Los tranvías vieneses, a 18 grados

Las Wiener Linien se han lanzado a un ambicioso plan de ahorro de energía. No solo por la crisis ucraniana, sino también por el medio ambiente.

6 de Octubre.- Ayer, los representantes de los Gobiernos de los 27 acordaron un nuevo paquete de sanciones -el octavo- contra la Federación Rusa.

Se trata de la respuesta de las democracias a los referéndums ilegales que han terminado con la anexión de una sexta parte del territorio de Ucrania. Las sanciones se han aprobado por una unanimidad que no se esperaba, sobre todo por parte del Gobierno húngaro. Nuestros vecinos de Budapest se han caracterizado hasta el momento por darle a la Unión una de cal y a Putin una de arena. Aunque es bastante probable que en su aquiescencia haya influido que las sanciones son mucho menos duras de lo que podrían haber sido y que la Unión Europea está intentando por todos los medios empapelar al Gobierno húngaro por corrupción y por otra cantidad de cosas, entre ellas el hostigamiento a mujeres y minorías, por ejemplo, a los homosexuales.

Entretanto, como no hay mal que por bien no venga, se extiende por Europa la noción de que ahorrar energía “es bien”.

AHORRAR ENERGÍA «ES BIEN»

La empresa de transportes públicos de Viena, nuestras bienamadas Wiener Linien, han anunciado que van a bajar el aire acondicionado en sus convoyes y que la temperatura máxima, en vez de ser de veinte grados como hasta ahora, será de dieciocho. En invierno, si uno va abrigado es perfectamente asumible.

En nombre del ahorro de energía se va a limitar también la iluminación. Por ejemplo, las obras de arte en las estaciones no van a estar iluminadas separadamente, y los letreros luminosos se van a apagar también. Estas medidas estarán en vigor, en principio, en otoño y en invierno.

Las WL también han hecho saber que se han sustituido en edificios y carruajes las bombillas, para ponerlas LED, y se han instalado temporizadores en algunas instalaciones. También e va a cambiar los aires acondicionados y se van a jubilar las calefacciones de gas, cambiándolas por las mucho más ecológicas y eficaces bombas de calor.

Mediante la renovación de la flota de autobuses se ha conseguido reducir en un tercio el gasto de energía, en tanto que la oferta se ha aumentado un seis por ciento.

La empresa pública calcula que, mediante estas medidas de ahorro, se va a reducir el consumo en casi once gigawatios de energía, lo cual representa una cantidad de electricidad que bastaría para abastecer a 3000 viviendas en las que vivieran familias de cuatro personas.

El consejero Peter Hanke ha dicho que más de dos millones de viajeros colaboran todos los días en la lucha contra el cambio climático, utilizando el transporte público para llegar a los sitios puntuales, eficazmente y de manera económica (los usuarios de las Wiener Linien damos fe, naturalmente).

Ojalá todas las instituciones austriacas fueran tan ahorradoras como las Wiener Linien. Que vivan.


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