
El ex presidente ruso, Dmitri Medvedev, ha amenazado a la República Austriaca. No contaba con su aguerrida ministra de exteriores.
30 de agosto.- En 2008, se produjo en la cúpula del poder de la Federación Rusa un movimiento no por esperable menos sorprendente. La constitución rusa, en aquel momento, limitaba a dos consecutivos el mandato del presidente. Putin ya llevaba dos mandatos, así que legalmente tenía que abandonar el puesto. La cuestión se resolvió de una manera sencilla. Putin propuso a su partido “Rusia Unida” a Dmitri Medvedev, amigo personal, parte de la oligarquía a través de la todopoderosa empresa Gazprom, para que le mantuviera la silla caliente. Cuando, para sorpresa de nadie, Medvedev fue elegido, Putin ocupó el cargo de jefe de Gobierno. Cuando Medvedev agotó su mandato, propuso, de nuevo para sorpresa de nadie, a Putin como su sucesor. Putin, por supuesto, volvió a ganar las elecciones y poco después realizó los oportunos cambios en la constitución rusa, de manera que puede, legalmente, mantenerse en el poder hasta 2036 (por supuesto, ninguna de las elecciones que acabo de mencionar contó con las mínimas garantías democráticas y fueron amañadas como se amañaban en la España de la restauración, en el siglo diecinueve).
Dmitri Medvedev ha continuado siendo hasta la fecha miembro del círculo de confianza de Vladímir Putin y, para contentar a su jefe, ejerce de vez en cuando de mamporrero en los círculos diplomáticos. La última víctima de sus amenazas ha sido la República Federal de Austria, o sea, esta en la que vivimos todos.
Medvedev ha creido conveniente advertir al Gobierno austriaco que, en el caso de que se le pase por la cabeza abandonar la neutralidad y unirse a la OTAN, estará violando los tratados fundacionales del Estado austriaco, suscritos por la extinta Unión Soviética y las otras tres potencias aliadas, y que, por lo tanto, la Federación Rusa se sentirá en el desagradable deber de convertir a la República austriaca en objetivo de sus ataques militares.
Con lo que no contaba Medvedev es con que tiene delante a Beate Meinl-Reisinger, una señora que no se deja acogotar tan fácilmente. En la antesala del encuentro informal que los Ministros de Asuntos Exteriores de la Unión están manteniendo en estos momentos en Copenhague, la Ministra de Exteriores austriaca ha rechazado enérgicamente las amenazas de Medvedev y ha dicho que solo los austriacos y las austriacas tienen el poder de decidir libremente sobre sus alianzas y sobre su seguridad. Y, en ningún caso, la Federación Rusa.
Además, ha abogado por aumentar la presión sobre la Federación Rusa, al objeto de convencer a Vladímir Putin de que abandone su invasión ilegal de Ucrania. Cabe destacar al respecto que la Unión Europea tiene preparado un nuevo paquete de sanciones para septiembre.
Beate Meinl-Reisinger se ha felicitado de que el rechazo a las declaraciones del ex primer ministro ruso ha sido transversal en Austria y para dar una medida de esa transversalidad ha mencionado que las voces indignadas han venido incluso “del FPÖ”.
No ha dado nombres de políticos ultraderechistas que se hayan escandalizado por las matonescas amenazas rusas, pero lo que sí se puede afirmar es que uno de los políticos ultras que se ha quejado no ha sido Herbert Kickl.
En un comunicado, el jefe de los extremistas austriacos, ha acusado a la ministra Meinl-Reisinger de jugar con fuego, y ha dicho que aquellos que ven la sacrosanta neutralidad austriaca como una carga y no como un “escudo protector” no tienen nada que hacer en Austria.
Por supuesto, el comunicado de Kickl no tiene desperdicio. En primer lugar, porque, llegado el caso, todos sabemos, desgraciadamente, que Vladímir Putin haría poco caso de la neutralidad austriaca. Por otro, al mismo Kickl la noción de neutralidad no le impidió mantener fuertes lazos de amistad con “Rusia Unida”, formación con la que incluso firmó un acuerdo de colaboración que se terminó, muy oportunamente, a pocas semanas de la invasión de Ucrania.
Desde entonces, Kickl ha defendido siempre que ha tenido ocasión los intereses rusos en Austria y ha puesto todos los palos que ha podido en las ruedas de los que han tratado de ayudar a la población civil Ucraniana.
Naturalmente, tenía muchos favores que pagarle a Putin, pero eso, sin duda, es otra historia.
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