
En el curso de una operación en Alemania, Austria e Italia, se ha detenido a 25 presuntos terroristas. Planeaban un golpe de Estado en Alemania.
7 de Diciembre.- Alemania. Primavera de 2023. Un grupo de personas invade el Bundestag y causa una masacre entre los diputados, matando a miembros del Gobierno. De manera subsiguiente se producen disturbios en todo el país. Las fuerzas de seguridad y el ejército, alarmados, toman partido. Un determinado sector, a favor del Gobierno democrático legalmente constituido. Otro, a favor de los golpistas.
En las primeras horas, mientras que la Unión Europea, cogida de improviso, digiere el trauma, los golpistas se ponen en contacto con el Kremlin en busca de ayuda. Horas más tarde, aparecen en los medios y declaran que son un Gobierno de transición, a la espera de que las cuatro potencias vencedoras de la segunda guerra mundial se reúnan a negociar la vuelta de la monarquía a Alemania y un nuevo estatus (reivindicaciones territoriales incluidas) para el nuevo Reich alemán.
Todo esto que acaban de leer ustedes no es el argumento de una película distópica, ni de la próxima serie de televisión de la ZDF, eran los planes, punto por punto, de un grupo terrorista de extrema derecha que ha sido desarticulado hoy en Alemania, en el curso de una operación en la que han participado 3000 efectivos de las fuerzas policiales alemanas y que ha trascendido los límites de la República Federal, hasta Austria (por eso lo traigo aquí) y hasta Italia.
Los detenidos, cuyo cabecilla era un aristócrata alemán metido a empresario inmobiliario, y entre cuyas filas había una ciudadana rusa, dos austriacos y un político del partido AfD, la extrema derecha alemana, son simpatizantes de los llamados Reichsbürger. Un grupo ultra que afirma que la actual república federal alemana es un estado viciado en su constitución y que quieren la vuelta del imperio alemán, emperador incluido, en la persona del bisnieto del último káiser, Guillermo.
Los llamados Reichsbürger viven, como los “trumperos” de la Alt Right norteamericana o los negacionistas austriacos, en una burbuja conspiranoica de páginas de internet y canales de Telegram, que les lleva a confeccionar sus propios pasaportes (un estupendo papel higiénico) o a sacar en las manifestaciones negacionistas la antigua bandera alemana (la de la esvástica no, todavía antes, pero no por falta de ganas).
Que hayan participado nada más y nada menos que tresmil policías resulta un elemento de lo más intranquilizador, porque implica que la cosa iba en serio.
Los conspiradores tienen puntos en común con el movimiento Q-Anon y otras sectas conspiranoicas, así como conexiones con la Federación rusa. Resulta sumamente inquietante el hecho de que contaran con simpatizantes dentro del ejército alemán (no se sabe aún cuántos).
LA RAMA AUSTRIACA DE LA CONSPIRACIÓN
No es casualidad que las detenciones en Austria se hayan realizado en Alta Austria. Los austriacos detenidos, ambos de 63 años, son miembros de una asociación (atención) que ofrece rituales de autocuración. Debido a sus supuestas cualidades paranormales, los dos austriacos fueron fichados (es en serio) como los “videntes del complot”.
Por suerte para todos, ni las runas germánicas ni los arcanos arios les han chivado que los iban a enchironar.
Las dos Austrias (la alta y la baja) han sido durante la pandemia un auténtico vivero de pirados (la locura probablemente venía de antes, pero la pandemia les ha dado consistencia y solidez). Una escena muy fuerte alimentada a conciencia por el FPÖ y por el famoso partido antivacunas MFG, algo lacio últimamente.
En Austria los Reichsbürger se llaman Staatsverweigerer. Idéntica ideología, salvo por lo del káiser, como es natural. Los SV dicen que Austria es un estado ilegítimo (le llaman, “la empresa”, Die Firma) que está dirigido por un consorcio de cinco bancos, y que es una colonia de los Estados Unidos de América desde 1918 (o sea, desde el final de la primera guerra mundial).
Hasta el momento, la única condenada (y nada menos que por alta traición, lo que en España sería sedición) ha sido una indivídua llamada Mónica Unger.
Como decía mi abuela, “todo lo tiene mi Maria Antonia”. En sus perfiles de internet, Unger ha propagado teorías negacionistas del holocausto, tonterías de la llamada “nueva medicina germánica” (esa que dice que el coronavirus no existe y las vacunas son inventos del maligno), antisemitas (cómo no) y, naturalmente, son proputín de Putin a todo meter.
Según las (algo vidriosas) estimaciones del Ministerio del Interior austriaco al respecto, varios cientos de personas en el país profesan esta ideología y por lo menos otras veintemil podrían ser calificados de “simpatizantes”.
Amárrame esos pavos.

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