Desde Frankfurt hasta Ibiza pasando por Mauthausen (1)

Saturnino Navazo, un futbolista español, salvó en el campo de trabajo de Mauthausen a un niño que terminó siendo el rey de Ibiza. La realidad supera a la ficción.

20 de Febrero.- Hace casi exactamente un año, mientras Austria se acercaba al estallido de la crisis más grave de su historia reciente, yo fui al campo de concentración de Auschwitz, en las cercanías de Cracovia.

Como conté en su momento llegué allí en un autobús que me llevó desde prácticamente la misma puerta de mi confortable hotel. Allí, me condujo por los recovecos de lo que fue un infierno una mujer adusta y desagradable, la cual, como muchos polacos de su generación, tiene con el nazismo una relación ambivalente.

Es en Auschwitz precisamente donde empieza nuestra historia de hoy. Una historia que, después de muchas vueltas (algunas de esas que demuestran que la realidad supera a la ficción) pasa por Austria, sigue por el barrio de Cuatro Caminos en Madrid y termina en Ibiza.

Once años y un día antes de la fecha de la liberación del campo de trabajo de Mauthausen, el 4 de Mayo de 1934, nació en Frankfurt, en una familia judía de origen rumano, un niño llamado Sigfried Meir. Un niño muy guapo, rubio y de ojos azules. Fue precisamente su aspecto lo que, probablemente, le salvó la vida.

Siegfred cobró uso de razón al mismo tiempo que iba creciendo la presión en Alemania sobre los judíos.

El campo de concentración de Auschwitz en Febrero de 2020 (foto: Archivo Viena Directo)

La familia Meir fue deportada al campo de concentración de Auschwitz el 23 de Abril de 1943. Al llegar, los alemanes los separaron. El padre, fue a parar al campo de concentración de hombres, en tanto que la madre y el pequeño Siegfried terminaron en el campo de mujeres.

Por un acto aislado de incompetencia dentro de la estructura de aquella máquina de matar, el niño pasó inadvertido a los feroces guardianes del campo. Cuando le fueron a afeitar la cabeza, las otras internas alertaron a su madre. Si le veían al niño, las SS se lo quitarían. Por eso, Siegfried permaneció dos meses escondido. Cuando las mujeres, su madre incluida, iban a trabajar, Siegfried se escondía al fondo de los barracones, en la última fila de literas (para que el lector se haga una idea, los barracones que se conservan hoy como eran entonces, tienen el suelo de tierra y las literas están hechas en madera basta). Así pasó dos meses. Sin embargo, tuvo que salir de su escondite cuando su madre murió de tifus. Acuciado por el hambre, se presentó al recuento matinal, pero como era rubio y tenía los ojos azules, por uno de esos caprichos de la vida, los SS le permitieron seguir con vida.

Durante su estancia en Auschwitz, Sigfried Meir enfermó de tifus. Le llevaron a la enfermería en donde el siniestro doctor Mengele experimentaba con gemelos. Allí, quién sabe por qué carambolas de la biología, Meir se curó.

En enero de 1945, los nazis, acosados por el imparable avance de los aliados, evacúan Auschwitz. Los presos son enviados hacia el sur, hacia el campo de trabajo de Mauthausen, en Austria, en las cercanías de Linz, en vagones descubiertos.

El frío era atroz, y Meir cuenta en sus memorias que muchos de sus compañeros de viaje no llegaron a contarlo y murieron congelados por el camino. El niño también estaba casi preparado para morir y él mismo no recordaba cómo había llegado a Mauthausen.

Debió de ser en brazos de alguien“ diría mucho después.

Saturnino Navazo en su época de Mauthausen (página de los amigos y luchadores por la República Española)

Allí le esperaba un español, Saturnino Navazo, un español con una biografía que terminaría siendo tan increible como la de Siegfried Meir y que sería fundamental en el destino de aquel chico.

Saturnino Navazo había nacido en Burgos en 1914, pero su familia había sido una de tantas de las que, a principios de siglo, abandonaron los aperos de labranza y se asentaron en el barrio de Cuatro Caminos, en la calle Don Quijote, lo que entonces era el extrarradio de Madrid (y hoy es aún un barrio popular habitado en su mayoría por inmigrantes).

Pronto, Saturnino Navazo destacó como jugador de fútbol y fichó por el Deportivo Nacional, un equipo de importancia regional, hoy desaparecido (por cierto, este periodo de entreguerras también fue la época dorada del fútbol austriaco). En 1936, como es sabido, estalla la guerra civil y Saturnino Navazo „ficha“ por el equipo republicano, el cual, como es notorio, perdió aquella competición. Como otros miles de españoles, Saturnino Navazo, socialista, cruzó la frontera y pasó a Francia en donde estuvo internado en el campo de Belfort. Allí estuvo hasta que en enero de 1941, los nazis le deportaron a Mauthausen. Allí, como otro varios miles de españoles, Saturnino Navazo llevó como insignia un triángulo azul que le calificaba como apátrida. Eran apátridas porque el Gobierno franquista negó siempre que fueran españoles. Entre 1941 y 1942 murieron dos tercios de los españoles que habían llegado al campo. Navazo perdió un dedo en la cantera de Mauthausen, en la famosa Escalera de la Muerte también llamada Escalera de los Españoles, en donde tenía que acarrear piedras.

Navazo es el primero por la derecha de la fila de arriba

Sin embargo, Navazo, lo mismo que le pasaba a Siegfried Meir, había debido de nacer con una dosis extra de buena estrella y es que el fútbol le salvó la vida en Mauthausen. El domingo era el día de descanso, así que el español y otros pocos prisioneros, que habían jugado al fútbol antes de la guerra, se hicieron una pelota con unos trapos cosidos y se pusieron a jugar al balompie.

Tuvieron la suerte de que al jefe del campo,un tal Georg Bachmayer, le cayó en gracia aquello y decidió permitir el fútbol dentro del campo de Mauthausen. Pronto, se organizó una liguilla entre los prisioneros del campo. Las pachangas se jugaban los domingos, en la explanada en donde normalmente se hacía el recuento diario de los presos. Los equipos se organizaban por nacionalidades y parece ser que los españoles eran los mejores.

Mañana veremos cómo se cruzaron los destinos de Siegfried Meir y nuestro amigo, Saturnino Navazo.

¿Es Austria un país machista? Los lectores de Viena Directo han dado sus razones y se han pronunciado. Mañana, a partir de las siete, la respuesta en www.facebook.com/vienadirecto.

En directo, como todos los domingos.

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