Ceder o no ceder a los instintos (that is the question)

Make loveLa semana pasada, en uno de los programas más vistos de la ORF se produjo una entrevista muy polémica y a ratos, desagradable.

7 de Noviembre.- Como todo hijo de vecino (pobre) yo plancho y, cuando plancho, una de las cosas que me gusta hacer es ponerme un DVD -soy un antiguo-. Y uno de mis DVDs favoritos es la serie Murphy Brown, de la cual quizá alguno de mis lectores tenga memoria.

En MB, Candice Bergen interpreta a la presentadora estrella, algo neurótica, del informativo de la FYI, una cadena americana ficticia. Veterana reportera de la guera del Vietnam, veterana reportera política en Washington, preguntadora con el colmillo retorcido, buscadora incansable de la verdad.

La primera temporada de la serie arranca cuando Murphy Brown, después de una cura de desintoxicación por haber perpetrado una entrevista particularmente agresiva a Teresa de Calcuta, vuelve a la tele a su puesto normal.

Lean ustedes esta pregunta a ver si les recuerda a algo:

-Bien, usted fue condenada en firme por incitación al odio. Llama usted „negracos“ -traducción libre- a las personas de color, y dice totalmente en serio que las personas de color „llevan en los genes tener menos confianza en sí mismos“. Piensa que el Islam „debería de ser arrojado al mar Mediterráneo“. Sostiene que „el dinero judío del sionismo es un problema a nivel mundial“ y que el cambio climático es un „invento de la industria de la energía atómica y de la prensa amarilla“; le ha dado usted al „me gusta“ en todas las teorías conspiranoicas que hay en Facebook y opina que „somos controlados por una minoría totalitaria“ ¿Qué se le ha perdido a una persona como usted en el Parlamento?

Esta pregunta, impensable en un informativo español, fue formulada por Armin Wolf, jefe de las noticias de la ORF, cadena pública austriaca, a la diputada Susanne Winter, ex miembro del partido ultraderechista FPÖ.

La señora Winter fue expulsada de su partido la semana pasada por unas crudísimas afirmaciones antisemitas en su Facebook (como su partido hace prácticamente día sí y día también afirmaciones xenófobas, racistas, etc, el resto de las afirmaciones de Winter en Facebook se conoce que no les llamó tanto la atención). Desde el FPÖ se le ha pedido además que devuelva su acta de diputada -cosa a la que ella se ha negado- y ha continuado en la sede del poder legislativoa ustríacomo como lo que se llama „Diputada salvaje“ (Wilde abgeordnete) o sea, como diputada no adscrita a ningún partido.

La que he traducido, es solo una de las preguntas que Armin Wolf le hizo a la señora Winter en el curso de una entrevista que mis lectores pueden ver junto a este post y que, por momentos, daba bastante cosa.

La señora Winter es una señora de dudosísima catadura pero la verdad es que, en mi opinión, a Armin Wolf, como a Murphy Brown en el caso (ficticio) de Teresa de Calcuta, quizá se le fue un poquitín la mano porque, en Winter, al fin y al cabo un árbol caído -políticamente, sin el apoyo de su partido, está muerta- estaba castigando a la que fue su casa política y, aunque Winter hubiera podido, como el mismo Armin Wolf sostiene, montar en cólera o abandonar la entrevista o encararse con él, no lo hizo. Y yo creo que no lo hizo porque, como han sabido otros entrevistados antes que ella, y el mismo Armin Wolf sabe perfectamente, aunque se dejaría despellejar antes de admitirlo, Armin Wolf se aprovecha a veces de la posición de superioridad que le da el que la gente venga „a su casa“ a ser entrevistado. Y eso, en mi opinión, es jugar con las cartas marcadas.

Como te digo una có te digo la ó: soy un gran admirador de Armin Wolf y me parece que la democracia necesita a más gente valiente como él pero pienso también que, cuando uno traspasa determinadas líneas (aunque a uno le pida el cuerpo traspasarlas y aunque traspasarlas, como en el caso de Susanne Winter, pueda estar perfectamente justificado) se puede provocar sin embargo el efecto contrario del que se pretende.

Viendo la entrevista, el malísimo rato que estaba pasando Susanne Winter (un malísimo rato que, quizá, repito, se tenía merecido, porque la señora dista muchísimo de ser una santa) uno no tenía más remedio que ponerse en su piel y sentir algo de simpatía, a nivel humano por supuesto, por la entrevista implacable (y, sobre todo, muy desigual) que Armin Wolf estaba llevando a cabo.

El argumento de Armin Wolf para defender su trabajo es, en el fondo, que el gato es suyo y que él se lo folla cuando quiere (o sea, que él, en su estudio, puede hacer las entrevistas de la manera que le plazca) y que el que va al estudio del Zeit im Bild sabe a lo que va. Particularmente si es un político con el pedigrí de Susanne Winter, que es una señora que se ha metido en todos los charcos y se ha meado en todos los quicios. Pero uno, que ha visto la telebasura nacer en España, no tiene más remedio que pensar que es el mismo argumento que utilizaban Jesús Mariñas y su tropa de destriparreputaciones cuando cualquier ligeresa de cascos (o „ligereso“, tanto da) medio tonto o medio tonta pasaban por el plató de Tómbola o los que van a Sálvame ahora y que permitiría, en casos extremos, que el presentador dijera lo que dice la presentadora de televisión en la secuencia más premonitoria de Volver. Aquello de:

-Agustina, tú te has comprometido con esta cadena, si quieres curarte del cáncer tienes que hablar claro.

Por otro lado, sinceramente, si a la señora Winter, como sostuvo Armin Wolf, no se le había perdido nada en el parlamento, creo que tampoco se le  había perdido nada en un plató de televisión. O sea, que el interés periodístico de la cosa era cero patatero.

Creo que las personas que escribimos par un público, o que hablamos para un público, tenemos la responsabilidad de no ceder a determinados instintos; en bien sobre todo del clima social general, de la buena educación y de la propia consideración que tenemos el deber de tributarnos a nosotros mismos. Al fin y al cabo, las personas como Susanne Winter terminan siempre desenmascarándose a sí mismas. Solo es cuestión de tiempo ¿O no?


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