Sanciones, coronavirus y picaresca

Últimas cifras – sanciones (económicas) por no llevar mascarilla – ¿A cuánto está el barril? – Coronavirus y picaresca – la belleza tendrá que esperar – si no hay cerveza, pues se compra

10 de Abril.- Muy buenas tardes a todos y bienvenidos, una tarde más, a la segunda edición de Viena Directo.

Desde que la pandemia llegó a Austria -desgraciadamente, para quedarse- este blog tiene dos actualizaciones. Una a eso de la una y otra a eso de las ocho. Y en las dos contamos todas las noticias del coronavirus en español.

Como es habitual desde hace ya casi un mes (!Un mes!) empezamos con las cifras de positivos.

A las tres de la tarde de este bonito y primaveral día había en Austria 13.492 positivos por coronavirus (sobre un total de 134.743 tests realizados).

6064 personas pueden comprarse una camiseta que ponga „el coronavirus no es invencible“. Lamentablemente, hay que lamentar que Austria ha pasado la barrera de los 300 fallecimientos. Hoy, a las diez de la mañana, el Gobierno austriaco ha notificado que 319 personas se han marchado debido al Covid-19.

-Durante estos días hemos hablado mucho de mascarillas, cubrebocas, barbijos, nasobucos y demás. Ya saben mis lectores que, a partir de la próxima semana, a la obligación de ir tapado a comprar al supermercado se va a unir la de utilizar protección en los transportes públicos.

Las Wiener Linien ya dijeron, por mediación de su „portavoza“ que les parecía muy requetebién y que colaborarían con el Gobierno en la tarea de intentar que los viajeros se convenzan de que es la mejor solución.

Para aquellos más rebeldes o más inconscientes, el Gobierno está preparando una nueva ordenanza (!Tacháaaan!) que permitirá a la policía cascarle una multilla de veinticinco euros a aquellos que decidan que las mascarillas no son lo suyo.

La ordenanza en cuestión está previsto que se publique próximamente (o sea, entre hoy y mañana, con „viernesidad“ y alevosía).

Viena. Cruce de Mariahilferstrasse con Neubaugasse

-Si no fuera porque todos estamos hablando de pandemias, de fiebres, de toses y de sustos varios, la noticia económica de estos días hubiera sido el enfrentamiento que Arabia Saudí (cuando yo era chico se escribía „Saudita“) y Rusia están teniendo a cuenta del petróleo.

En principio, a todo el mundo (menos a los países productores, como es lógico) le conviene que el precio se mantenga bajo, pero el enfrentamiento entre estas dos potencias del oro negro estaba ahogando (más, si cabe) a las economías de los países productores a las cuales se les había juntado el hambre con las ganas de comer. Esto es, la bajada de los precios con la caída en picado de la demanda (claro: no vuelan aviones, no corren raudos los coches por las autopistas, no navegan los barcos, pues se ha vendido durante este último mes hasta un treinta por ciento menos de petróleo).

–!Esto no puede ser! -ha dicho la OPEP (Organización de Países Productores y Exportadores de Petróleo, cartel que tiene su sede, por cierto, en Viena, ciudad que le resultará familiar a todos mis lectores).

Así pues, tras idas y venidas, videoconferencias y batallas dialécticas parecidas a las de Pimpinela en los años ochenta, los países productores de petróleo, menos México, han decidido que para remontar un poco los precios la única solución es rebajar la oferta, claro que yes.

Así pues, en los próximos meses, se retirará de la circulación hasta un diez por ciento de la producción mundial, para intentar que el barril de Brent (que es la unidad que sirve de parámetro para saber si el petróleo está caro o barato) vuelva a costar más caro (ahora está en los aledaños de los veinte dólares).

Será el proverbial balón de oxígeno para las economías de los países productores que, con la que está cayendo, andan escasas de alegrías (los pobres).

-Volviendo a Austria. Dice el refrán que cría fama y échate a dormir. Gran verdad. Los países mediterráneos venimos a ser, no solo en la mente de los supuestamente probos centroeuropeos sino entre nosotros mismos, los reyes de la picaresca.

El tópico es que, si hay una situación determinada, ya encontraremos nosotros la triquiñuela para sacarle provecho.

Sí, sí. Fíate de los probos y no corras, como dijo aquel.

El Ministro de Economía de Esta Bonita (aunque a ratos no tan honrada) República ha anunciado que se van a implantar controles para verificar que las empresas que están poniendo a sus trabajadores en reducción de jornada en realidad los tienen en jornada reducida y no los tienen trabajando las mismas horas y dejando que les pague el Estado por su biútiful féis.

El Ministro, más cabreado que un indio sioux, ha dicho que !No hija, no! „que no se piense la gente que los tiempos de crisis son tiempos sin ley“ y ha anunciado que todo el peso de la ídem caerá sobre los listos que quieran enriquecerse a costa de estos tiempos duros.

La Arbeiterkammer ha hecho saber además que cada vez hay más denuncias de trabajadores que acusan a sus jefes de presionarles para que dén datos falsos de horas trabajadas o que les hacen trabajar cuando se supone que deberían estar en casa. También se han detectado casos en donde se comunica que la empresa está en Kurzarbeit en casos en donde no habría razones para hacerlo.

La Finanzpolizei, o sea, la unidad de la policía especializada en delitos fiscales, va a controlar a las empresas (ya hay sospechas de 35 infractores) y va a comunicar los datos al AMS. De esto se derivarán las correspondientes sanciones.

O sea, que quien piense que los alegres países del sur inventamos la picaresca, debería revisar sus prejuicios.

Tatuaje carcelario

-Y como siempre pasa, unos tanto y otros tan poco. Mientras la gente ya está esperando con ansiedad la apertura de las peluquerías, al objeto de podar las guedejas y realizar la tan ansiada operación raíces y puntas, otros profesionales del gremio de la belleza, que no van a poder abrir todavía, han decidido enviar a su clientela un mensaje de ánimos, para que resistan y aguarden tiempos mejores.

Pedicuros y pedicuras, salones de cosmética (porque la mujer desciende del mono tanto como el hombre, y unos y otras están ansiosos/as de librarse de los vellos supérfluos), masajistas (sin final feliz), taladradores/as de piercings, tatuadores/as y pintores/as de uñas han declarado, a través de sus asociaciones regionales y estatales que, desgraciadamente, no están incluidos en el plan de vuelta a la normalidad del Gobierno y que la clientela tendrá que esperar. Han advertido también del intrusismo de aficionados/as no homologados que hacen chapuzas a domicilio (como Pepe Gotera y Otilio) sin contar con las medidas higiénicas ni la homologación.

Strippers, culturistas, profesionales del sexo de pago (yo conocí a un maquillador una vez que me contó que sus clientas más estables y las que más puntualmente pagaban eran las hetairas), personas humanas que quieran contar con más orificios que aquellos con los que la naturaleza (tan sabia) nos dotó, legionarios a la espera de poder declarar en sus rotundos bíceps el amor de su madre, amas de casa que quieran dibujarse una paloma en el coxis o sorprender a sus esposos tiñéndose las partes íntimas con los aguerridos colores del Rapid Wien, en fin: todos y todas, desgraciadamente, tendrán que esperar mejores tiempos de más relajación, en los que volvamos a dedicarles horas a nuestro cuerpo y a su embellecimiento.

Llegarán, no preocuparse. Hasta entonces, eso: a mantener el vello púbico en su color natural. En plan jipi y tal.

Viena. Un camarero con una bandeja llena de jarras de cerveza

-No se sabe por qué, quizá para celebrar que el primer ministro británico, Boris Johnson, está en el camino de la recuperación, un caballero de Salzburgo, saltándose flagrantemente las ordenanzas del coronavirus, sintió la llamada de la selva y se puso en camino. Llegó a una tienda de la bonita localidad salzburguesa (o „salzburguí“) de Strasswalchen, entró a una tienda y en un estado que delataba a todas luces que llevaba los riñones al jerez (o al lúpulo) pidió dos cajas de cervezas (o sea „fos cajas de fervesa“) El tendero se las dió, pagólas el cliente y, medio a gatas, las cargó en su utilitario.

Personas observadoras que había en las cercanías se dieron cuenta de que el hombre estaba en un estado capaz de ponerse a cantar Los Campanilleros como Perlita de Huelva (o Te Estoy Amando Locamente, de Las Grecas, si es que en Strasswalchen la conocen) y alarmaron a la policía.

Las fuerzas del orden (que debían de conocerle ya) encontraron a nuestro alegre amigo en su domicilio (al que había llegado, sorprendentemente, conduciendo) y le hicieron el correspondiente test de alcoholemia (que dio muy alto).

Preguntado el hombre por la razón de su comportamiento, declaró lo obvio: que se estaba poniendo como una cuba, que se le había acabado la cerveza y que había ido a renovar existencias.

-Pues va a ser que le vamos a multar, caballero.

–Pos güeno, fúltame, ni falta que me imborda -dijo él.

Y así quedó la historia.

Y con esta noticia verídica, me despido de mis lectores hasta mañana a la una, esperando que hayan encontrado muchos huevos de pascua (con perdón) y que disfruten estas fiestas en un marco íntimo pero feliz, que no favorezca la expansión del coronavirus.

Hale, mañana, más. Saludos cordiales a todos.


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