Ropas y ropajes

¿Pueden los diputados austriacos ir vestidos como quieran al parlamento? ¿Sería aquí posible un bochinche como el que se ha armado en los EEUU?

6 de Octubre.- Yo tenía un conocido aquí que decía que el distinguía a los españoles porque sabemos combinar los colores. Por eso, y por el uniforme. Particularmente los hombres. En verano, polo y vaqueros (los pantalones cortos han ido surgiendo en el paisaje urbano al mismo tiempo que los milennials han alcanzado la edad de apreciar las ventajas de la comodidad ). En invierno, “jerselito” y camisa. Y sobre todo, esa división, más estricta que la que marcaba el muro de Berlín, entre la ropa de trabajo (artista also known as “ropa de vestir”) y la ropa destinada al ocio y al tiempo libre.

En casos extremos, por ejemplo los policías y los militares, uno se da cuenta de que esa ropa de ocio es para ellos más un disfraz que otra cosa. Los vaqueros se les eternizan en los armarios y no es difícil ver a personas de esos cuerpos de seguridad con los pantalones que les compró su novia en 1994.

La pandemia ha venido a relajar un poco estas estrictas reglas indumentarias. Al fin y al cabo, media humanidad ha estado meses enteros contestando mails en pijama o en chandal (o en gayumbos). Muerto el virus se acabó la rabia. O sea, que incluso los jefes más ordenancistas han asimilado que la oficina no es una discoteca del polígono Polvoranca en 1993 y que se puede trabajar (y rendir) si uno va calzado con zapatillas de deporte.

Hace unas semanas, se montó semejante pifostio en el congreso de los Estados Unidos, cuando un senador demócrata, llamado John Fetterman, acudió a debatir sobre las leyes y las enmiendas vestido como para salir en un episodio de una comedia de situación que pasase en el Bronx. O sea, sudadera con capucha, pantalones cortos y, de nuevo, deportivas. Actitud corporal desgalichada y tal. Que si vaya falta de respeto, que si va hecho una facha, que si deshonra la dignidad de esta Santa Casa y tal y cual.

Al leer la noticia de pasada y, sobre todo, al pensar en los estrictos códigos indumentarios que la dirección de ciertos colegios quiere imponer a los estudiantes (sobre todo a “las estudiantas”), me he preguntado si en el Parlamento austriaco también hay reglas de vestimenta. Y no. Parece que no las hay, más allá de las que impone el sentido común (siempre tan elástico).

Que yo haya encontrado, la última discusión sobre el tema se produjo en 2014 cuando el entonces portavoz del ÖVP se cachondeó bastante de la indumentaria del diputado de los verdes Julian Schmidt, que había ido a debatir con una sudadera con capucha, y de los looks de Mathias Strolz, entonces jefe de los Neos, que iba siempre con la camisa remangada. Entonces terció la presidenta de la cámara, Barbara Prammer (de tan grato recuerdo, falleció poco después) diciendo que esta discusión se había resuelto hacía (entonces) 25 años y que cada cual viniese al Parlamento como le saliera del baile chuminero, porque ahí está la gracia de la democracia (valga el pareado) en que cada uno debata y represente la sensibilidad de quienes le han votado.

Desde entonces, los verdes han sido los más liberales con esto de la ropa. Recordará quien me lea que incluso tuvimos un ministro de sanidad que prometió su cargo calzado con unas resplandecientes playeras blancas y sin corbata. Este obvio símbolo fálico tampoco lo utiliza el vicecanciller Kogler. Aunque en general predomina el atuendo de oficina. Mucho azul marino, y mucho verde hoja (para ellas) y mucho azul-oscuro-casi-negro para ellos (sobre todo para los del Partido Popular). Kickl suele llevar trajes de la gama de los azules. Casi nunca corbata.

El grupo de la ultraderecha ha sido el que más ha mejorado con los años en esto de los estilismos. Cuando ves vídeos antiguos de los gobiernos de Haider o cosas así, los ministros ultras no tienen pérdida, son los que peor van.

En España, existe “dresscode » pero desde que Podemos llegó al Parlamento se ha flexibilizado mucho. Están prohibidos, eso sí, pantalones cortos y camisetas de tirantes (para ellos) aunque fue muy comentado, en la investidura “interruptus” de Feijóo el veraniego vestido de la presidenta del Congreso Francina Armengol, por ser escotado, suelto y de tirantes finos. No se sabe qué pasaría si apareciese un señor con falda, por ejemplo.


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