Del realismo hacia arriba

Flor¿Quién es más listo? ¿El que piensa que todo va a salir bien o el que hace algo para que los sea? La realidad de estos días nos da la respuesta

2 de Septiembre.- Querida Ainara (*) : cuando era (más) joven(cito que ahora) estuve en la ciudad norteamericana de Las Vegas. La cual, por cierto, a pesar de la fertilidad que sugiere su nombre está en mitad de una nada desértica. Las Vegas consiste básicamente en LV Boulevard (una autopista con tres carriles de ida y tres de vuelta) a cuyos lados hay hoteles que representan los sueños del americano medio. Los hoteles tienen su lado de escenario falso (generalmente los bajos) y luego, a partir del cuarto o quinto piso, las habitaciones. En los bajos de los hoteles hay vastos espacios lujosamente decorados (no necesariamente con buen gusto) en donde hay largas filas de máquinas tragaperras, a cuyo frente siempre hay sentadas personas con aspecto concentrado y, si me apuras, un tanto tristón. En las habitaciones reina una luminosidad tenue, siempre la misma las veinticuatro horas del día, y una temperatura lo más confortable posible, de manera que los jugadores no se den cuenta de si es de día o de noche y no sientan la tentación de irse a dormir y abandonar el juego. Un poco como el falso día que reina en los gallineros para que las gallinas sigan poniendo huevos.

En nuestra sociedad el lenguaje funciona a veces como esa falsa penumbra que intenta que las gallinas (nosotros) sigamos produciendo. Particularmente en las organizaciones con más influencia anglosajona se crean conscientemente términos tabú, realidades que no se pueden mencionar, al objeto de ahuyentar de la cabeza de sus componentes el fantasma de la preocupación o la desmotivación. Es el llamado pensamiento positivo.

Una mujer muy guapa

Esa forma de intentar controlar la realidad a base de taparse los ojos frente a ella no tiene nada que ver con el optimismo, y solo podía venir de un país de cultura tan infantil como para permitir que seres como Justin Bieber o Miley Cirus tengan permitido (aún) asomar la jeta en público.

 

Yo creo que soy un optimista (esto es, pienso que las cosas que podrían salir mal no saldrán todas mal o que, al final, encontraremos la manera de hacer de la necesidad virtud) y, como optimista que soy, no me considero para nada un gilipuertas de estos que van por la vida como si le hubieran arreado un viaje al bote del Don Límpio (antes, Mr. Proper)

 

Es más: creo muy firmemente, Ainara que, para tener alguna oportunidad de que las cosas salgan bien, es necesario mirar la realidad frente a frente y no hacerse falsas ilusiones sobre la verdadera dimensión de los problemas. Y si la cosa está chunga, hay que decir que está chunga y no, como dicen los imbéciles estos del pensamiento positivo que es “un reto”.

 

En estos días, por ejemplo, se está produciendo la llamada “crisis de los refugiados” la cual demuestra hasta qué punto el discurso racista, xenófobo e insolidario de la ultraderecha está calando en nuestras sociedades de manera que solo vemos en las personas que intentan entrar en Europa a individuos peligrosos, hablantes de idiomas abstrusos o practicantes de religiones bárbaras. Está este extremo o el de pensar en todas estas personas que vienen como en una especie de tropa angélica. Muy pocas personas son capaces de pensar, de manera auténticamente realista/optimista y asumir que sí, que probablemente en la masa de personas que viene habrá la cuota esperable –ni más ni menos que aquí- de personas malvadas, brutales, incultas, asociales, etcétera, pero que la mayoría de esa gente son personas como tú y como yo y que la sociedad europea –la cual, entre otras cosas, envejece a marchas forzadas- puede aprovecharse muy mucho del potencial de estas personas.

Hombre de color con flor dorada

Quién sabe si, andando el tiempo, alguno de los niños que yo fotografié ayer no estudiará y llegará a ser un gran médico, o una arquitecta de éxito con un sentido peculiar de las formas, o un informático de inteligencia analítica y aguda que encuentre soluciones eficaces a problemas que hoy no la tienen.

Por eso, entre otras cosas, es nuestro deber ayudar a estas personas. Porque no vienen a quitarnos, como dicen los malos o los tontos (o los malos Y los tontos) sino que vienen a darnos mucho más de lo que recibirán. Ayudándolos, nos ayudaremos a nosotros.

Besos de tu tío

(*) Ainara es la sobrina del autor


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