
Desde hoy, Austria es un país un poquito más civilizado y más respetuoso, se ha prohibido una práctica (desgraciadamente) común.
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1 de Septiembre.- La ficción idealiza determinadas cosas que, en el mundo real, no tienen ninguna gracia. Por ejemplo, los psicópatas.
En general, el cine tiende a representar a los psicópatas como personas atractivas y extremadamente inteligentes. A veces, las películas incluso se toman determinadas licencias, y presentan a los psicópatas como personas con sentimientos. Cosa de la que, como es obvio, carecen. En la vida real, los psicópatas distan mucho de ser las personas a las que uno quisiera tener cerca. Son gente que sufre una horrible mutilación la cual, precisamente por no estar visible, puede ser convenientemente empaquetada para convertirse en objeto de consumo.
Otra cosa que suele idealizarse son las aproximaciones sexuales no deseadas. Las del hombre blanco y heterosexual, más específicamente. Por ejemplo, hay muchas personas, hombres y mujeres, que encuentran entrañable que tipos como el difunto Richard Lugner, Bertín Osborne o como Julio Iglesias hasta no hace mucho, se sientan en la obligación de “entrarle” a chicas que podrían ser sus nietas. Por supuesto, sin que las chicas hayan señalizado en ningún momento tener algún tipo de interés en semejantes especímenes.
Austria, en estas cosas, siempre va un poquito por detrás. Por ejemplo, cuando sucedió el incidente del “piquito” entre Jenny Hermoso y Rubiales, en Austria muchas personas se echaban las manos a la cabeza, sin querer ver que la conducta de Rubiales era un claro abuso de poder y un evidente acto de violencia (más, considerando las preferencias sexuales de Hermoso, que son públicas y notorias). El argumento era que la jugadora no tenía que haberse molestado porque, al fin y al cabo, un beso en la boca no va a ninguna parte y es una cosa inofensiva.
Yo intentaba, en vano, explicarle a la gente (hombres y mujeres) que a nadie le parecería normal si a mí, mi jefe me hubiera dado el mismo beso por haber, pongamos, hecho mi trabajo especialmente bien. La respuesta era la misma, un “!Hombre, pero no es lo mismo!” un poco azorado.
Claro, contestaba yo. No es lo mismo porque yo soy un hombre.
Nada, no entraban en razón.
Otra cosa que a mucha gente sigue sin parecerle grave son las llamadas “fotopollas”. Esto es: fotos de su propio rabo que muchos hombres utilizan como arma de violencia, enviándolas a mujeres que, por supuesto, no han mostrado el más mínimo interés en recibirlas o que, simplemente, las consideran repugnantes.
A uno no se le ocurre ninguna situación en el que le enviaría a alguien desconocido, o con quien quisiera entablar alguna relación, una foto de su pene. Sin embargo, es obvio que muchos de mis congéneres no son de la misma opinión y envían todo el rato fotos de su miembro a través de aplicaciones de mensajería, redes sociales o aplicaciones para buscar pareja (hace unos días, sin ir más lejos, una mujer de mi círculo de conocidos, que actualmente busca novio, se quejaba de esta situación).
En general, a mucha gente -hombres en su mayoría- les pasa con las fotopollas como con el beso a Jenny Hermoso. O sea, que no consideran que esas aproximaciones sexuales, extremadamente incómodas, tengan nada de malo. Son, dicen, en el peor de los casos, una gamberrada.
Hasta hoy, cuando una mujer austriaca recibía sin pedirlas fotos del pito de un caballero y trataba de que el caballero cesara de mandarle imágenes, recibía de las fuerzas del orden, si estas estaban de buenas, una recomendación de paciencia. Si estaban de malas, le daban a entender que debía aceptar con orgullo esta peculiar forma de homenaje porque, al fin y al cabo, el hombre que se toma el trabajo de bajarse los pantacas y los gayumbos y fotografiarse el nabo, está demostrando interés.
Hoy, en Austria, ha entrado en vigor una ley que prohíbe y convierte, por lo tanto, en delito, el hecho de mandar una foto sexual no deseada. Mucha gente -hombres, en su inmensa mayoría- seguirá pensando que es una ley innecesaria y que las mujeres, como suele decirse, “tienen la piel muy fina”. Sin embargo, muchos nos alegramos, porque desde hoy Austria es un país un poquito más respetuoso y más civilizado.
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