Hotel Intercontinental

El post ideal de Viena Directo es aquel en el que la vida de su autor hace intersección con la actualidad vienesa.

18 de Enero.- El lunes no escribí porque estuve en un concierto en la Konzerthaus, uno de los sitios más hermosos del mundo (y me quedo corto).

A mí es un auditorio que, no sé por qué, es entrar en él y me hace feliz. Quizá sea porque es un poco viajar en el tiempo. Todo está tan bien conservado, es un edificio art nouveau tan bien acabado, con su escalinata para entrar a la sala, y su relieve del emperador Paco Pepe en su caracterización de abuelete de la patria, y esas lámparas y esos dorados…En fin, que da gusto.

Tras el concierto, que terminó como suele pasar con estas cosas a las diez de la noche, mis acompañantes y yo, que teníamos algo que celebrar, fuimos al cercano hotel Intercontinental a tomarnos unos cócteles (porque hoy es hoy, como decían en el anuncio de la Caja Roja).

Otro viaje en el tiempo, esta vez a los años sesenta del siglo pasado. El Intercontinental es un hotel que le hace uno pensar en señoras con el pelo cardado y la raya del ojo pintada, bebiendo cócteles de esos que te tomas uno y estás agustito, te tomas dos, y te da la risa floja y te tomas tres y te pones a cantar “Stop in the name of love” de las Supremes, con golpe de melena estilo Carrá incluido.

Como eramos tres vieneses y medio, y ya se sabe que los vieneses, de verdad o de palo, tendemos a la melancolía, nada más ver aquel esplendor de paredes paneladas y lámparas de refulgente bronce y tapices falsos de Aubusson, suspiramos y dijimos “qué pena que esto lo vayan a demoler”. Porque siempre pasa: la belleza tiene los días contados.

Se lo dijimos al camarero que nos tomó nota y el hombre nos tranquilizó diciendo que, hasta por lo menos 2019, íbamos a poder seguir castigándonos el hígado en un entorno tan privilegiado y que renovarse o morir, qué caray. Y ante nuestras protestas:

–Schauen´s -o sea, miren ustedes- el edificio está anticuado, energéticamente es total ineficiente, las habitaciones son canijas…En fin, que tampoco es para tanto lo de la demolición.

-Pero ¿Y todo esto? -decíamos nosotros, señalando el hermoso bar coronado por una impresionante cortina de cristal o los pesados sillones que hacen que uno se sienta en un sitio cómodo y discretamente opulento.

Y el camarero, hizo un gesto ambíguo con la mano, como diciendo “¿Todo esto? Trastos, hombre. Lo que venga será mejor”.

El problema es que la UNESCO no piensa lo mismo y le ha llamado la atención a la ciudad de Viena, cuyo distrito 1 es patrimonio de la Humanité. Cambiar las proporciones del hotel Intercontinental, edificio que se ve desde, por ejemplo, el Belvedere, cambia también el paisaje del distrito 1 y puede afectar a la calificación de Viena como patrimonio de la Humanidad.

Los arquitectos encargados de la reforma del Hotel Intercontinental y de la plaza a sus pies (el famoso Eislaufverein) en colaboración con el ayuntamiento de Viena, se han visto obligados a retocar a toda prisa el proyecto, para que el alto “Manolito” que hubiera sido la nueva torre del Intercontinental adquiera unas proporciones más modestas. No se ha terminado la polémica, sin embargo. La demolición, como decía el camarero, y con ella las obras de reconstrucción, empezarán en el verano de 2019.


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