Hoy, en el corazón de Viena, se ha hablado de España. De los resultados de las próximas elecciones generales cuya campaña ha empezado hoy.
10 de Junio.- La escuela diplomática de Viena está en la Favoritenstrasse, pared con pared con el Theresianum y es una institución docente con un prestigio casi tan antiguo como su tradición, en este país en la que se diría que, junto con la navidad y el esquí alpino, el ejercicio de la diplomacia es uno de los deportes nacionales.
Ocupa la escuela diplomática unos edificios a los que se accede por una puerta tras la que el visitante deja el ruido de una calle que, tras dejar de ser noble en el distrito cuatro, se hace más popular conforme se acerca a la Estación Central de Viena y a la populosa barriada de Favoriten, en donde se rozan codo con codo el proletario cabreado que vota al FPÖ y el hijo de los emigrantes serbios que no tiene derecho a decidir quién le gobierna.
En uno de los patios de la escuela, que da a un agradable parque, está la sala de conferencias de la institución. Un lugar decorado con maderas rubias y que ostenta ese aspecto escolar que terminan teniendo todos los espacios en los que la juventud hace el ensayo general de la vida (un ensayo general que, como es obvio y es sano que así sea, pasa por alto todas las cosas imprevisibles de la vida de verdad).
Allí he estado hoy, fotografiando una charla convocada por la sociedad austro-española. El tema que se ventilaba eran las elecciones generales españolas cuya campaña electoral empezó en la medianoche de hoy con la tradicional pegada de carteles, una pegada de carteles que, visto el panorama, pronto puede convertirse en una especie de tradición semestral. Una especie de tomatina de Buñol que se celebrase cada dos trimestres.
La charla llevaba por título algo así como „Las elecciones en España, una mirada desde fuera“ y los cuatro ponentes han tratado de hacer comprensibles, doctamente pero a uno le da la sensación que desde cierta perplejidad, lo que está pasando en el país que me vio nacer.
No entraré demasiado en lo dicho, porque Viena Directo no tiene por costumbre adentrarse en la política interior española (salvo que tenga alguna conexión con la austriaca o sus incidentes hayan provocado alguna reacción de importancia en la prensa transalpina) aunque sí que me gustaría citar lo que ha dicho una de las tertuliantes (me ha parecido muy inteligente) y es que, en España, la cosa se va a poner chunga porque, visto el percal que dan las encuestas, los partidos no van a tener más remedio que pactar y, para poder pactar, antes hay que alcanzar aunque sea un acuerdo de mínimos y en España, la verdad, no se nos dan bien esas cosas (y los políticos van montados en un tren de descalificaciones mútuas que ya quizá vaya demasiado rápido para poder pararlo).
Dejando esto aparte, sí que he constatado que la única manera que tenemos los seres humanos de juzgar realidades que nos pillan lejos es la comparación con lo que nos queda más cerca y claro, allí estaban los tertuliantes utilizando (muy inteligentemente, eso sí) la vara de la política austriaca para medir la política española, de manera que el resultado ha sido un poquito irregular a ratos porque, aunque mis dos países sean parecidos, también hay cosas que los diferencian mucho.
También creo que se podría haber profundizado más en un factor que yo creo que es clave, y es el generacional.
En España, en lo político (y en eso España se parece a Austria) lo que ahora mismo está abierto es un foso entre dos siglos, entre los nativos digitales y aquellos para los que la cultura digital ha sido algo aprendido, y los llamados „partidos emergentes“ (o no tanto, como el FPÖ en Austria) lo único que han hecho ha sido darse cuenta de esto. Y utilizarlo.
En una época en que todos competimos ferozmente por la atención de los demás (las personas, las instituciones y los medios), se han dado cuenta de que la única manera de arrebatarles el monopolio del espacio público a los partidos tradicionales era utilizar espacios que para „los de siempre“ son (o eran) invisibles. Y luego, encima, echarles en cara el haberse quedado anquilosados llamándoles „casta“ o cosas peores.Un caso de manual de darwinismo y adaptación al medio.
Tanto en Austria como en España los políticos que toman las decisiones, que vociferan en los debates, los hombres y las pocas mujeres que mandan en los consejos de administración de las grandes empresas, son hijos del siglo XX y acarrean ese lastre irremediable de pensar que, cuando un político o un señor con corbata abre la boca, automáticamente va a tener un público.
Y no, señora, estamos en la era de internet.
Y hay Facebook, y Twitter y blogs como este, que son pequeños (vamos, Viena Directo es minúsculo) pero que hacen lo imposible por ser lo que sus lectores quieren y ofrecerles lo que ya ningún discurso estándar les ofrece. Y hace ya VEINTE AÑAZOS de todo esto, que se dice pronto. .
Ya no vale decir que los nuevos partidos están utilizando medios modernos „como internet“ porque internet ya no es moderna. No es un arma secreta que alguien haya inventado ayer por la tarde y que solo esté al alcance de los hypsters. Internet es un commodity. Lo mismo que, aunque nos duela a los que tenemos cuarenta años, los noventa son, para la mayoría de los jóvenes, su infancia (aunque para nosotros sean antes de ayer y podamos acordarnos perfectamente de lo que estábamos haciendo, pongamos, en 1995 o en dónde vimos la inauguración de los Juegos Olímpicos de Barcelona).
La presencia del señor embajador del Reino de España, el cual ha hecho votos de poner una cara de póker se dijera lo que se dijera y el marco, y el público (culto, variado, presuntamente poco amigo de estridencias) han hecho que la charla discurriese por unos derroteros que han procurado bordear cuidadosamente cualquier tipo de asunto que vulnerase los consensos más aceptados entre las personas educadas. La charla ha sido interesante, sobre todo para el público austriaco asistente, que estaba allí para hacerse una idea general, pero como oyente español quizá hubiera sido más gratificante algo más de mordiente en el análisis.
En cualquier caso, cosas como esta se agradecen y uno espera que se repitan.


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