
Un sufrido ciudadano de Herrnau, católico pero con los nervios destrozados, ha acudido a los tribunales.
3 de Julio.- En la edad media, San Benito de Nursia estableció una regla, muy moderna para la época, que buscaba evitar la holgazanería. O sea, que los monjes no solo tenían que orar y dedicarse a investigar los misterios de la divinidad, sino que tenían que dedicar algunas horas de su jornada al trabajo manual. El famoso ora et labora. Uno de estos trabajos era el de copiar libros. Un trabajo mucho más duro de lo que podría parecer. Los pobres monjes se quejaban de que la vista se les gastaba, los huesos se les hacían polvo tras muchas horas delante del escritorio y los dedos les dolían de aguantar la pluma.
Escribir Viena Directo no hace sufrir tanto, pero hoy tengo un dolor tremendo en el pulgar de la mano izquierda (probablemente debido a mis excesos de este fin de semana cargando leña para el próximo invierno) de manera que cada palabra que escribo me da un latigazo. Espero que mis lectores sepan apreciar el sacrificio que hago por ellos.
La noticia de hoy ha pasado en Salzburgo. Resulta que un parroquiano de Herrnau ha demandado a la diócesis porque estaba hasta el mismísimo badajo de que la iglesia de su pueblo estuviera todo el santo día tocando las campanas. Juzgue usted. Entre las siete de la mañana y las diez, tocaban las campanas de Herrnau 248 veces (se conoce que la vida en esta villa debe de ser un jolgorio, porque la Iglesia tiene tantas cosas que anunciar con el campaneo).
El denunciante, procedente de una parte de Austria especialmente católica, ha querido dejar claro que él no tiene nada en contra de la Iglesia ni sus menesteres, sino que solo era el ruido lo que le tenía hasta el mismísimo cisma. Había hablado con el cura del lugar, para ver si era posible que las campanas tocaran un poquito más bajo. El sacerdote accedió en un primer momento a bajar un poco el volumen, pero siguió montando jolgorio eclesiástico una vez cada cuarto de hora. O sea, una frecuencia que tenía a las criaturas de Herrnau al borde del ataque de nervios.
Ante las quejas del parroquiano, la Iglesia, utilizando un argumento muy austriaco, eso de “bei uns siempre lo hemos hecho esto así”, venía a decir que no entendía las quejas porque las campanas llevaban sonando cada cuarto de hora desde hace seis décadas, menos durante un paréntesis entre mediados de 2018 y finales de 2020, en donde el silencio fue obligado debido a obras de saneamiento en el campanario.
(Aquí, me imagino yo que los parroquianos de Herrnau debieron encontrar que la vida era más digna de ser vivida sin el tolón tolón de las narices, tomaron nota y cuando volvieron las campanas, pues claro, pasó lo que pasó).
Tras la intervención de los tribunales, la Iglesia ha accedido a intentar un experimento: en vez de cada cuarto de hora, las campanas solo sonarán a las medias y a las horas en punto. A un volumen más bajo y en vez de terminarse la sonería a las diez de la noche se terminará a las ocho. También empezará después, a las ocho los fines de semana y los días de fiesta, para que las criaturas que hayan ido la noche anterior a ponerse como Las Grecas a la taberna del pueblo puedan dormir la mona sin que les molesten.
El volumen también bajará. De los 82 decibelios de antes (el mismo ruido que hace un tren) a los 73 futuros (el ruido que hace una aspiradora). Algo es algo, Maricarmen.
Yo voy a ver si meto el pulgar en hielo.

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