Herbert Kickl: la cosa solo puede empeorar

La estrategia era demasiado perfecta y ha funcionado demasiado bien para pensar que todo haya sido casual. Herbert Kickl: un hombre cogido en una trampa que solo puede empeorar.

22 de Septiembre.- A día de hoy, la ultraderecha austriaca está sola y Herbert Kickl tiene serios problemas de credibilidad. Alguien (o „alguienes“) ha planeado el asunto con una gran astucia.

Hasta ahora, el frente antivacunas se presentaba como un muro compacto. Una fortaleza inaccesible a los avances de la racionalidad. Los antivacunas (en diferentes grados de militancia) veían en el FPÖ un referente. La prueba de que, sin vacunarse, se podía ser inmune a la enfermedad.

Y entonces, inesperada pero de manera sumamente conveniente, surgieron los rumores: Herbert Kickl podría haberse vacunado en secreto.

Y no solo los rumores: también las certezas. Gran parte de la cúpula del FPÖ, parlamentarios, concejales, cargos de la alta dirección, incluso personajes de catadura dudosísima con conexiones en lo más infecto de los movimientos identitarios y neonazis, se habían vacunado.

Ese alguien, o esos „álguienes“, cerebro gris de la operación, sabía que la bomba, para que tuviera la máxima repercusión, no podía soltarse en cualquier sitio.

Se tenía que dejar detonar en un lugar alejado de todos aquellos a los que una cosa así podía beneficiar.

Por la propia naturaleza de la noticia, la ORF quedaba descartada.

Por muchas razones. En primer lugar, porque la televisión pública siempre ha sido una espina clavada en el ojo de los ultraderechistas. Hubieran podido argumentar que, difundiendo la noticia de la vacunación secreta de Kickl, había intereses, viejas deudas que saldar.

No. Además, la cadena pública austriaca está sujeta a un corsé que le impide dar ese tipo de „noticias“. Nadie serio se hace eco de rumores hasta que no dan para un titular más o menos fehaciente.

Evidentemente: las privadas. Y entre ellas el medio con menor posibilidad de tener algún tipo de concomitancia ni con el Gobeirno ni con el progresismo. Los líderes ultraderechistas siempre están en Oe24 como peces en el agua. Nadie les presiona. El nivel de las conversaciones es de barra de bar con palilo de dientes y sol y sombra.

El momento también estaba muy bien elegido. Fin de semana. Sin grandes noticias a la vista.

A partir de ahí, bastaba echar la bola a rodar y Herbert Kickl mordería el anzuelo, como de hecho lo ha mordido. Es demasiado orgulloso para dejar pasar una cosa así.

Wolfgang Rosam dijo este fin de semana lo que tenía que decir, de manera extremadamente delicada y sometiéndose a un riesgo cuidadosamente calculado (ha sido un trabajo fino, todo se ha dicho en condicional) y, a partir de ahí, las reacciones han caido en cascada.

Era hermoso ver cómo el Kronen Zeitung acudía el lunes para levantar acta de todos los mandos ultraderechistas que ya se han vacunado.

El mensaje era claro y doblemente dañino para Herbert Kickl: en primer lugar, una patada en donde más podía dolerle: en su liderazgo.

La ultraderecha, aquí como en todas partes, está montada sobre la ficción del caudillo al que sus huestes siguen sin fisuras ¿En qué lugar queda un tipo que defiende que no hay que vacunarse y al que se le vacunan todos sus subordinados?

El segundo golpe es en la credibilidad de Kickl.

Es más: me atrevo a asegurar que, ahora que la duda está sembrada, da perfectamente igual que el político ultraderechista se haya vacunado o no se haya vacunado.

Cada vez que un espectador medio le vea, incluso si es un antivacunas convencido, ya pondrá en cuarentena las cosas que diga.

La trampa es tan astuta y está tan bien urdida que, haga lo que haga, Herbert Kickl solo podrá empeorar su situación de cara a la opinión pública.

Si no hace públicas sus pruebas de que no se ha vacunado amparándose en la protección de datos, la gente pensará que se ha vacunado efectivamente y su credibilidad, ya dañanada, terminará por derrumbarse. Si hace públicas sus pruebas, incluso si son negativas (cosa que este articulista, francamente, duda) sus fieles lo verán como una bajada de pantalones.

El torpedo a la línea de flotación de Herbert Kickl está disparado, ha dado en el blanco y le está poniendo ya en unos apuros muy serios.

Ahora bien ¿Servirá para elevar la cifra de personas dispuestas a vacunarse? Eso ya, desgraciadamente, es otra cosa.

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Un comentario a Herbert Kickl: la cosa solo puede empeorar

  1. Gustavo Solano dice:

    Así es
    Esperemos que la gente actúe con cordura y se vacune

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