía por la dignidad y la veracidad. Por la honradez, en suma.

Y por eso es para mí un galardón y un motivo de sano orgullo que, cuando sucede alguna cosa realmente importante (y sin que suceda algo extraordinario, también) el lector que de verdad quiere saber lo que sucede, primero viene aquí y luego, si eso, ya se pasa por otros sitios en donde le cuentan los chascarillos.

UNA FASE NUEVA (Y PELIGROSA) DE LA PANDEMIA

¿Por qué digo todo esto, precisamente hoy? Pues porque creo (y no estoy solo) que, insensiblemente, estamos entrando en otra fase de la pandemia. Una fase mucho, mucho, mucho, más peligrosa.

Primero, porque existe un peligro objetivo, real real, que se cifra en las dos mutaciones que se han detectado, la británica y la sudafricana, y segundo (y ahí radica sobre todo el peligro) porque nos pilla cansados.

Y a mí, el primero, no hace falta decirlo. No soy una excepción. Cansado sobre todo psicológicamente.

Empiezan a menudear las opiniones irritadas diciendo que „esto“ no sirve para nada, que estamos dando palos de ciego. De ahí, a ponerse el gorro de papel de plata va un paso.

Luego, es probable que, en un par de meses, nos encontremos también ante esa falsa sensación de seguridad que va a dar el ascenso en el número de personas vacunadas (en este momento, según la nueva página oficial del Ministerio de Sanidad austriaco, 52.925 personas).

Y también es probable que, con el cansancio, con la irritación general, nuestros amigos del gorro de papel de plata, los negacionistas de los más diversos tipos, los que le dicen a la ciencia habla chucho que no te escucho, empiecen a tener una preponderancia en el debate social que no han tenido hasta ahora cuando, al estar frescos todos, al tener perfectamente presente la peligrosidad de la situación a la que nos enfrentábamos, no estaba presente la tentación que el ser humano tiene siempre de prestar oídos a aquel que le vende soluciones fáciles.

O, en el lenguaje negacionista „aquellos que buscan su propia verdad“.

Si algo ha demostrado esta crisis es que no las hay. Soluciones fáciles, digo. Y que, de momento, lo único que puede protegernos es seguir las instrucciones de los científicos (de los de verdad, no de los „charcuteros por la verdad“) y mantener la precaución hasta que todo haya pasado.

Sin más, como todos los dias, entremos en materia.

LA CRUZ ROJA RECOMIENDA

Ayer, el Ministro de Sanidad austriaco, Rudolf Anschober, acudió a la ORF para abundar un poco en lo que yo decía más arriba. A pesar de que no se ve mucho (aún) en las últimas dos semanas, la situación ha cambiado en Europa con una gran rapidez. Hay varios países que están hoy mismo como estaba España en marzo. O sea, con la sanidad saturada y con muchísimas muertes. Miles de muertes.

En Austria, hoy se ha sabido, hay setenta casos de personas de las que se sospecha que están infectadas con la variante británica (B.1.1.7). Tardaremos una semana en saberlo, porque se tienen que secuenciar las muestras del virus y eso lleva tiempo. De cualquier forma, es probable que no sean los únicos. Es probable que esa variante, que es mucho más contagiosa que la que podríamos llamar clásica, ya esté pululando libremente por Austria.

Ayer, el Ministro de Sanidad dijo que „tenemos un gran problema“ y que el Gobierno está mirando con lupa el curso de los acontecimientos y es probable que, en los próximos días, se anuncien más restricciones, al estilo de las que ya se están imponiendo en los países de alrededor, por ejemplo Alemania.

Hoy, el jefe de la Cruz Roja austriaca, Sr. Fotik, ha alertado de que, si no se toman medidas rápidamente (obligatoriedad de las mascarillas FFP2, una vacunación MUCHÍSIMO más rápida) podremos estarnos enfrentando a un panorama dantesco en marzo, cuando se cumplirá el primer aniversario del confinamiento.

El objetivo debe ser bajar la incidencia a 25 casos por cada cienmil habitantes (en este momento está en 150). Solo así, ha dicho Fotik, podremos ganar la carrera a la nueva variante y llegar al verano medianamente indemnes.

Aparte de las precauciones que podríamos llamar „artesanales“ (lavado de manos, ventilación, distancia personal) Fotik también ha insistido en que todas las personas en Austria, sin excepción, deben poder tener la oportunidad de hacerse tests cada tres días. También ha dicho que los resultados negativos de los tests que permitan acceder a determinados lugares tienen que provenir de laboratiros „controlados“ (o sea, que no valgan los tests de baja calidad) porque si no, nos encontraremos otra vez en la misma trampa de esa gente que lleva en el metro cualquier trapo puesto por la cara y dicen que es una mascarilla.

También ha pedido que el Gobierno se fije como objetivo que toda la población (toda) esté vacunada para junio, y que se mantengan abundantes provisiones de vacuna (ha pedido un 250% de las que se necesitan, y ha dicho que, si sobran, se pueden donar como ayuda humanitaria).

La situación es de una seriedad muy profunda y yo sería un irresponsable, como decía más arriba, si no me hiciera eco de la opinión de los expertos. Hay que protegerse y protegernos. No hay ninguna precaución que sea exagerada o supérflua. Ninguna. Nos puede parecer que a nosotros no nos puede pasar. Y no. De verdad. Nos puede pasar a todos. Me puede pasar a mí. Le puede pasar a nuestro amigo del alma. Incluso tomando precauciones.

La buena noticia es que hay una solución: la vacuna. Las vacunas.

LAS VACUNAS SON LA ÚNICA SALIDA

Ayer por la tarde, en medio de una gran expectación Herwig Kollaritsch, especialista vienés en vacunas, dio una formación onláin a los médicos austriacos, patrocinada por el Colegio de Médicos de Austria (Ärtztekammer). Más de diezmil personas estuvieron siguiéndola en directo.

En el curso de la conferencia, Kollaritsch explicó que las nuevas vacunas contra el coronavirus son mejores que las conocidas hasta ahora. Kollaritsch, que pasa por ser una LA eminencia austriaca en lo que se refiere a las vacunas, se explayó a propósito de las virtudes de las dos aprobadas hasta ahora en la Unión Europea (Pfizer y Moderna, que utilizan la tecnología del ARN mensajero) y de la que se aprobará próximamente, la vacuna de AstraZeneca, que utiliza un virus vector.

Lo más interesante, bajo mi punto de vista, es que dio un panorama muy ilustrativo de las cifras.

Así, según Kollaritsch, para evitar un caso de enfermedad de CoVid-19 hay que inmunizar a cuatro o cinco personas. Para evitar una muerte (teniendo en cuenta, claro está, el porcentaje de enfermos que terminan falleciendo) hay que vacunar a 440 personas (en el tramo de personas mayores, solo a 56 personas).

En comparación, para evitar un caso grave de Meningitis B hay que vacunar a 33000 personas. Estadísticamente, hay que vacunar a 210 niños con la vacuna combinada de las paperas, sarampión y rubeola para evitar un caso grave que requiera un ingreso hospitalario.

Para aquellos de mis lectores que hablen alemán, el Dr. Kollaritsch hablaba así de la vacuna el día 15 de diciembre.

Hoy, más que nunca: las noticias que importan.

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