Naturalmente, el tema era el paraíso de los niños.
Hay aborígenes que son auténticos fanáticos de los adornos de navidad, que los coleccionan y que, incluso, se los intercambian. Hay un activo mercado de adornos de segundo árbol. Los fanáticos de esta forma particular de coleccionismo se dan cita en la plaza Am Hoff.
Exactamente lo que yo siento hacia mi legión de lectores. Un amor que soy, vaya 🙂
Y en los jardines del ayuntamiento la chavalería, como puede verse en esta foto, miraba embobada los autómatas musicales.
Mis lectores pueden imitarles si le echan un vistazo a este vídeo.
Y como en Viena la magia está en cualquier recodo, mientras volvía a casa, y pasaba por la puerta de San Miguel en el Hoffburg, había un coro (polaco, creo) que aprovechaba la fantástica acústica de la cúpula para improvisar un concierto y, de paso, llevarse a Varsovia unos euretes. Helos:
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