chicos jovenes austriacos

Un adolescente normal (o así)

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El “adolescente normal” guardaba en su móvil recetas para hacer bombas. Vamos, lo lógico en un chaval de 14 años.

10 de Julio.- Quizá recuerden los lectores que días antes de la Regenbogenparade, desfile que aquí es la manifestación del orgullo LGTBIQ+, la policía austriaca detuvo a varias personas que, según sus informaciones, preparaban un atentado en lo que normalmente es una ocasión de pacífico jolgorio (reivindicativo, pero jolgorio).

Por lo visto, los cafres se habían fumado varias hebras de esas que se le quitan a los plátanos y, al mismo tiempo, habían estado viendo por esas redes de Dios vídeos del Estado Islámico, de resultas de lo cual habían dado en radicalizarse. El fascismo del llamado Isis, lo mismo que el neofascismo de las extremas derechas (las del FPÖ, los identitarios, y gentuza semejante) tienen a la comunidad LGTBIQ+ en el punto de mira.

Como sucedía en el siglo pasado con los judíos, se trata de un grupo de personas suficientemente prominente para tener relevancia pública pero no lo suficientemente numeroso para que se pueda defender. Además, esa relevancia pública de la comunidad LGTBIQ+ es la demostración palpable de que, por lo menos en Europa occidental se ha producido en las últimas décadas un cambio de valores que a estos dos grupos extremos de psicópatas les produce urticaria.

(Pero como decía cierto dictador español, “lo que a nosotros nos honra, a ellos les envilece»).

Cuando se produjeron las detenciones, precisamente la extrema derecha acusó al Gobierno de haber montado una película para tirarse el pisto. Llamaba la atención especialmente la corta edad de alguno de los detenidos (14 y 17). Precisamente el de 14, angelito, es nuestro protagonista de hoy.

UN ADOLESCENTE NORMAL

Después de tenerle tres días a la sombra, la policía contactó con sus padres y, de acuerdo con diferentes expertos, se le puso en libertad con la condición de que pasase un tratamiento desradicalizador para ver si así podía hacer de una vez lo que se supone que hacen los chavales de catorce años (o sea, jugar a deportes idiotas como el fútbol, enamorarse infructuosamente de personas que no les hacen ni puto caso, aficionarse a los coches, aumentar la flexibilidad de la articulación de la muñeca…o sea, esas cosas).

La explicación de esta rápida puesta en libertad es muy sensata. El Estado tiene el deber de ser especialmente cuidadoso con los menores y, a edades tan tempranas, la privación de libertad debe ser siempre el último recurso). El abogado defensor del chico no hace más que repetir desde entonces que se trata de un adolescente normal (o sea, de los de fútbol, enamoramientos imbéciles, granos, coches o motos y juego de muñeca) pero parece ser que la situación no es tan simple.

La policía ha examinado el móvil del muchacho y parece ser que tenía hasta cuatro recetas para fabricar bombas.

-¿Y esto?

-Pues lo que viene siendo…No sé. Ya no sé cuándo me las descargué.

-¿Y las ibas a usar en la Regenbogenparade?

Parece ser que no, que no las iba a usar en la Regenbogenparade. O por lo menos eso es lo que dice el abogado defensor que insiste en que hasta ahora no hay ninguna prueba de que fuera a ser así. Aunque, claro, cualquiera sabe.

TE ESTOY AMANDO LOCAMENTE: LA HISTORIA DE LAS GRECAS

A principios de los años setenta, el barrio de Chueca es uno de los más castigados de Madrid y ha iniciado ya la decadencia de la que lo sacará, a finales de los años ochenta, la comunidad gay.

En el número diez de la calle Barbieri está situado desde 1969 el tablao flamenco Los Canasteros, regentado por el cantaor Manolo Caracol, de estatura legendaria gracias en parte a sus turbulentos amores, a principios de la década de los cuarenta, con Lola Flores, artista con la que formó una pareja legendaria.

Hace ya muchos años de esto. Una fría mañana del invierno de 1970, dos chicas jóvenes, llamadas Tina y Carmela, esperan ateridas a que abra el local. Tienen una cita con el dueño…

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