De Viena a la Luna

1969: un año transcendental en mi vida (y eso que no había nacido todavía)

para mi abuela María, in memoriam
13 de Julio.- Hasta el momento en que dejó de preocuparle, mi abuela nunca creyó que el hombre hubiera llegado a la luna. Le parecía increible que aquellos tres americanos, protegidos de las radiaciones exteriores por trajes blancos, y montados en un rudimentario trasto que provocó un incalculable derroche de energía, hubieran alcanzado esa pelota polvorienta que vemos todas las noches.
A mi hermano, que es un guasón, le gustaba irle con el cuento:
Abuela, abuela.
-Qué, hijo.
-Mira lo que dicen, que el hombre ha llegao a la luna.
Mi abuela chasqueaba la lengua y, si era verano, se daba golpecitos con el abanico en la falda del vestido negro y movía la cabeza antes de decir:
-Poco modorros que estáis vosotros.
Mi hermano sabía que mi abuela había entrado al trapo y, por oirla, le preguntaba:
-¿Y eso?
Mi abuela, cargada de razón:
-Pues porque a la luna no se puede llegar. Cuanto más te acercas tú, más se aleja ella.
La noche del 20 de Julio de 1969, Televisión Española emitió la película Pillow Talk, que diez años antes habían protagonizado Doris Day (por cierto, de ascendecia vienesa) y Rock Hudson. Un peliculón para la época y el digno prólogo de un acontecimiento histórico. En un momento dado, TVE interrumpió las tontunas intrascendentes del film para conectar con la señal de la NASA. Jesús Hermida, entonces corresponsal de TVE en los Estados Unidos, comentó para la boquiabierta nación aquellas imágenes borrosas de lo que entonces parecía la mayor gesta de la Humanidad desde que un genovés ambicioso había cruzado el Atlántico en tres barcos de cabotaje.
Mi abuela seguramente no vio las imágenes hasta mucho tiempo después. No tenía tele. Hacía cosa de un año que se había quedado viuda. Eran tiempos duros. Mi padre acababa de volver también del servicio militar y se estaba planteando emigrar a Madrid. En el pueblo no había futuro. La industria local se reducía a una fábrica de fideos (hoy un bonito hotel, que visité años más tarde) y, fuera de eso, quedaba el campo; lo cual, para quien no era dueño de las tierras, sólo significaba una vida al límite de la subsistencia para morir viejo, gastado, y con unos ahorros míseros en una cartilla.
Probablemente, mi abuela escuchó la transmisión del acontecimiento en una radio con coraza de bakelita color vainilla y negra (el dial es rojo escarlata) que yo tengo en Madrid. A la luz de una bombilla cubierta por una pantalla de tela, rodeada por el denso silencio de la noche veraniega, sólo roto por el canto de los grillos (unos animalitos que están presentes en la literatura desde Homero).
¿Qué pensó? Con el miedo que tenía a todo lo que se moviese a más de diez kilómetros por hora, debió de estremecerse. Sin el fondo visual que tenemos nosotros, ¿Cómo se imaginó el cohete? ¿Estaría mi padre con ella? Es un periodo de su vida que conozco mal. Sé que, antes de asentarse en Madrid definitivamente (en 1970, lo sé porque estuvo presente en el nacimiento de su sobrina mayor, mi prima Y.) hizo un primer intento, durante el cual trabajó, en condiciones inhumanas, en una fábrica de productos de caucho. Debió de ser por aquella época.
Hoy, rememorando estas cosas, he pensado que, si mi padre no hubiese decidido mudarse a Madrid durante aquel incierto año de 1969, quizá mi vida hubiera sido totalmente distinta. En cualquier caso, hubiera sido mucho menos probable que yo, su hijo, hubiera terminado viviendo en Viena. Así es: somos rehenes y producto de decisiones tomadas en nuestro nombre cuando ni siquiera somos un proyecto (mis padres no se conocieron hasta 1973).
Así visto, quizá mi viaje a Viena comenzó al mismo tiempo que la conquista del espacio.

6 comentarios en «De Viena a la Luna»

  • el julio 13, 2009 a las 9:53 pm
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    que boonito Paco!!!
    me ha encantado este post tan “espacial” y tan especial…
    Lo que es tan cierto como que la luna nos acompaña cada noche, es que tu abuela, desde algun rinconcito de la galaxia te sigue y esta muy orgullosa de ti.
    Un besazo
    Bullock.

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  • el julio 14, 2009 a las 7:31 am
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    En 1973 nací yo. Quizá tu abuela tuviera razón en eso de que la luna se aleja cuanto más te acercas. Al menos, metafóricamente.

    Abril de 1936, mi bisabuelo decide comprar por 250 pesetas un terreno para edificar una casa en una zona de Elche que está a las afueras (para aquella época, ahora es casi el centro) y que se está empezando a urbanizar. A partir de ahí, cuatro generaciones de la misma familia vamos a vivir en ese lugar, primero en la casa que construyó mi bisabuelo y después en el edificio que se hizo en los años 80.

    Como dice Susanna Tamaro: “Cada uno de nosotros tiene una historia que es sólo suya y que hunde sus raíces muy lejos, en los abuelos, los bisabuelos, los tatarabuelos y más atrás aún, siempre más atrás, hasta llegar a los primeros hombres, al momento en que, en lugar de comportarnos como los coleópteros, empezamos a escoger.”

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  • el julio 14, 2009 a las 10:58 am
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    Todos los niños piensan que la luna les sigue, está documentado en psicologia infantil.
    En la peli “en busca del fuego” al final, cuando el protagonista por fin a comprendido como dominar el fuego, se sienta por la noche a contemplar la noche estrellada.Al final si nuca has viajado a america ¿creer que existe no es cuestión de fe?

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  • el julio 14, 2009 a las 8:06 pm
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    Hola!
    Gracias por vuestros comentarios.
    A Bullock: espero que estéis bien, guapísima. San Pablo tiene escrito en algún sitio que los muertos son seres invisibles, aunque no ausentes. Me acuerdo de mi abuela muchísimo y, desde que se fue, la echo muchísimo de menos. Un besazo muy grande.
    a Amelche: totalmente de acuerdo contigo y con Susana Tamaro. Si no lo has leido, busca un libro de Marguerite Yourcenar que se llama “Los Archivos del Norte”. Es uno de los que yo me traje en la maleta. Saludetes 🙂
    A Joako: te puede parecer una locura, pero yo pienso muchas veces en la cantidad de cosas que me moriré sin ver (o que veré solo por televisión) y me parece alucinante. Africa tiene para mí la misma clase de realidad que el planeta krypton, porque tengo las mismas evidencias de que existen.

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  • el julio 16, 2009 a las 4:30 pm
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    Muchas Gracias por este post, herpato. Me ha emocionado mucho acordarme de la abuela en esa situación y también de cómo bromeaba yo con ella. Sobre todo hoy, dia de la Virgen del Carmen, que hace 6 años fue la misa por ella.

    Besos.

    Pd: A mi me incomoda pensar cuando miro desde el telescopio de mi casa la Luna que nunca podré sentarme allí a mirar la tierra.

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  • el julio 17, 2009 a las 6:33 pm
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    !Hola, hermano! Además, ella le tenía mucha devoción a la Virgen del Carmen, es verdad.
    Yo mientras escribía el texto también me emocioné. Sé que a ti te pasa igual, pero no hay día en que no piense en ella o me acuerde de cosas. Por ejemplo, ayer, leyendo un libro de historia (te lo recomiendo, por cierto, “Historia de España contada para Escépticos” de Juan Eslava Galán, es la monda); bueno, pues en el libro, citaban una carta de la reina Maria Luisa (mujer de Carlos IV) y usaban la expresión “todos tres”, ¿Te acuerdas? Que era una expresión típica de ella.
    De todas formas, como dije en la primera respuesta, ella está con nosotros (con la niña, particularmente, estoy seguro).
    Por cierto, y hablando de la misa ¿Te acuerdas de la homilía del cura? “Solo no, pero !Con María sí se puede!” !Angelico! 🙂
    Un beso
    PS: A mí lo de ir a la luna…De todas maneras, nos quedan como cincuenta años para que la ciencia avance y podamos ir de excursión…No hay que perder la esperanza.

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