Aeropuerto de Schwechat

Schwechat Y futuro en Lyon. El artículo de hoy de Viena Directoestá escrito casi „in articulo mortis“ ¿La razón? Podrán suponerla mis lectores a nada que le den al link de continuar leyendo.

9 de Septiembre.- „El auténtico lujo es el tiempo“ me digo mientras me como tranquilamente una baguette con salmón y me bebo un agua mineral. Son las cinco y media de la madrugada y me voy a Lyon, a ver a un cliente.

El avión despega a las siete, pero cierta propensión (que viene de familia) a llegar con mucha antelación a los sitios que nos producen ansiedad -viajes, entrevistas de trabajo, en general todos los desconocidos- me han hecho, primero, levantarme a una hora odiosa, afeitarme en silencio y luego coger un taxi conducido por un loco muy simpático que no hacía más que hablar con una figura invisible que tenía sentada en el asiento del copiloto.

Sentado en el aeropuerto de Viena, me acuerdo de que yo lo vi antes de que se inaugurase, en construcción (ventajas de tener un blog) cuando aquel espacio era un almacén de muebles de hostelería envueltos en plástico y amontonados, y las luces parecían las puestas por un grupo de científicos que hubiesen ido a investigar una tumba egipcia.

También me dedico a mi pasatiempo favorito, que es el de observar a la gente. A mi lado, por ejemplo, dos ancianas vienesas, con sus anoraks guateados, se toman un café. Al fondo, pasa un grupo de chicos vestidos de los One Direction. Tengo visiones del futuro, cuando estén mirando fotos de hoy, si es que las miran, y se vean con los pelos rapados por los lados y la coletilla (o quiqui) sujeto a la coronilla por una goma !Mira que éramos horteras! Pensarán con nostaliga, como yo pienso cuando veo fotos (de otros) tomadas en los noventa.

(Aclaro que yo nunca he sido hortera).

Tiro los papeles y el vaso de plástico y, despacio, me encamino hacia la puerta F10. Como estoy en modo de alta seguridad, como siempre que estoy nervioso, compruebo cien veces por el camino que llevo la tarjeta de embarque y el pasaporte. Localizo la puerta F10. Está embarcando un vuelo con destino a Zurich. A mí me quedan todavía tres cuartos de hora para subir al avión. Pienso en qué escribiré hoy en Viena Directo. No lo sé todavía (sería un oligofrénico si, a las seis de la mañana, ya supiera lo que voy a escribir en el blog, casi veinte horas después) no sé todavía lo que me deparará el día, pero a la vuelta del destino está que me encontraré con el cardenal Schönborn y que viajaremos en el mismo avión (yo en turista, él en „bisnes“ que para eso es un príncipe de la Iglesia). De reojillo, como se hace con todos los famosos, observo a su eminencia. Es un señor muy envejecido con cierto aspecto de magdalena mojada en café con leche. Se le ve tristón, la verdad. Pero ya digo que a las seis de la mañana este acontecimiento del futuro para mí es una incógnita, lo mismo que ignoro si el cardenal elegirá subir al avión de los primeros, o esperará a que todos hayamos ocupado nuestro puesto.

(Opta por lo segundo, como todos los famosos).


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Comentarios

Una respuesta a «Aeropuerto de Schwechat»

  1. Avatar de sandra
    sandra

    Schwechat!!!!!,mira que he «deambulado» yo por este pequeñito aeropuerto mil veces y todavía no consigo pronunciarlo….Un saludo

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