La duda de Ariadna

Una lectora me ha preguntado y me ha pedido que yo, a mi vez, también pregunte. Y como soy muy obediente, eso hago.

15 de Junio.- Hoy hace tres meses casi exactos desde que la pandemia llegó a Austria y, rápidamente, el país entró en una hibernación que resulta doblemente meritoria si tenemos en cuenta la alergia que le tienen los aborígenes a los imprevistos.

Tres meses en los que nuestra vida ha cambiado muchísimo. Tres meses que nos han colocado al borde de la disrupción. Tres meses durante los que se han acelerado muchos cambios que todos pensábamos que tardarían mucho más tiempo en llegar.

En estos tres meses, Viena Directo también ha experimentado una notable transformación. Se ha hecho más informativo y más ágil, creo yo. Ha encontrado nuevos lectores que se han unido a los que ya conocían el blog ( !Gracias !) pero hay una cosa que no ha cambiado, y es el espíritu de servicio que tiene el blog. Me llena de alegría cada vez que recibo correos de gente consultándome esta cosa o la otra o, símplemente, como hoy, contándome cómo les va la vida.

Ariadna pregunta, Paco responde

Ariadna (nombre, por supuestísimo, inventado) me escribió el otro día a propósito de cómo ha llevado ella estos meses y solo traigo a este espacio su historia porque ella me lo ha pedido así.

Según ella me ha contado, Ariadna vive en Austria desde hace ya un tiempo (llegó en 2012). Vino, como otra mucha gente, de la mano de su pareja. Encontró un trabajo y se asentó aquí. Aprendió alemán y encontró una ocupación en una empresa familiar de cerca de donde ella vive (de nuevo, estos datos me los reservo).

El caso es que cuando surgió la emergencia del coronavirus y al no poder garantizar la empresa la seguridad de los empleados, se estableció un turno de rotación, de manera que no estuvieran todos los empleados a la vez en las oficinas de la firma. Al principio, me cuenta Ariadna que ella disfrutó mucho del teletrabajo (cada semana tenía dos días presenciales y tres trabajaba en su casa). El teletrabajo le permitía organizarse mejor para muchas cosas y, sobre todo, le ahorraba casi hora y media de carretera todos los días.

Sin embargo, a eso de mediados del mes de abril, Ariadna empezó a sentirse si no deprimida, sí muy desmotivada, muy cansada. No se preocupó mucho porque pensó que sería la primavera que a ella, según parece, le afecta mucho. Quince días más tarde, sí que empezó a preocuparse porque, a pesar de que, objetivamente, tenía todas las razones del mundo para ser feliz, sentía una apatía que empezaba a dificultarle disfrutar de las cosas de las que siempre había disfrutado, entre ellas, de su pareja con quien se llevaba fenomenal (no hay peligro de divorcio) o de los humildes placeres de todos los días.

Empezó a pensar si no estaría al principio de una depresión e incluso pensó en buscar ayuda si la cosa se prolongaba. Dándole vueltas, sin embargo, encontró que la culpa de sus males quizá la tuviera el teletrabajo y es que, debido a las especiales circunstancias que todos hemos pasado, se dio cuenta de que pasaba mucho más tiempo sola de lo normal y que esa falta de contacto social (con sus colegas en el trabajo, amigos, familia política, etc) la estaba llevando por la calle de la amargura (nunca mejor dicho).

Ariadna me preguntaba en su correo si era la única o si había recibido más mensajes en este sentido.

Así que yo dejo su pregunta también aquí.


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Comentarios

Una respuesta a «La duda de Ariadna»

  1. Avatar de Juan Ignacio

    En mi caso es casi lo opuesto. Siento, claro, algo de ansiedad por la incertidumbre de la situación, pero no echo de menos la oficina, y, aunque echo de menos a algunos de mis compañeros, el no estar rodeado constante de cientos de personas haciendo ruido lo compensa con creces. Me asusta, de hecho, si algún día tengo que volver a los cuatro días a la semana de oficina. Creo que me costaría bastante adaptarme de nuevo a eso.

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