
A dos meses del festival de Eurovisión, el director de la ORF ha tenido que dimitir. La noticia ha caído como una bomba.
9 de marzo.- Si un país fuera un cuerpo, la tele sería su conciencia. Es, en una palabra, la parte del organismo público que comunica al país consigo mismo. Esto es especialmente verdad en Austria, en donde la Radiotelevisión pública es el medio de comunicación más grande del país. Un gigante de más de mil empleados que tiene marcas tan potentes como el Zeit Im Bild, el informativo más seguido del país, o la famosa “página azul”, que es la web de noticias que todos los austriacos consultan para ponerse al día de lo que pasa (las criaturas no tienen Viena Directo, hay que comprenderles).
De entre todas las empresas públicas, la ORF es la joya de la corona y una de las bestias negras, si no la única, de la extrema derecha austriaca, deseosa de dinamitar el que es un obstáculo serio para calar definitivamente en la opinión pública.
La ORF es, sin duda, un gran factor de cohesión que viene de los tiempos en los que tener una tele era algo tan fantásticamente caro que solamente los estados podían permitírselo. De esos tiempos viene también que incluso aquellos que están dispuestos a cargársela le atribuyan un valor simbólico que tiene algo de supersticioso. Se puede decir sin temor a equivocarse que la ORF son los padres. No es una empresa cualquiera.
Cualquier noticia que afecte a la radiotelevisión pública tiene un gran eco, lo mismo que, tratándose del cuerpo, tiene un gran eco cualquier noticia que afecte al cerebro -la ORF es, en muchos aspectos, el cerebro de Austria- por eso ha caído hoy como una bomba la dimisión del actual director, Roland Weissmann. Weissmann, que llevaba en el cargo desde 2022 ha tenido que dimitir por unas acusaciones de “comportamiento inadecuado” (acoso sexual) que datan del principio de su mandato. Parece ser que el consejo rector de la ORF le habría exigido dimitir al considerarse las acusaciones dignas de crédito (¿Por qué ahora más dignas de crédito que en 2022? Chi lo sá, pero según parece también habría algún trasfondo político).
Weissmann, como es natural, niega que se haya propasado con ninguna empleada aunque, según parece, obran en poder del consejo rector de la ORF diversos materiales que darían credibilidad a las alegaciones de la presunta víctima (aunque, naturalmente, todo el mundo tiene derecho a la presunción de inocencia, podría alegarse que Weissmann podría haber hecho algo incorrecto sin ser consciente de haberlo hecho, véase por ejemplo el caso Rubiales, hasta hoy convencido de haber actuado divinamente cuando le dio un beso a su subordinada Jenni Hermoso).
Representantes del consejo rector de la ORF se han disculpado por la mancha reputacional que recae sobre la cadena pública y han anunciado que habrá un grupo de trabajo para esclarecer lo sucedido. En cuanto al abogado del dimisionario, ha dicho que se han vulnerado sus derechos al habérsele dado muy pocos días para preparar su marcha haciéndola casi coincidir en el tiempo con la divulgación de las sospechas de abuso, de forma que parece que está, de alguna manera, admitiendo su culpabilidad.
Roland Weissmann va a ser sustituido de forma interina por Ingrid Turnher, la directora del canal ORFIII hasta que se pueda elegir definitivamente a la persona que sustituya a Weissmann. El ministro competente, el vicecanciller Babbler, ha anunciado que a él le gustaría que llegase una mujer al cargo.

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