
En un documento interno de la administración estadounidense sale el nombre de Austria ¿Qué planes tiene Trump para esta pequeña república?
10 de Diciembre.- En estos momentos, ante nuestros ojos, se está desarrollando una batalla que está decidiendo el destino de la Humanidad, por lo menos, para lo que queda de siglo. Esta batalla se basa en dos movimientos contrapuestos: por un lado, el surgimiento de China como la próxima potencia hegemónica (de hecho, si yo tuviera hijos, les pondría inmediatamente a aprender chino). Por otro, el declive de Estados Unidos en el mismo sentido.
Entre los dos movimientos, una pregunta fundamental: ¿Serán capaces los estados nacionales de imponer su autoridad a las grandes empresas transnacionales, singularmente a las grandes tecnológicas? De momento, el pulso está siendo durísimo, y el campo de batalla es la Unión Europea. El objeto de disputa, nuestros datos.
La Unión Europea aprobó la ley que pretende defender a todos sus ciudadanos de la voracidad depredadora de las grandes tecnológicas estadounidenses, la Digital Services Act y, por supuesto, de preservar las democracias europeas y su complejo sistema de libertades de otra voracidad no menos peligrosa: la de la inteligencia artificial generativa.
La Unión Europea es una estructura ideológica que se basa en la economía puesta al servicio de los ciudadanos (simplicando mucho, naturalmente) como forma de obtener una prosperidad duradera y una calidad de vida que preserve al continente de las guerras. La nueva voracidad depredadora de las corporaciones estadounidenses tiene sus cimients precisamente en lo contrario: los ciudadanos puestos al servicio del capital en un orden de cosas crudo y ultraliberal en el que el Estado sea reducido a su mínima expresión.
A PAIN IN THE NECK
La Digital Services Act, con todas sus garantías, es vista desde América como un enorme obstáculo. Más en estos tiempos de contracción económica y escasez. Como siempre digo, las noticias se entienden mejor cuando se ponen juntas. Las grandes corporaciones americanas y sus magnates necesitan con muchísima urgencia el dinero que puedan extraer del continente europeo. Primero, para financiar ese pozo sin fondo que es el desarrollo de la Inteligencia Artifcial generativa. A pesar de que para ti y para mí el asunto no sea más que un juego y que la gente le pregunte cosas a ChatGPT y se parta de risa con las respuestas, de momento la IA está lejísimos de ser rentable. De momento la tecnología aún no está madura para que resulte un vehículo publicitario válido y nadie sabe de dónde va a salir el dinero que va a hacer falta en la próxima década para construir centros de datos y las plantas de energía que van a hacer falta para sostener la brutalidad de recursos que se van a necesitar.
Por otro lado, hace unos días leía yo en la prensa que la matriz de Facebook ha tenido que renunciar a uno de los proyectos en el que había puesto más esperanzas: el metaverso. El coste en millones de dólares es tan brutal que es comprensible que la administración Trump, pagada por el oligopolio tecnológico y petrolero, haya puesto sus ojos en ese grano en el culo que es, para ellos, la Unión Europea.
En esta batalla, como ahora veremos, Austria también tiene su papel.
LA UNIÓN EUROPEA: EL ENEMIGO A BATIR
Ni a los Estados Unidos ni a Rusia, por diferentes razones, les interesa una Unión Europea próspera, fuerte y unida. Las dos potencias están utilizando las mismas herramientas para quebrar la resistencia de la Unión: los partidos de extrema derecha.
Los primeros vientos de esta guerra empezaron a soplar este verano. Recordarán los lectores de Viena Directo que el asesinato de una oscura celebridad local, el polemista Charley Kirk, llevó a que afloraran en Europa unas fuerzas que habían permanecido dormidas. A todos nos llamó mucho la atención la potencia que habían adquirido en Europa las ramas más fanáticas de las iglesias evangélicas de raíz americana y, por otro lado, la afinidad que el ala más extrema de los ultras demostraban con el llamado movimiento MAGA. Una afinidad que, en el caso austriaco, se había manifestado en la presencia, algo incongruente, pero perfectamente explicable, de las dos personalidades más Bannon de la extrema derecha austriaca, Harald Vilimsky, europarlamentario ultra y Gerald Grosz, especie de polemista que, en sus delirios, aspira a ser algo así como un líder de opinión pero que no pasa de ser una especie de saltimbanqui que da chillidos histéricos de tertulia de medio pelo en tertulida de medio pelo.
En estos días, se ha publicado la estrategia de defensa estadounidense que abunda en todo lo expuesto más arriba. Donald Trump en persona calentó el ambiente lamentando que Europa se enfrenta a “la muerte de su civilización” debido a su política migratoria y, en la mejor tradición ultra, calificando los intentos de poner coto a la desinformación como “censura” y apelando a los “partidos patrióticos” (en nuestro caso, el FPÖ) para revertir este estado de cosas que él considera nefasto desde su posición, que muchos han calificado comparable a la de las élites rusas postsoviéticas.
El documento plantea sin ambages la quiebra de la Unión Europea por el procedimiento de forzar la colaboración de países estratégicamente seleccionados en donde los partidos ultras tienen más fuerza. Lo países que se nombran son Italia, Polonia, Hungría y, sorprendentemente (o no) Austria.
Literalmente: “y debemos proteger a partidos, movimientos y personalidades culturales e intelectuales, que defiendan la soberanía y el mantenimiento/ restauración de las formas tradicionales de vida europea…y que permanezcan de esta manera proamericanas”.
ÉLITES DÉBILES, RESILIENCIA FUERTE
En una entrevista concedida al “Político” Donald Trump calificó este martes de “débiles” a las élites europeas y dijo que, mediante su política migratoria, querían destruir sus países. Estas apreciaciones demuestran, por un lado, el grave dolor de cabeza que la Unión Europea supone para Trump (y va de suyo que si las élites europeas son un dolor de cabeza para Trump no es por su presunta debilidad) y por otro la sintonía que reina entre Moscú y Washington. Compare el lector con las despectivas afirmaciones de Rusia con respecto al festival de Eurovisión, por ejemplo.
De momento, que se sepa, van varios intentos de terminar la guerra de Ucrania repartiéndose las ganancias entre Moscú y Washington. Hasta el momento, todos esos intentos se han visto frustrados por la intervención coordinada y decisiva de una Unión Europea luchando al límite de sus fuerzas para que prevalezca la democracia y, por lo menos, la apariencia de un orden mundial más o menos regulado.
La Unión Europea tiene que creer en sí misma y, a lo mejor, terminar un proceso de maduración que garantice su existencia y su autonomía. La Historia ha demostrado que solo las democracias cuentan con el vigor y la fuerza para garantizar más prosperidad para más gente por más tiempo. No hay que tener miedo de la oscuridad, sino traer más luz para acabar con ella.
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