No es la llegada de mano de obra barata procedente del extranjero, ni siquiera son los efectos de la crisis. El WIFO ha encontrado la respuesta.
18 de Agosto.- Érase una vez una pequeña (pero salada) república alpina que salió de la segunda guerra mundial económicamente hecha polvo.
Gracias a la ayuda americana (y, naturalmente, a la industriosidad de sus habitantes) esta pequeña república se recuperó rápidamente y, en un plazo de tiempo que no llegó a veinte años, se convirtió en lo que es hoy: uno de los sitios del planeta en donde todavía merece la pena vivir.
Las claves principales de este éxito fueron dos: por un lado, invertir en un sistema educativo que, sin perder calidad, estaba más enfocado a la empresa que a los títulos (no como en España, y así nos va) y, por otro lado, la conciencia exacta de que, si Austria, como país, tenía alguna oportunidad para sobrevivir económicamente, no iba a ser por el mercado interior el cual, en términos económicos es bastante raquítico (hoy en día, más o menos la población de Andalucía) sino, principalmente, a través de la exportación de bienes y servicios de calidad. Así las cosas los austriacos se pusieron a producir y a venderle todas las cosas posibles principalmente a Alemania, su mercado natural y los núcleos industriales de este país se convirtieron en auténticos think tanks económicos, que le dieron un buen tirón a la prosperidad nacional.
Ahora bien, el milagro económico que no fue tal, sino una operación muy meditada duró más o menos hasta el año 2011. En ese momento, según un estudio del WIFO austriaco, se produjo un punto de inflexión de manera que, en estos últimos cuatro años, las exportaciones austriacas han ido perdiendo competitividad a nivel mundial. Esta pérdida de capacidad competitiva nos ha afectado a muchos de los que vivimos y trabajamos aquí porque, obviamente, si las empresas austriacas venden menos al exterior, se necesitan menos trabajadores para fabricar los bienes y servicios que se producen, por lo cual el paro aumenta y el nivel económico general se deteriora.
En un primer momento, el sector exportador de Austria ha tratado de competir en costes fabricando lo mismo pero más barato y esto, según el WIFO es un error. Las economías de los países emergentes, viene a decir el informe, ya hacen eso muy bien particularmente porque son como la España de los años sesenta (de hecho, los países emergentes tienen mucho que ver con la España de los años sesenta) y son como la España franquista en que la mano de obra está tirada de precio con lo cual el coste que representa la mano de obra incide muy poco en el precio final de los productos.
El informe del WIFO también dice que las exportaciones austriacas se concentran demasiado en productos y sectores que están estancados y que no crean tanto valor añadido como antes y que, si Austria quiere volver a ser lo que era, tiene que enfocarse en los sectores en los que puede competir. O sea, en aquellos basados en la tecnología y en el I+D (Investigación y Desarrollo). La madre del cordero, viene a decir el WIFO, está en inventar y en producir lo que nadie más ha inventado ni producido antes. Pero claro, eso cuesta dinero, principalmente en educación y en gestión del talento ¿Cometerá Austria el mismo error que España y se cargará su ciencia? Esperemos que no.
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