Andreas Gáfez

Los gafes salen normalmente ilesos de su “gafez” pero atraen sobre la gente que tienen alrededor las desgracias, grandes y pequeñas.

27 de Septiembre.- Recuerdo perfectamente que, allá cuando yo llegué en 2006, una de mis primeras batallas idiomáticas fue explicarles a los aborígenes un concepto muy típicamente español: el gafe.

Ellos me decían “lo que tú quieres decir es un Pechvogel” (o sea, un pupas, un pájaro de mal agüero). Esa persona a la que persigue la desgracia. Pero no. Un gafe es una persona a la que, por lo general, no le pasa nada malo a ella en concreto. El gafe sale ileso de su “gafidad”. Un gafe es una persona en cuya presencia se desata la desgracia.

Les ponía yo el ejemplo de un famoso cantante español, hoy retirado, que era fama que atraía el gafe con solo nombrarle. Como no estoy dispuesto a que internet salga volando por los aires y se me escoñe esta página, diré que dicho cantante hizo muchos años dúo con Junior, el marido de Rocío Dúrcal, y que luego abrazó una carrera en solitario. Aquellas personas que me lean que ya tengan una edad, podrán saber a quién me refiero. Y los que no, que vean Cuéntame, o que hagan una sencilla búsqueda en Google.

Se decía que, cuando este cantante aparecía, florecían como por ensalmo las heridas inciso-contusas, las fracturas y los problemas técnicos. Se decía, se afirmaba, se aseveraba, que había que tener a mano en su presencia cualquier antídoto, ya fuera una pata de conejo, o un trozo de madera, o un ojo de esos que se traen de “chuvinir” los que se van a hacer implantes capilares a Turquía.

Los austriacos, ante estas explicaciones, se rascaban la coronilla. Y hacían preguntas con una lógica muy centroeuropea:

-Pero ¿El gafe lo sabe?

-Lo saben los demás que lo es, que ya es bastante.

-¿Y nadie se lo dice?

-Lo evitan, o sea que, si él es listo, ya se puede ir dando cuenta.

-¿Y hay manera de dejar de ser gafe?

-No. Eso es lo malo. Es una cosa congénita.

Me acordaba yo de esto hoy al leer el enésimo tropiezo que ha tenido el bueno del señor Babler, el jefe del Partido Socialdemócrata austriaco.

Resulta que hay un instituto de estadística, llamado SORA, que es una casa de apuest…Digooo una casa de encuestas que abastece, entre otras, a la ORF, con evaluaciones, encuestas, sondeos a pie de urna y esas cosas con las que se pretende interpretar la voluntad de los votantes.

Resulta que esa es la pata de SORA que veía todo el mundo. Pero es que este instituto tenía (tiene) otra. Y es la de asesorar a los políticos o a las empresas, personas jurídicas o físicas de relevancia pública, si quieren mejorar su imagen.

Se conoce que SORA, por iniciativa propia, decidió que, si hay una entidad que necesita un lavado de imagen, pero un lavado con cepillo de raíces y jabón Lagarto, es el Partido Socialdemócrata Austriaco (SPÖ). Así pues, para intentar captarle como cliente, elaboraron un “págüer poin” y se lo presentaron ayer a Andreas Babler y a su equipo.

En qué hora.

El superpoder gafe de Andreas Babler, ese que le llevó a ser elegido casi de milagro y por medio de una votación que menos clara que la contabilidad de un oligarca ruso se manifestó.

En la presentación, como ha podido saber hoy media Austria, había una estrategia para que el SPÖ abandonase los resultados lóbregos y desmayados que obtiene en los últimos tiempos y para que Andreas Babler llegase a canciller. Había incluso una propuesta de gabinete, con los nombres de varios ministrables.

Babler, cuando llegó el final de la presentación, debió de decirle al hombre de SORA:

-Bueno…Me lo pensaré.

Y el de SORA contestó:

-Ay, Sr. Babler, no se lo piense mucho que a mí estas estrategias me las quitan de las manos ¿Se lo mando el archivito para que le eche un vistazo en su móvil, mientras está cómodamente haciendo aguas mayores?

-Mándemelo, pero no le prometo nada.

-¿Y a su equipo?

-También a mi equipo.

-Pues mañana por la mañana lo tiene usted.

Y esta última frase fue su perdición. Porque resulta que el hombre de SORA mandó el correo con la presentación nada más y nada menos que a ochocientas personas humanas. Unas, relacionadas con el Partido Socialdemócrata y otras no. Por ejemplo, lo recibió la APA (Austria Press Agentur) en su cuenta institucional.

El asunto era la comidilla de los mentideros de la almendra central de esta ciudad que el Danubio riega con sus cantarinas linfas. No se hablaba de otra cosa.

Aunque el problema no ha sido culpa de ni de Babler ni del SPÖ, la verdad es que les ha salpicado un poco el cachondeo.

Y SORA, de manera ipsofacta, ha perdido por esta tontería a su cliente más importante. A la ORF, ahí es nada.

Andreas Babler, que se sepa, está tan pichi.

¿Será el ejemplo perfecto de gafe austriaco?


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