Máxima tensión en el Parlamento austriaco

Parlamento austriacoEl Ministro del Interior ¿El enemigo a batir? – Los Verdes hacen de tripas corazón – Cerrar Tirol ¿Útil o „yapaqué“?

4 de Febrero.-

KARL NEHAMMER: EL ENEMIGO A BATIR

Hoy ha habido pleno extraordinario en el Parlamento austriaco. Ha sido una sesión tensa, muy bronca a ratos, en la que, como suele suceder en estos casos, todos los grupos han salido un poco con un ojo a la funerala.

Se ventilaba una cuestión de confianza contra el Ministro del Interior, Karl Nehammer, sin duda una de las piezas del Gobierno que más desgaste lleva sufriendo desde hace meses. La legislación austriaca permite interponer mociones de confianza contra un miembro singular del Gobierno (en España, la moción de censura se hace contra la totalidad).

La moción contra Nehammer la ha interpuesto el FPÖ, Herbert Kickl.

Kickl es un parlamentario experto y la maniobra estaba muy bien calculada para convertirse en una carambola con efecto. Si hay alguien en el Gobierno que no solo ha tomado decisiones polémicas en los últimos quince días, ese ha sido Nehammer, pero es que además ha tomado decisiones que han sido auténticos cañonazos a la línea de flotación de los Verdes, el grupo sin el cual el ÖVP no puede gobernar.

La sesión se ha convertido, pues, en una revisión pormenorizada de la gestión del Ministro del Interior en la que las circunstancias han obligado a los Verdes si no a defender sí a tener que contemporizar con el lado más feo del Partido Popular austriaco, ese que el canciller enseña cuando quiere demostrarle a los votantes arrebatados a la ultraderecha que hay „un hombre al mando“ (en el peor sentido, en el más machista, de la palabra hombre). O sea, el lado de la inmigración. El lado de esa supuesta mano dura, tras la cual siempre está ese pensamiento de que los extranjeros son (somos) bultos sospechosos.

Pero vayamos por partes.

LA SALUD VS. EL DERECHO A MANIFESTARSE

El leit motiv de la cuestión de confianza interpuesta por la ultraderecha contra el Ministro del Interior era la prohibición, este domingo, de la manifestaciónes contra las medidas tomadas para contener la pandemia.

Según la ultraderecha (y también según la socialdemocracia y los Neos, que se han unido a las críticas a Nehammer) la prohibición no había sido correcta. Las razones esgrimidas han sido varias y en consonancia con las ideologías respectivas de los partidos.

Para la ultraderecha, el objetivo de Nehammer era anular „la voz del pueblo“ (habla pueblo, habla). Según la ultraderecha, su opinión es igual a la del ciudadano de la calle, lo cual, naturalmente, es mucho igualar.

Tratar de callar las voces que denuncian que la política del Gobierno contra el coronavirus no solo es torpe y errónea, sino también orientada a hacer negocio con la pandemia.

También, según Kickl, resultaba escandaloso que se hubiera prohibido no solo la manifestación (convertida más tarde primero en un rosario en familia y luego en un „paseo“ o Spaziergang) sino la concentración de protesta contra la prohibición del Fpö. Esto demostraba, según Kickl, que el Sr. Ministro del Interior había actuado por pura animadversión política.

La escena, contada por Kickl, era digna de El Acorazado Potemkin.

Casi lloraba uno cuando Kickl describía a todos los manifestantes como personas amantes de la paz, que solo quieren el bien del país. En contraste con el Ministro del Interior poseído por una vesania criminal que le llevaba a lanzar a las fuerzas del orden, armadas hasta los dientes, contra esos pobres indefensos que ni llevaban botas Doctor Martens ni nada.

Todos sabemos (Kickl también) que no tenía razón. Todos hemos visto las imágenes de destacados líderes de extrema derecha „paseando“ para protestar contra las medidas de protección contra el coronavirus.

Este ha sido el argumento que ha usado Nehammer el cual, si me permite el lector que haga una apreciación personal, llevaba escrita en la cara la dimisión que va a presentarle al canciller dentro de poco.

Nehammer ha contraatacado, efectivamente, citando los elementos extremistas presentes en la manifestación.

Aunque es muy dudoso que en algún momento Karl Nehammer y Herbert Kickl se vayan a ir de vinos a un „joiriguer“, llamaba mucho la atención escuchar al Ministro ejerciente llamar al ex Ministro del Interior por su nombre de pila. Que si „jerbert“ esto que si „jerbert“ lo otro.

Por terminar brevemente con este lado de la cuestión, los socialdemócratas y los Neos, han hecho lo que puede tomarse por un brindis al sol.

Ambas fuerzas políticas han resaltado que el derecho de manifestación es una conquista que las personas han tardado muchos siglos en conseguir y que, en este caso, hubiera debido prevalecer sobre otras consideraciones.

El sentido común y la experiencia dicen que si el Ministro del Interior hubiera tomado la decisión contraria, es muy probable que tanto los socialdemócratas contra los Neos hubieran acusado al Gobierno de irresponsabilidad permitiendo ciertas cosas en contra de la salud.

La bronca pelea con Herbert Kickl ha sido solo uno de los sapos (desagradable, pero no demasiado peligroso) que el Ministro del Interior ha tenido que tragarse hoy „en sede parlamentaria“.

Recordarán mis lectores que el Ministro del Interior es también el responsable inmediato de la deportación de tres niñas a Georgia.

LOS VERDES HACEN DE TRIPAS CORAZÓN

En el asunto de la Inmigración y la extranjería, los dos partidos que forman la coalición que nos Gobierna, no pueden estar más lejos. De hecho en puntos opuestos diametralmente.

Y lo que es „más peor“, las dos fuerzas políticas saben que, si se mueven de ese lugar dentro del cual tienen tan poca libertad de movimientos, corren riesgos muy serios. Por ejemplo, el de tocarles las narices a sus votantes y que se vayan al chiringuito de enfrente.

Naturalmente, en esta cuestión quienes más tienen que perder son Los Verdes. Su poder de negociación es mínimo, aunque la presión de sus bases sea máxima.

¿Cómo salvar la cara? La cosa ha sido muy, muy complicada, pero los de Kogler han ganado tiempo consiguiendo una comisión que intervenga estudiando el grado de bienestar de los menores en casos como el que nos ocupa.

El de las niñas deportadas ha sido motivo de una gran tensión dentro de la coalición en estos últimos días. Coalición que todos sabemos que no se va a romper. Más que nada porque no se puede romper. Ninguno de los dos partidos quiere pasar a la Historia de Austria como aquellos que rompieron una coalición de Gobierno en mitad de una pandemia. Así pues, toca el viejo ajo y agua.

De cualquier manera, ha habido varias imagenes llamativas durante la sesión plenaria, de las cuales, quizá la más llamativa de todas haya sido que durante todo el rifi rafe entre Herbert Kickl y Karl Nehammer no ha habido ningún ministro verde sentado en el banquillo del Gobierno.

Hall en Tirol (Austria)

¿CERRAR TIROL O NO CERRARLO? DATIS (DE CUESTION)

Y mientras tanto, fuera del Parlamento, se discute bastante la opción de cerrar Tirol para contener la variante sudafricana del virus (variante que, entre tanto, no se sabe cómo ha llegado allí).

Las opiniones son contrapuestas. Por un lado, hay científicos que opinan que, para evitar otra catástrofe como la de marzo pasado hay que actuar sin pérdida de tiempo y de forma contundente. Por otro lado, está la política que se defiende como gato panza arriba diciendo que el cierre es innecesario y por último hay una facción de científicos que podríamos llamar los „yapaqué“ y que dicen que, si la variante sudafricana ha llegado ya a tanta gente (porque es de suponer que los casos detectados son menos que los casos totales) cualquier medida de cierre será inútil porque la expansión es ya imparable.

¿Qué pasará? Pues lo veremos en los próximos días.

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