
Como todos los años, el mundo ha entrado en 2024 a los acordes de la filarmónica de Viena. No todo ha sido tan suave.
1 de Enero.- Austria ya ha entrado en el año 2024 y nosotros con ella. Como es costumbre y viene siendo habitual desde los días de la segunda guerra mundial, la Filarmónica le ha endulzado al mundo el trago de tener que levantarse con resacón mediante una selección de preciosas melodías.
Este año, el encargado de hacerlas llegar a la audiencia de todo el mundo ha sido el Sr. Thieleman, un director al que nadie le niega la pericia técnica pero al que todo el mundo le disputa la capacidad de trascenderla para ofrecer algo de fantasía al público.
Mi madre, que es la crítica musical de Viena Directo, lo ha sintetizado muy bien en un certero mensaje de Whatsapp: “vaya concierto más soso” me ha dicho.
En fin.
Eso sí: como sucede todos los años, la televisión pública austriaca ha echado el resto, tirando por las ventanas de la sala del Musikverein la experiencia acumulada en décadas de retransmisiones.
No han faltado las hermosas escenas de ballet y una conmovedora celebración del segundo centenario del nacimiento de Anton Bruckner. A uno, que es un sentimental, se le han saltado las lágrimas.
Hemos podido comprobar que en la Filarmónica de Viena hay cada vez más intérpretes femeninas. Se ha puesto mucho énfasis en la retransmisión, porque ya se sabe que esta orquesta, una de las mejores del mundo, ha sido tradicionalmente un campo de nabos, por no hablar de que siempre han tenido fama de siesos.
También la retransmisión ha ofrecido planos de diversas personalidades austriacas, como el bundescanciller Nehammer pero también internacionales, como la nueva presidenta del Banco Central Europeo, la española Nadia Calviño, que este año nuevo estrenará trabajo.
A mí, personalmente, me ha molestado un poquito que se podía ver una cámara entre los músicos en un lugar bastante prominente. Por lo demás, todo impecable.
En Tulln, lugar vinculado con la leyenda de los Nibelungos y con una feria de jardinería muy famosa, han nacido Anna y Alice, justo a las doce de la noche.
Más o menos a las mismas horas han nacido diferentes niñas en Viena y en Sankt Pöllten. Todas las niñas llevan nombres neutros, no adjudicables a ninguna procedencia particular, con lo cual sus felices familias se han ahorrado tener que aguantar a los cabestros que otros años le amargaron la existencia a los padres de sendos Alíes, Mohameds y demás. Ya se sabe que hay gente muy malaje que no respeta ni a los niños.
No todo han sido buenas noticias.
En Austria, no hay información sobre la nochevieja sin información sobre mutilaciones. Como todos los años, al personal le ha chupado un pie que, puntualmente, el treinta de diciembre se pasaran por los telediarios austriacos las horribles imágenes de muñones de gente que ha perdido extremidades debido a los fuegos de artificio y los petardos. Ya se sabe que el bebercio combina muy mal con la pólvora. Este año no ha sido una excepción. Varios individuos (curiosamente, todos de sexo masculino) han sufrido graves heridas cuando manipulaban sin prudencia ni conocimiento diversos artefactos explosivos.
El año nuevo también ha traído nuevas tasas e impuestos. El más controvertido ha sido el de la ORF. Debido a un fallo del tribunal constitucional austriaco, los que antes no pagaban ahora deberán pagar. Vaya por Dios.
En este año, que será de elecciones en todo el mundo así como en Austria, también ha hablado el señor Bundespresidente. Alexander van der Bellen ha instado a los políticos austriacos a que abandonen los extremos y se abonen al centro (pobre, qué optimista). También ha instado a los políticos a que ofrezcan soluciones constructivas, que no intercambien acusaciones sino argumentos. Ha resaltado que esta siempre ha sido la manera austriaca de hacer las cosas. Lo dicho, un alarde de optimismo.


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