Kika-Leiner en concurso de acreedores

Kika-Leiner, una de las cadenas de tiendas de muebles con más solera del país ha entrado en concurso de acreedores.

14 de Junio.- Una de las particularidades de Esta Pequeña República, particularidad que salta a la vista a poco que uno se fije, es que hay varias cadenas de muebles baratos. Muchas más de las que cabría esperar.

La competencia entre ellas y la que normalmente se llama “el gigante sueco” es feroz y se traduce en una machacona publicidad que inunda radios y televisiones. Si compiten en precios, la única manera de sobrevivir es vender mucho volumen. Sí, en un país con nueve millones de almas, cuya demografía y cuyos gustos están cambiando como en toda Europa occidental (la gente cada vez tiene casas más pequeñas y procrea menos) la tarea de sobrevivir para estas cadenas de muebles es cada vez más dificultosa.

La víctima más reciente de esta guerra ha sido el conglomerado Kika-Leiner. Originalmente separadas, estas dos casas de muebles se fusionaron en 2021 bajo la égida de René Benko, uno de los personajes más ricos de Centroeuropa, propietario del conglomerado empresarial Signa.

Benko, ese ciudadano Kane de habla extraña, merecería uno (o varios) artículos aparte. Porque, como pasa siempre que hay suficientes jEur sobre la mesa, también aparecen asuntos turbios.

No es este el espacio. Quizá lo sea en el futuro.

Benko compró Kika y Leiner cuando ya estaban de capa caída (también es propietario de otra gran cadena de tiendas en Alemania, tipo El Corte Ingles, en la misma situación). Su promesa era reflotar las dos empresas y hacerlas rentables.

Cuando tomó posesión, como suele suceder en estos casos, todo fueron promesas para los trabajadores. Que si somos una familia, que si nos vamos a dejar la piel en el pellejo para reflotar esto, que si pim y que si pam.

La realidad ha sido muy distinta.

La semana pasada, se sabía que Benko había vendido Kika-Leiner a otro empresario, Hermann Wieser.

Al minuto después de conocerse la noticia, el nuevo propietario anunció un feroz plan de reestructuración con el objetivo último de salvar los muebles. De las 26 filiales de Kika se cerrarían 15 y de las 14 de Leiner se cerrarán ocho. Naturalmente, todos los trabajadores de las tiendas cerradas serían despedidos.

 

Desde las doce de esta noche pasada, se ha iniciado un expediente de saneamiento (o sea, un concurso de acreedores) para intentar salvar la empresa.

Hoy se ha sabido que Kika-Leiner está en una situación todavía peor de la que se esperaba y que las ayudas del estado para la CoVid, lo único que hicieron fue practicarle el boca a boca a unos balances que estaban en las últimas.

Uno de los principales acreedores de Kika-Leiner es el propio estado. Entre impuestos, ayudas a la CoVid y demás, la cadena de muebles le debe a la república austriaca más de cincuenta millones de Euros.

Otro enorme peso muerto en los balances de Kika-Leiner son los alquileres. Con el principio de este año entraron en vigor nuevos contratos, que prácticamente doblaron los costes de la sociedad en este apartado y terminaron de darle la puntilla.

Hay que vender muchas camas y muchos chismes para poder enjugar esas pérdidas.

Cuando se supo la noticia, las tiendas de Kika-Leiner se llenaron de personas dispuestas a encontrar todas las gangas posibles.

Los nuevos propietarios han tratado de tranquilizar en lo posible a todos los clientes para tratar de evitar que cancelen sus pedidos -por ejemplo, personas que habían pedido una cocina- pero lo cierto es que una de las pocas noticias buenas que se pueden contar de este desbarajuste es que la competencia se ha mostrado dispuesta a acoger a las personas que se han quedado (o se van a quedar) sin trabajo.

El servicio público de empleo también va a hacer un esfuerzo al respecto.


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