Estar enamorado en Viena

ParejaA pesar de vivir en una de las ciudades más románticas del planeta, el autor es muy poco fan del enamoramiento. Verás por qué.

11 de Febrero.- Querida Ainara (*) : quizá nos encontramos en uno de los momentos más tontos del año, junto con ese que en Austria se llama “el agujero negro” y que llega, normalmente, en Agosto, cuando todo el mundo está entregado al frenesí vacacional y nadie quiere preocuparse de nada. Febrero es el mes más cruel, y no abril como decía el poeta. En Centroeuropa, suele ser el tiempo en que se pasan las semanas sin ver el sol, con un cielo de color panza de burra un día detrás de otro y, para colmo, nieva. Este estado de ánimo hace que el consumo se contraiga además de que, entre el non-stop party de las navidades y los principios de la semana santa no hay ninguna fiesta en la que poder regalarle nada a nadie y el comercio, sufre. Por eso, un avispado inglés, en el siglo XIX, inventó el día de los enamorados.

Debes saber, Ainara que tu tío, a pesar de vivir en una de las ciudades más románticas de Europa, la misma que muchas parejas escogen para pasar sus primeros días de casados, es muy poco fan del enamoramiento. O, por lo menos, del enamoramiento tal y como lo presentan las películas americanas. Creo, Ainara que, en la mayoría de los casos, el enamoramiento como Hollywood nos ha enseñado a verlo –incluso en ese engendro reaccionario y ultramachista que es la gilipollez esa de Cincuenta Sombras de Grey– tiene muy poco que ver con el amor y que las personas que se dicen enamoradas porque llevan dos meses saliendo, en realidad, en la mayoría de los casos, están –aún- muy lejos de quererse.

Personalmente, y cuanto más viejo soy más lo creo, esas situaciones me parecen bastante ridículas. Son un ridículo, por cierto, que tiene una edad (una edad en la que se disculpa porque uno tiene las hormonas revueltas y cree que el milagro de encontrar a la persona perfecta a la primera es posible) pasada la cual uno recuerda esas tonterías con un pequeño repelús de vergüenza ajena por lo que uno fue. Fuera de ese momento de la vida, la verdad, queda un poquito Marujita Díaz hacer alarde de según qué cosas, andar a saltos entre el tráfico y colarse juntos en el autobús y es razonable dudar de la madurez de quien lo haga.

La cosa es, Ainara que, naturalmente, ese enamoramiento inicial tan engañoso y tan poco sensato, es el peaje necesario que hay que pagar para poder disfrutar de lo que viene después, que es el amor de verdad, que es una de las cosas más bonitas que le pueden pasar a un ser humano. Incluso con los triquitraques de la convivencia, con esos días en que te levantas y no te apetece ni mirarte al espejo, cuanto más verle el jeto a otra persona. Pero es sumamente hermoso estar en una reunión de gente, y mirar al otro lado de la habitación y darte cuenta de la existencia de ese hilo invisible que te une a otro ser, y que esa persona también se da cuenta de ese vínculo, y te sonríe y te mira y no hay que decir más (o te mira, y bosteza, y no hace falta decir más tampoco porque ya le has oido pensar y te está diciendo “vámonos a casa, que esta fiesta es un coñazo y en la cama, con un libro entre las manos, se está mucho mejor”).

O en realidad, quizá lo que sucede es que, en Viena o en cualquier otra parte, estar enamorado no sea una película con Jennifer Anniston, sino un sensato film centroeuropeo (no de Hanneke ni de Ulrich Seidl, por cierto, que esos son como para tirarse al paso de cualquier medio de transporte para que te atropelle y te deje malherido) en el que los protagonistas se conocen, aprenden a tantearse, a ver de qué pie cojean y luego, después de los años, pudorosamente, no se dicen “te quiero”, que es una cosa que todo el mundo sabe decir a la ligera, sino que se lo demuestran con esas pequeñas cosas de cada día, con esa solidaridad que, como decía el poema, hace que seamos “mucho más que dos”.

¿Merece esto una tener un día especial? Hombre, si yo fuera menos cursi de lo que soy, diría que, para una pareja funcional, sana, el día de los enamorados debería ser cada uno de los días del año, incluso en esos días en que mandarías a tu cónyuge a casa de su madre y, entre la palabra “su” y la palabra “madre” pondrías algún adjetivo que no le haría justicia a la pobre de tu suegra, que es una santa como todo el mundo sabe.

Pero qué caray, los niños de los fabricantes de bombones y de flores tienen también la manía de comer todos los días. Todo sea por la economía.

Besos de tu tío

(*)Ainara es la sobrina del autor

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Comentarios

Una respuesta a «Estar enamorado en Viena»

  1. Avatar de juan
    juan

    Cierto, se echaba de menos zona de descarga!

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