En vísperas del enésimo susto del año 2016 vamos a ver qué podemos aprender de lo que, a primera vista, parece una anécdota sin importancia.
7 de Noviembre.- El otro día, explicábamos que dos homosexuales vieneses habían obtenido la adopción de una criatura. Naturalmente, la cuestión ha provocado algunas reacciones. Entre ellas la de un diputado de los Neos, un caballero de mediana edad llamado Christoph Vavrik. El día en que se supo la noticia, el señor Vavrik publicó en sus redes sociales un comentario diciendo que, en el futuro, lo que él calificó como degeneración (“Abartigkeit”, fue la palabra que utilizó) sería contemplado por nuestros sucesores en este planeta con la misma mirada horrorizada que hoy dedicamos a la esclavitud.
Naturalmente, la dirección de su partido (que bastante tiene, la pobre) no solo se ha distanciado de estas manifestaciones a la velocidad del rayo, sino que, entre bambalinas, seguramente ha conminado al señor Vavrik a que, políticamente hablando, se multiplique por cero y, después de hacerlo, no pierda el tiempo y se divida por dos.
Dicho y llevado a cabo: el señor Vavrik, obediente, lo ha hecho (lo de multiplicarse por cero) y, después de borrar el mensaje de lo que las columnistas del ramo marujil llaman “sus redes sociales”, ha dicho, como Rocío Jurado (la pobre) que “más nunca vuelve al AVE” y que no se va a presentar a futuras elecciones, y que siente mucho haber utilizado primero, la palabra “Abartigkeit” y luego, la comparación con la esclavitud. Relación laboral (si es que puede llamarse laboral) que a todos nos parece execrable, pero que a la que hacemos “oidos ciegos” cuando se trata, por ejemplo, de que se produzcan ropas más baratas en Asia, pero bueno…Ojos que no ven, estacazo que te pego.
Bueno, a lo que íbamos. En Austria, en Alemania, en la lengua, en general, de Romy Schneider, aquello de mentar las “Art” (o sea, algo así como “la especie”, “la clase”, que es tanto como decir “la raza”) remite a los oscuros días de los años treinta. En alemán, más que en español yo creo, las palabras tienen un ADN muy identificable y, creo también, denuncian más lo que le pasa al usuario entre los parietales.
Así, quien habla de Abartigkeit lo mismo que quien hablaba de la “Entartete Musik” (o sea, de la Música Degenerada) naturalmente está denunciándose a sí mismo como una cosa muy fea e, ideológicamente, más próxima al cuaternario a estos principios del siglo XXI (por mucho que, en este siglo XXI, haya cienes y cienes de votantes de Donald Trump que sigan pensando que Dios nuestro Señor creó el mundo en seis días y una siesta).
Por supuesto, para los Neos, “versos sueltos” como el señor Vravik también constituyen un problema. Un problema fundamentalmente de posicionamiento de marca.
Para un sector de sus votantes o simpatizantes los neos son todo lo de derechas (o liberal, según la terminología al uso) que uno puede ser, pero sin tener la rémora de la sacristía que aún se le ve al ÖVP y, por supuesto, sin pasearse por el lado salvaje de la política como los votantes/simpatizantes del FPÖ.
La clave de esta cuadratura del círculo viene a estar, por ejemplo, en que los Neos, a fuer de liberales (y liberales en este contexto también quiere decir tolerantes con la cartera de valores más al uso) están oficialmente de acuerdo con que los homosexuales consigan los mismos derechos que los heteros. Los Neos se ven (y se venden) como una especie de regeneracionismo tecnocrático (aunque a lo más que lleguen sea a un quiero y no puedo que, en su caso, se reduce a representar ese papel de cuñado sabihondo que hay en todas las familias y que luego, en una conversación un poco profunda, le dura dos asaltos al que sabe de verdad de las cosas). Much ado about nothing, en resumen. Pero en ese ten con ten, naturalmente, sobran las opiniones extremas y al señor Vravik entre caña y caña, se le olvidó, al pobre. Así que en algún tiempo se quedará en el paro, de la política por lo menos.

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