Concierto de Año Nuevo de Viena: el azúcar y la miel

SchonbrunnComo todos los años, el mundo (algo resacoso) ha mirado a Viena y, al hacerlo, se le ha dibujado en la cara una sonrisa de satisfacción.Todo está en orden.

1 de Enero.- Queridos lectores de Viena Directo: Prosit Neujahr! O sea, feliz año nuevo. Es lo mismo que les ha deseado esta mañana a los espectadores de todo el mundo el letón Maríss Janson y sus compinches, los maestros de la filarmónica de Viena, en la tarea de quitarle al personal (al personal que va de fisno, eso sí) el resacón de la celebración de anoche y depositarles, con un delicioso élan, en el regazo de este año que acaba de empezar.

Ha sido una ocasión especial. Primero, porque este de hoy era la septuagésimoquinta. O sea, que el concierto de año nuevo, este año, ha celebrado sus bodas de platino. Y segundo porque se han conjugado una serie de factores para que este concierto fuera el más completo de los últimos años. Por la dirección, por la interpretación -aunque la Filarmónica de Viena es una de las mejores orquestas del mundo y lo de su calidad es como lo del valor antiguamente en la mili, o sea, que „se les supone“– y por el espectáculo televisivo.

¿El Neujahrskonzert es un programa viejuno? Pues sí: es viejuno, para qué lo vamos a negar. Pero lo cierto es que los que los que lo vemos cada año, en gran consonancia con la mentalidad austriaca, nos recreamos en esa „viejunez“ y disfrutamos de ella.

Visto con objetividad, el Concierto de Año Nuevo debe de ser, sin duda, el racimo de horas televisivas más inofensivo del año pero qué quieres, con el mundo como va, casi se agradece que, durante tres o cuatro horas -los previos, el documental de por medio y el concierto mismo- la realidad presente su cara más amable.

Un paréntesis, por cierto: cada año uno se da más cuenta, por cierto, de que, en esto del NJK, pasa como con el Vaticano y Eurovisión. O sea, que el concierto cuenta con sus exégetas que, cada año, inmunes a los estragos del garrafón de la Nochevieja, examinan con lupa la retransmisión de la ORF y comparan con sus infinitos bancos de datos para decidir si este ha sido el mejor concierto de la Historia o si el de 2013, el de Welser-Most fue mejor o si ha superado a la que dirigió esa drama-queen llamada Herbert Von Karajan. Estos exégetas ven, hay que aceptarlo, cosas que a los demás mortales se nos ocultan. Por ejemplo, el crítico musical del diario español El País ha apreciado que los niños cantores de Viena (serían, más correctamente, „muchachos“ o „mozos“ o „jóvenes“ cantores) tenían una „pronunciación cristalina hablando en alemán“ (!No te jiba! Van a uno de los mejores colegios de esta capital, como para hablar el alemán vallecano que habla servidor; hace falta ser cursi).

Dicho esto, el concierto de este año ha sido, como decía más arriba, más impecable (si cabía) que el de años anteriores.

La elección de las piezas, la pausada realización, la inspirada dirección de Janson, que ha jugado tan bien a esa siete y media tan delicada que consiste, con los Strauss, a pillarle el punto justo a unas piezas de una indudable calidad pero con las que es muy fácil que se te pase la mano con el azúcar.

Si hay que ponerle algún pero a todo el asunto yo se lo pondría a la falta de riesgo que ha habido este año con lo que sucede fuera del Musikverein y que, en estos años, se ha convertido en una parte inseparable del espectáculo televisivo del concierto. Esto es: las dos intervenciones de los solistas del ballet de la Öpera Estatal vienesa.

La primera se ha producido en el Krieau, el hipódromo de Viena, junto al Prater. Se grabó, como toda esa parte, en Septiembre. Primero, por la probabilidad de que hiciera sol (ese año, septiembre ha sido muy caluroso) y segundo porque claro, lo que no mucha gente sabe es que el concierto de Año Nuevo es uno de los laboratorios que la ORF utiliza para probar nuevas tecnologías (cámaras de una definición muchísimo más alta que las que se utilizan normalmente) y, naturalmente, para que los vídeos puedan ser retocados. Se retoca el color, se le añade a todo efecto cine, etcéra etcétera.

Es la parte más vistosa pero, personalmente, creo que el concierto daría un paso adelante (UPA, qué tiempos) si estas partes, añadidas originalmente como ilustración, para „hacer bonito“ lo mismo que las porcelanas falsas de Lladró en las salas de estar de nuestras abuelas, se tratasen como lo que de verdad deberían ser: esto es, como vídeos musicales. De lujo, pero vídeos musicales. En el siglo XXI no se puede tener a seis tíos bailando en plano fijo durante tres minutos. Por muy bien que bailen y muy solistas que sean. El vestuario, por cierto, muy bien todo el rato aunque Vivienne Westwood, personalmente, moló mucho más. Por cierto ¿Se han fijado mis lectores en que todos los escenarios eran blancos? (el Krieau, Schönbrunn). Como sabían bien los directores de la serie de musicales de la RKO protagonizados por Fred Astaire y Ginger Rogers, todo queda bien en una habitación blanca.

 

Por lo demás, al final, con el tradicional Danubio Azul, a uno se le han saltado las lágrimas. La Wachau es, sin duda, uno de los sitios más bonitos del mundo y uno lo tiene a la vuelta de la esquina (a una hora de coche). Es una suerte de la que cabe alegrarse. Todos los años. Todos los días del año. No solo hoy.

4 comentarios en «Concierto de Año Nuevo de Viena: el azúcar y la miel»

  • el enero 1, 2016 a las 7:01 pm
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    A mí el concierto me ha gustado más que otros años, no sé si por las imágenes del Danubio, y sobre todo, de las fortalezas y los pueblecitos a su vera. También el ballet en Schonbrun, con los grutescos y la fuente de fondo, y los niños cantores. Y qué decir de Salzburgo. Lo que menos me ha gustado quizá ha sido el color de las flores de la sala de conciertos, pues el naranja no es uno de mis colores preferidos. Y sí, el Concierto vende tradición, costumbre, orden, Historia y belleza, pero es eso mismo lo que hace que millones de turistas acudan a Austria y sobre todo a Viena, pues lo que quieren revivir son los tiempos de Sissí (que ya sé que odias) y el Danubio Azul, pero, coincido contigo en que, ante el miedo al caos y los atentados terroristas, ante la incertidumbre ante el futuro que nos espera (político, económico o sentimental) lo que el Concierto de Año Nuevo nos vende es tranquilidad, belleza, seguridad, distracción, amabilidad, y eso, en estos tiempos que corren, es un auténtico lujazo. Suerte que tienes de vivir en Viena y que te guste. Feliz Año Nuevo, Paco. Te deseo lo mejor.

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    • el enero 2, 2016 a las 6:45 pm
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      Feliz año nuevo, Victoria! Todo lo mejor para ti también 🙂 No odio a Sissi, hombre,lo que pasa es que no me gustan nada los mitos sufrientes. Soy más de gente que de verdad ha hecho cosas por la humanidad. Sufrir solo por sufrir no me parece nada digno de alabanza.
      Muchos saludos 🙂

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  • el enero 1, 2016 a las 9:47 pm
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    Muy buenas Paco! Feliz añito nuevo!!
    A mi también me ha gustado algo más este año. Mi pero va más a las imágenes del Danubio, ¿Tan difícil es innovar enseñando un río? Si uno se queda sólo con esas imágenes no se imagina lo que es el Wachau.
    Personalmente, estoy muy contento de que Dudamel sea el siguiente, ahí sí que puede haber variaciones de verdad.
    Un abrazo y a seguir escribiendo como siempre!

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    • el enero 2, 2016 a las 6:43 pm
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      Feliz año Nachete! A mí me ha pasado con lo del río que me ha molestado un poco ver la sombra del helicóptero. Me ha parecido un poquitín chapuza (y una chapuza innecesaria).
      Un abrazo! 🙂

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