
El Gobierno austriaco observa con preocupación, como el resto del mundo, los recientes acontecimientos en Rusia.
25 de Junio.- Darle armas a gente que no es militar profesional siempre es una mala idea que muchos gobernantes a lo largo de la historia han adoptado, y que nunca ha salido bien. Viene a ser como cuando esa gente con el agua al cuello pide dinero a esos institutos de crédito que te promenten darte jEur rápidamente y sin mirar demasiado las garantías que tú puedas proporcionar. Uno piensa que es el final de sus cuitas cuando, en realidad, la cosa representa solo el principio de los problemas. La deuda de los intereses suele ser mucho mayor que la que uno tenía en principio y la presión por cobrar se sale de madre.
Según es fácil barruntar, algo así ha debido de pasar entre Prigozhin y Putin. El segundo, con las gónadas de corbata, estuvo viendo ayer cómo el cobrardor del frac se aproximaba a su casa, a cobrarle la deuda contraída. No le quedó más remedio que claudicar en unos términos que no hay que ser muy listo para saber que debieron de ser humillantes a más no poder.
Mientras tanto, el mundo miraba asombrado otro capítulo del peligroso (y sangriento) esperpento en que está sumida la política de la Federación Rusa desde febrero del año pasado. Y es que, si Putin era peligroso representa todavía el papel fundamental de ese clavito que sostiene juntas a las varas de un abanico. Desaparecido Putin, no tendría ninguna gracia que la segunda potencia del mundo, dueña, además, de un arsenal nuclear que basta para destruir el planeta varias veces, se suma en la anarquía.
Desde Austria, se observan los acontecimientos con preocupación, como es lógico. Poco se puede hacer para rebajar la tensión en Rusia y devolverle algo de la sensatez perdida a las decisiones de su Gobierno. Los esfuerzos se han centrado en que las consecuencias de la guerra no se trasladen al interior de esta pequeña República.
Hoy por la mañana se han reunido el canciller Nehammer, el vicecanciller Kogler y la Ministra de Defensa, Claudia Tanner, junto con representantes de los servicios secretos austriacos (civiles y militares) en un gabinete de crisis seguido con la lógica atención por el Bundespresidente Van der Bellen.
Los reunidos han decidido aumentar la seguridad alrededor de los intereses rusos y ucranios en Austria, no vaya a ser que los residentes en Austria de un país y del otro, se lancen a tomarse la justicia por la mano y dejemos de tener la Donauinselfest en paz.
Desde el Gobierno se insiste de que no existe ninguna amenaza concreta que ponga en peligro la paz en Austria y que se trata de medidas de rutina.
También desde el Gobierno se enfatiza que lo sucedido, de momento, no tendrá ninguna influencia sobre la guerra de Ucrania.
Hasta que no se demuestre lo contrario, Rusia sigue habiendo invadido Ucrania y sigue con su pretensión de anexionarse ilegalmente casi un veinte por ciento del territorio de esa república.
Eso sí, la inestabilidad en Rusia es un indicador de que es urgente que Austria se libre de la dependencia que tiene del gas ruso. Cuanto antes, mejor.
Ese cuanto antes mejor, de todas maneras, será como muy pronto en 2027.
Ayer, la primera ministra de Italia, la siniestra Melloni, que está de visita en Viena, también habló de que la situación en estos momentos es caótica.
El Ministerio de Asuntos Exteriores austriacos ha advertido a sus nacionales de que, de momento, es mejor que no se tomen vacaciones en Moscú y que dejen las visitas a San Petersburgo para cuando haga mejor tiempo.
Asimismo, se aconseja evitar las ciudades fronterizas entre Moscú y Ucrania, ahora bajo dominio ruso, así como las ciudades en las que los mercenarios de Wagner se han hecho fuertes.
Los observadores ven que Putin ha salido de esta de milagro y, de todas maneras, muy debilitado. Esta perspectiva, lejos de ser tranquilizadora, no hace sino abrir más incógnitas.


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