Viena-Bratislava en 8 minutos

El Gobierno eslovaco estudia nuevas alternativas de transporte que pondrían a Viena en una posición competitiva inmejorable a nivel internacional.

10 de Marzo.- Para darse cuenta de cuánto ha avanzado la tecnología, no hay más que ver las películas de James Bond. Y no la de los sesenta, con sus encantadores cacharros, sino las de Daniel -morritos calientes- Craig.

El otro día estuve viendo Casino Royale (2006) y los chismecillos con los que James Bond molaba hace diez años hoy nos parecen, aceptémoslo, cutrecillos.

La imagen del yuppi (hay que ser algo mayor, para acordarse de la palabra) la imagen del Yuppi, decía, en su coche, sacando con aire de follarín de la pradera un móvil del tamaño de un botijo de su maletín (con la correspondiente antena) pronto pertenecerán a lo entrañable (vamos, ya pertenecen a lo entrañable) lo mismo que los procesadores de texto con pantalla azul u otras antiguallas de la tecnología.

El siglo XXI está marcado porque lo que hoy nos parece una cosa increible, mañana puede dejar de serlo (a veces, la verdad, la sola posibilidad pone los pelos de gallina, como las futuras -y aparentemente ilimitadas- aplicaciones de los robots). En esto del avance tecnológico no se puede decir de este agua no beberé ni este clérigo no es mi progenitor.

Pensaba yo hoy todo esto mientras leía que el Gobierno eslovaco está muy interesado en probar, de aquí a final de año, cuán posible es construir, entre Viena y Bratislava un hyperloop.

Para aquellos de mis lectores que no estén familiarizados con el tema, el hyperloop no es una atracción de feria, sino un revolucionario medio de transporte que, apoyándose en una revolucionaria tecnología -la cual, además, dicen que es más barata que los trenes de alta velocidad convencionales- permitiría lanzar a personas a la vertiginosa velocidad de 1200 Km/h.

Semejante disparate móvil permitiría cubrir la distancia entre Viena y Bratislava en unos ocho minutos, con lo cual las distancias entre las poblaciones no solo se acortarían sino que tendrían un impacto en el mundo del trabajo flipante. Por poner un ejemplo yo, hoy en día, con los medios de transporte convencionales tardo desde mi casa a mi trabajo un poquito más de media hora. Teóricamente, con el hyperloop podría ir y volver a Bratislava en ese tiempo.

El Gobierno eslovaco, interesado en convertir Bratislava en un centro de innovación en pleno corazón de Europa, ya ha firmado un contrato con Hyperloop Transportation Technologies, para probar si el tren de altísima velocidad es factible.

El Gobierno austriaco todavía no ha mantenido contactos con el Gobierno eslovaco a nivel oficial, pero el próximo lunes el secretario de Industria austriaco se va a reunir con representantes del Gobierno eslovaco y el Hyperloop, con sus estupendas posibilidades, está sobre la mesa.

Siguiendo con una tradición que dura desde los tiempos de Sisí y su marido Sosó, el triángulo Bratislava, Viena, Budapest (no importa el orden) podría estar en la vanguardia de los transportes como ya ocurió cuando en 1914 Viena y Bratislava se unieron con la primera línea de ferrocarril eléctrico.

Parece cosa como de novela de Julio Verne, pero el primer trayecto de test del Hyperloop ya se está terminando en una localidad al norte de Las Vegas, en Nevada y, si todo sale bien, se quiere que la primera línea del Hyperloop esté en servicio pasado mañana, esto es, en 2018.

El Ministro de Transportes eslovaco ya sueña con una Europa interconectada por el Hyperloop, con trenes que puedan unir Bratislava con Londres en el mismo tiempo (o menor) que hoy utiliza un avión y, probablemente, con muchísimo menos impacto ecológico (porque la verdad, con el mundo como está, subirse a un avión está empezando a dar cosa) ¿Lo verán nuestros hijos? ¿Lo veremos todavía nosotros? ¿Quién hubiera pensado que, algún día, sería posible una tablet? Y mire usted, señora. Ver para creer.


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Comentarios

Una respuesta a «Viena-Bratislava en 8 minutos»

  1. Avatar de Ernesto Pastore
    Ernesto Pastore

    Entonces Sosó no era tan Sosó, puesto que los restos de su imperio y la Sissimanía trajeron miles de millones de euros a Austria.

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