gares que, normalmente, no son accesibles. Los templos se sacan unas limosnillas, atraen a posibles conversos (en Austria abandonan el catolicismo 40.000 personas al año) y, de paso, hacen una nada despreciable labor de marketing para aquellos que financian a su confesión mediante el impuesto de la iglesia.
Estas lamparitas corresponden a la Peterskirche, que está en el Graben. Es una iglesia lujosa y recoleta que siempre está de bote en bote. Ayer, se podía ver de cerca el impresionante altar mayor barroco, mientras un sacerdote te iba explicando lo mucho y bueno que los artistas del dieciocho habían puesto en él.
Este soldado serio es el último emperador de Austria, beato de la Iglesia Católica. Como expliqué ya cuando hablé de su mujer Zita de Borbón y Parma, el Tribunal para la Causa de los Santos acreditó que, por intercesión del ex emperador, se había producido una curación sobrenatural. Ahora sólo falta que alguien más se cure de manera inexplicable y la ex familia imperial austriaca tendrá un santo en toda regla.
La Peterskirche es, por cierto, la Iglesia del Opus Dei en Viena, como puede verse en este gráfico (el del repostero es monseñor Escrivá de Balaguer, fundador del OD y, de resultas de las pías gestiones de sus miembros, santo patrón de la prelatura)
Esta imágen corresponde al interior de la Augustinerkirche, una iglesia donde, en invierno, se podrían colgar bacalaos congelados sin temor a que sucediera ningún percance. La Augustinerkirche, que es la iglesia del convento de los Agustinos, es famosa por sus conciertos dominicales, en los que se pueden escuchar grandes obras de la música clásica en directo y a precios reducidos.
En esta capilla de la Augustinerkirche, dedicada a Nuestra Sra. de Loreto, estaba congregada toda esta gente (y un servidor de todos mis lectores con ella) para ver el cuartito donde se guarda la cincuentena larga de corazones de los Habsburgo. Esto, tiene su historia, como cuenta el padrecito de la foto siguiente). Cuando un emperador se moría, en el momento de embalsamarle, mandaban el corazón a la cripta de Loreto, las entrañas y otras casquerías al Stephansdom y por último depositaban el cuerpo en la Cripta de los Capuchinos.
En la sacristía de la Augustinerkirchepudimos admirar también todo tipo de objetos relacionados con el culto. Custodias (como las de esta foto) pero también ropa talar. Casullas bordadas de seda y oro, y otros cachivaches religiosos.

La foto siguiente sólo se puede hacer el día de la larga noche de las iglesias, porque esta capilla, situada en la universidad de Viena, suele estar cerrada normalmente. Es la capilla, si no me engaño, de la Santa Cruz.
En serio: la capilla es impresionante.
Otro detalle del interior de la iglesia.
Tras tanto premiar al espíritu, hubo lugar también para darle un poco de alegría a nuestro cuerpo (Macarena).


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