La ORF y el lenguaje inclusivo

!Ay, el lenguaje inclusivo! Ese caballo de batalla. La ORF ha publicado hoy sus criterios para que reine la igualdad (por lo menos, en las noticias).

12 de Junio.- Una de las cosas buenas que tiene el que Viena Directo sea un medio monoplaza es que su redactor jefe (yo) no tiene muchas probabilidades de pelearse con el director (yo) y tampoco puede tirarse los trastos a la cabeza con el fotógrafo (yo, también yo, qué coincidencia).

Las reuniones también se acaban en un pispás. Si surge la necesidad de tener un criterio a propósito de un tema, me doy una vuelta a la manzana, lo hablo conmigo mismo, y andando.

No pasa así, claro está, en organizaciones más grandes, como la radiotelevisión pública austriaca, la ORF. Entre que es una organización grande y, como pasa en el sector público, las cosas de palacio van despacio, pues las cosas tardan un poquito.

De un tiempo a esta parte, a la cadena pública austriaca se le planteó el problema de la utilización de un lenguaje lo más inclusivo posible.

Que haya que utilizarlo, es lo de menos. O sea, cae por su peso. El problema es cómo hablar para que esté representado la mayor cantidad de personas posibles.

Hasta ahora, se conoce, no había un criterio definido y cada uno de los periodistas iba un poco a su bola.

Dado que la cuestión preocupa a la audiencia, lo cual demuestra un estudio de mercado encargado por la ORF al efecto, en el que un 77% de los encuestados declararon que el asunto era para ellos importante o muy importante. Así pues, era cosa de sentarse a deliberar.

Por cierto, el interés del tema varía fuertemente entre los grupos de edad y los sexos. Como es lógico, las mujeres y las personas más jóvenes piensan que el asunto es muy importante, en tanto que los hombres y las personas mayores no ven el asunto como algo tan urgente.

 

En cualquier caso, la cadena pública constituyó un grupo de trabajo para tratar de llegar a unos criterios comunes.

Se ha decidido por votación entre la redacción que la mejor solución era nombrar siempre que se pueda a los dos géneros. O sea, “los concejales y las concejalas”, “los poetas y las poetas”, “los actores y las actrices”, “los camioneros y las camioneras”, y así, sucesivamente.

La pequeña pausa que antes se hacía antes de añadir la terminación del femenino no parece una solución muy allá, porque, con las prisas, siempre se terminaba desmarcando la parte masculina. O sea, mal.

Asimismo se han desestimado soluciones más imaginativas como los neologismos. Por ejemplo, los redactores de la tele pública austriaca deberán huir en el futuro de construcciones como “Frauschaft” (de difícil traducción en español, sería un equipo de mujeres) que sustituiría a “Mannschaft”.

En cuanto a las comunicaciones escritas, tanto noticias que salgan al aire como correos electrónicos, los redactores han optado por desechar signos ortográficos especiales, como las barras, los guiones o los asteriscos, así como acudir a terminaciones que, aunque cumplen su función, suenan chocantes (y no necesariamente bonitas), como por ejemplo la (con perdón, en mi opinión) horrorosa terminación en “e” en español. Lo de todes, niñes, etc.

Los redactores de la ORF han decidido que lo mejor es, como sucede en el lenguaje hablado, mencionar ambos géneros y, en los casos en los que haya mayoría de personas de sexo femenino en un colectivo, el femenino y, si no hay tiempo para contar cuántos hombres y cuántas mujeres hay, se puede utilizar el masculino o el femenino indistintamente (que es, por cierto, lo que trato de hacer yo).

Después de reunirme conmigo mismo, mi opción personal es la de, siempre que se pueda, utilizar una forma no marcada. Por ejemplo, en vez de “los estudiantes”, “las personas que estudian” o en vez de “los abogados”, “las personas que ejercen la abogacía”. Como soy un señor mayor, claro, no me acuerdo siempre pero trato de hacerlo así.

 


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