
El gobierno austriaco ha anunciado su intención de integrar al país en el sistema Sky Shield de defensa común.
3 de Julio .- La única cosa buena que ha tenido la guerra de Ucrania es que, como ya sucedió con la pandemia, está haciendo que se aceleren asuntos concernientes a la integración europea que siempre se dejaban para mejor ocasión.
Uno de esos temas pendientes ha sido y es una política común de defensa.
Desde mediados del siglo pasado, en gran parte por las consecuencias de la pax americana que sucedió a la segunda guerra mundial, Europa ha sido, en cuestiones de defensa, muy dependiente de los Estados Unidos. Una gran mayoría de los países de la Europa occidental están integrados en la OTAN. Esta sintonía empezó a romperse cuando Donald Trump llegó a la Casa Blanca y aún no se ha recompuesto del todo. Las excepciones son Suiza y Austria. La neutralidad austriaca, que es casi uno de los mitos fundacionales de la República actual, estuvo en su momento muy forzada por la Unión Soviética la cual la puso como condición para no dividir el país en una mitad capitalista y una mitad comunista -ese era el plan primero de Stalin.
Como país neutral -o sea, no alineado con ningún bloque– Austria tiene un ejército meramente defensivo. Un ejército que, como pasa con muchas cosas en Austria, tiene lo mínimo para poder ser llamado ejército y que, en realidad, es una especie de brigada rápida de intervención para casos de catástrofes naturales.
Este fin de semana, la ministra de defensa austriaca, Claudia Tanner, ha anunciado la intención del Gobierno de que Austria participe en el futuro sistema europeo de protección antimisiles “Sky Shield”. La república austriaca será el decimo octavo país que se integra en este sistema.
Sería (será) un sistema de protección y defensa con drones parecido a otro que tiene Israel y que se llama “Iron Dome” (los nombrecitos de estas cosas tienen todos tela marinera, son como de videojuego).
La extrema derecha, encabezada por el flamígero Kickl, ha puesto el grito en el cielo. Según su parecer -muy contrario a todo lo que signifique presión sobre Moscú, como es natural- este sistema Sky Shield sería una ruptura de la neutralidad austriaca, ya que supondría la quiebra de la política de no alineamiento de Austria. Según esta posición, la mayoría de los países que se han unido a Sky Shield pertenecen a la OTAN -no es así en el caso de Suiza, por ejemplo, neutral también como Austria– y por lo tanto a un bloque definido. La extrema derecha, según esto, tiene miedo de que Rusia, en el caso de atacar Europa, como ha hecho con Ucrania, no distinga churras de merinas y también nos bombardee.
Por cierto, pesos pesados de la OTAN -por ejemplo Francia, Italia o la misma España- no participan en Sky Shield.
Es poco probable que, si se ponen a atacar, los ejércitos de Putin hagan demasiados distingos. Sin embargo, según la opinión de los expertos más señalados en esta cuestión, en este caso la extrema derecha no tiene razón (habría que preguntarse cuándo la ha tenido alguna vez, pero bueno).
Austria, es cierto, es un país neutral, pero eso no significa que no tenga derecho a defender su territorio.
Si Herbert Kickl hubiera visto Karate Kid (la antigua) hubiera asimilado aparte de que primero hay que dar la cera y luego pulirla, la noción de que “Karaté es defensa, no ataque” y hubiera podido sin gran esfuerzo hacer el paralelismo.
Los países neutrales pueden mantener un ejército (defensivo, como en el caso austriaco, pero también, si no recuerdo mal, como en el caso japonés) pero pueden sin ningún problema participar en sistemas de defensa.
En el caso de Sky Shield la cosa todavía está más clara, porque si Austria tuviera que afrontar, por sí misma, la construcción de un dispositivo semejante, solo el desarrollo de la tecnología necesaria le saldría por un huevo de la cara, de manera que es perfectamente admisible que reparta gastos con otros países (y, añado, el ejército austriaco es bastante pobrete; tan pobrete que no tiene ni maquinaria para mandar a gente a desminar ucrania, a pesar de los buenos deseos de nuestro bundespresidente).
Los demás partidos del arco parlamentario austriaco se han mostrado más prudentes (bueno, tampoco era difícil). Los Neos saludan el paso de que Austria se integre en Sky Shield, los socialdemócratas piden que se involucre al parlamento en la medida y que, en su caso, se active al tribunal constitucional para que no quede duda a propósito de la neutralidad. Los verdes, de entrada, no lo ven mal, pero quieren estudiar la cosa con más calma.
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