
¿Cuál es el tesoro nacional del que Austria nunca se desprendería? ¿Qué objeto se guarda como oro en paño?
8 de abril.- Todos los países tienen sus tesoros nacionales. Como sucede con las cosas que las personas guardamos “como oro en paño”, son objetos que tienen una función de fetiche identitario, que tienen el valor de haber estado presente en momentos de la Historia que nos han hecho como somos.
En España, uno de esos objetos es el Guernica de Picasso. El cuadro fue pintado por el genio de Málaga como encargo de la República durante la guerra civil, para el pabellón de España en la exposición universal de París. En aquella especie de orgía del art decó más limpio, el cuadro de Picasso representaba el horror que estaba sucediendo casi mil kilómetros al sur, en los campos de un país que tenía la tripa abierta y se desangraba mientras luchaba contra el fascismo.
Cuando terminó la guerra con el resultado tenebroso que todos conocemos, el cuadro pasó por diferentes vicisitudes, entre ellas ser expuesto en Inglaterra y un viaje transatlántico que terminó dando con sus lienzos en el MOMA de Nueva York. Su autor dispuso que no el cuadro no volvería a España hasta que en ella hubiera democracia. Durante la dictadura franquista, una lámina del Guernica fue el adorno imprescindible de muchas salas de estar de exiliados y, cuando ya la democracia alboreaba, se distinguía a una persona progresista porque tenía esta pieza iconográfica a la vista en su casa.
En los primeros ochenta, cuando ya la democracia se daba por asentada, con Picasso muerto, el cuadro, como un anciano venerable, se trasladó del MOMA de Nueva York al Casón del Buen Retiro, lugar del Museo del Prado en donde entonces se exponía la pintura contemporánea. Cuando el Reina Sofía se inauguró, el Guernica cruzó Madrid a velocidad de paso de semana santa (era ya una reliquia) y, muy deteriorado, fue colgado detrás de un cristal antibalas (todavía se temía que algún pirado lo deteriorase todavía más).
De cuando en cuando resucita la pretensión de que el Guernica vuelva a viajar, pero el Gobierno de la Nación siempre dice lo mismo: que el cuadro es igual de delicado que una flor seca y cualquier movimiento podría causarle estragos irreparables.
La pelea ha llegado, por cierto, a las páginas de los periódicos austriacos, que se hacen eco de esto sin hacerse la pregunta que yo me hago. ¿Qué sería el equivalente austriaco de nuestro Guernica? Entre las obras que el Estado Austriaco nunca prestaría está El Beso, de Klimt. Su valor iconográfico es incalculable, y nadie se arriesgaría a que se pudiera estropear o incluso, en el peor de los casos, desaparecer.
Es improbable que se prestase la “Venus” de Willendorf, pieza que es parte del patrimonio de Austria. Ahora que lo pienso, la mayoría de las obras de arte que tienen un valor simbólico comparable al cuadro de Picasso son inmateriales. La música de Strauss, por ejemplo, parte inseparable del alma austriaca, me viene a la memoria o todas las melodías de Mozart. Están las partituras, claro, pero hoy en día esos manuscritos, con tener gran valor, no ostentan el que tienen las músicas en sí.
El famoso “penacho” de Moctezuma (que no es tal) también es tan delicado como el Guernica, pero no tiene la importancia patriótica (para los austriacos) que puede tener la prenda de irisadas plumas que alguien se trajo de lo que hoy es México. Cuadro y penacho tienen dos cosas en común: son tan frágiles que no se pueden transportar.

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