Salzburgo, casco antiguo

Vodka y cabaré

 

Ni un enfermo ni medio -Life is a cabaret, old champ – el vicepresidente «rebozado» – el presidente que bebe vodka

9 de Mayo.- Muy buenas tardes a todos y bienvenidos a una nueva edición de Viena Directo, el blog para la gente que quiere saber más (y, mientras tanto, reirse un poquito si se puede)

Como siempre, antes de entrar en las noticias, vamos a dar las cifras.

A las tres de la tarde se habían contabilizado en Austria, según datos del Gobierno 15.756 positivos al test de coronavirus. Esto supone un incremento de 19 casos con respecto a la última cifra.

En este momento hay en Austria 1290 personas pachuchas con el virus malandrín y, desgraciadamente han fallecido 615 pacientes de resultas de las secuelas de la Covid-19.

Con relación a esto, hoy vamos a empezar con una buenísima noticia.

La ciudad de Salzburgo ha notificado que, en este momento (que se sepa) no hay ni un solo enfermo en su término municipal. En la ciudad de Sonrisas y Lágrimas, señora, todo son sonrisas en este momento.

No hay, sin embargo, que confiarse, porque el virus malandrín se las sabe todas y hay personas que son asintomáticas (o sea, que lo pasan sin darse cuenta) y que lo transmiten también, de manera que aunque usted esté en Salzburgo no ha llegado la hora todavía de rebozarse con sus conciudadanos (solo con aquellos o aquellas con las que usted se reboza habitualmente).

 

No, el cabaré no es esto (Sarita Montiel en su inmortal «flin», la Violetera)

-Como ustedes saben, el cabaré es un género muy querido por los austriacos. Naturalmente, aquí no tiene el cabaré nada que ver con aquello que nos acostumbramos a ver en las películas de Sara Montiel o en aquel musical con Liza Minelli y Joel Grey. O sea, que no consiste la cosa en que haya mujeres de esas que fuman y te llaman de tú que, de vez en cuando, y por dar un poco el pego, cantan canciones picarescas.

El cabaré austriaco es menos un género sicalíptico y más un género intelectual y tiene más que ver con los monólogos cómicos.

Uno de los mayores representantes de este género (y, en mi opinión, uno de los hombres más nobles y más listos de Austria, una especie de Armin Wolf de las tablas) es Josef Hader. El actor ha querido pronunciarse a propósito de lo que va a significar para él el asunto de tener que trabajar en tiempos del coronavirus y, la verdad es que, a diferencia de otros compañeros de profesión (los otros actores que hacen teatro con decorados y calavera en la mano) o los cantantes de ópera, Hader ve la cosa con bastante tranquilidad.

Su teoría es que, si hay que trabajar frente a un público enmascarillado, pues se trabaja, que tampoco pasa nada. Textualmente: „se hacen al principio un par de bromas relacionadas con las mascarillas y ya está“.

Hombre, representar con mascarilla „Romero y Julita“ el inmortal drama de Chéspir sobre un cabo de la policía municipal que se enamora perdidamente de la dueña de una tienda de gominolas o „Todos eran mis hijos“, la biografía de Julio Iglesias, puede ser más complicado, debido a que no solo es que el público tenga mascarilla, es que los actores, por mor de la trama, tienen que rozarse (y en estos tiempos del corona volvemos a los tiempos en que los actores no deben rebozarse) pero, según ha señalado Hader con más razón que un santo, „los cabaretistas podemos reaccionar mejor que el resto de los actores“.

Es lo que tiene trabajar con pocos medios, que al final todo es muy robusto.



Josef Hader en acción

-Cuando esta guerra termine, quizá algún escritor se dé cuenta de que hemos estado todo este tiempo sentados sobre una mina de oro.

Si bien, son tiempos trágicos y hay mucho que lamentar (sobre todo las personas que han sufrido alguna pérdida sensible) también es cierto que están surgiendo miles de anécdotas que explican la condición humana.

Si usted pensaba que lo del presidente de ese país que no veía descabellado el echarse a pecho el Mister Proper o radiar a sus conciudadanos con dosis de luz „muy intensa“ al objeto de matar al bicho era la repanocha y lo último que le faltaba por oir, agárrese que vienen curvas.

El vicepresidente de la Cruz Roja de Rumanía, un caballero llamado Viorel Catarama, ex político e industrial del mueble, ha intentado (parece ser) infectarse de coronavirus por todos los medios. Quería demostrar que las medidas que el Gobierno rumano ha instaurado en la patria del conde Drácula son una filfa supérflua.

¿Y qué hizo Catarama para contagiarse?

Pues „rebozarse“. Largo y activo, o sea, ni corto ni perezoso, se desplazó hasta la bonita localidad de Barbulesti (marco-incomparable-de-belleza-sin-igual) y allí abrazó enérgicamente a un señor que estaba pachucho de coronavirus (no se dice si le palmeó fuertemente las espaldas como hacen los rumanos bragados cuando abrazan a un conciudadano con intención de contagiarse de una enfermedad potencialmente mortal). La fiscalía de Rumanía, al saberlo, ha denunciado a Catarama por infracción contra la ley que pretende limitar la expansión del coronavirus.

El rumano, „sin encambio“ no se ha dejado amilanar.

„Estoy convencido -ha escrito en su Féisbul- de que no me va a pasar nada y que ha sido un gran error condenar a Rumanía a la bancarrota y coartar nuestros derechos fundamentales y nuestra libertad. De esto van a tener que responder más tarde o más temprano los culpables“.

 

En el mundo están suspendidos todos los actos multitudinarios. Bueno, en casi todo el mundo.

Otro que también ha decidido que correr es de cobardes es el presidente de Bielorrusia, Lukaschenko.

El presidente Lukaschenko, dispuesto quizá a demostrar que, si bien sus neuronas no funcionan demasiado bien, tiene la testosterona de la mejor calidad disponible, convocó a sus conciudadanos a celebrar el fin de la segunda guerra mundial con una gran parada militar.

Venga de soldados, venga de jets de caza, venga de aglomeración, venga de público sin mascarilla.

Y el mandatario bielorruso más feliz que una perdiz.

Lukaschenko ha calificado la pandemia de coronavirus de „psicosis“ y ha recomendado a sus conciudadanos que, para librarse de virus y miasmas, visiten la sauna y beban mucho vodka, que el alcohol desinfecta. Y que, si eso tampoco funciona, jueguen al jóquei sobre hielo, para criar defensas.

En fin, y después de estos chascarrillos, emplazo a mis lectores a nuestra siguiente cita, que será mañana a la una.

Les recuerdo también que mañana a las siete estaré en directo con noticias y otros chascarrillos y que, si así lo desean, se podrán pasar a tomarse un café conmigo (o lo que gusten). Será en la página que este blog tiene en Féisbul.

De manera que, sin más, y hasta ese momento, les deseo a todos los lectores de Viena Directo que pasen una tarde estupenda y con la mejor salud.

Un cordial saludo.


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