
La Unión Europea se encuentra sujeta a un acoso brutal. La desinformación rusa y la desinformación estadounidense están intentando destruirla con nuestra colaboración.
7 de Febrero.- Estoy leyendo un libro interesantísimo y muy bien documentado a propósito de la historia de la desinformación.
Abarca desde el inicio de la Unión Soviética hasta más o menos la actualidad de su autor, a principios de la década de los veinte de este siglo. El libro es sumamente revelador porque se puede aprender, mediante ejemplos, cómo funcionaban las operaciones encubiertas y la propaganda durante la guerra fría y, mutatis mutandis, cómo funciona la propaganda rusa que intenta, desde que empezó la guerra de Ucrania el 24 de febrero de 2022, socavar la Unión Europea, minar su cohesión y, a ser posible, provocar su disolución (Dios no lo quiera).
Pero no solo, también cómo funciona la propaganda estadounidense, desde que empezó la segunda administración Trump.
Como todos sabemos, la nueva estrategia de seguridad de la Casa Blanca ha etiquetado a la Unión Europea como un elemento que ataca la seguridad de los Estados Unidos, lo cual, en este caso, significa sobre todo que la Unión, con su decidida estrategia de limitar el poder de las grandes tecnológicas y sus posibilidades de succionar dinero del territorio comunitario, obstaculiza gravemente los intereses de las empresas estadounidenses.
A diferencia de lo que sucedía en la guerra fría, cuando las dos superpotencias se espiaban mutuamente, en la actualidad la propaganda rusa y la propaganda americana utilizan no solo los mismos canales (las redes sociales) sino que tienen exactamente los mismos objetivos. O sea, dividir, socavar y destruir finalmente la Unión Europea.
LA UE Y LOS TAPONES DE LAS BOTELLAS
Desde que empezó la pandemia de la CoVid la obsrvación de la desinformación, los bulos y las noticias falsas se ha convertido en algo parecido a un hobby. Tengo que confesar que, desde aquellos tiempos, “estalqueo” un buen número de cuentas de pirados ultras que funcionan como cadenas de transmisión (estoy convencido de que sin saberlo) de contenidos elaborados expresamente y de forma muy inteligente para esparcir información.
Lo primero que he aprendido por observación directa es que la desinformación auténtica es como las mentiras de los maridos infieles.
O sea, para que cuele, tiene que contener aunque sea un poco de verdad. Una buena mentira nunca es totalmente falsa porque, para tener éxito, tiene que tener un buen gancho. La desinformación consiste sobre todo en amplificar un fenómeno auténtico, y utilizarlo para los fines que todos sabemos.
Voy a poner un ejemplo que se va a entender perfectamente.
Una de las campañas más exitosas de desinformación de los últimos tiempos ha tenido que ver con un objeto contidiano: los tapones de las botellas.
Hace algún tiempo, la Comisión Europea aprobó una regla según la cual los tapones tenían que ser inseparables de las botellas.
Como sucede con todos los cambios, al principio hubo alguna gente que no terminó de adaptarse a la nueva situación. En las cocinas de la propaganda se detectó el descontento y se utilizó para lanzar una acción coordinada a lo largo y ancho de todo el continente. De pronto, mis cuentas “boya de señales” empezaron a vomitar posts similares de manera demasiado simultánea para que fuera una casualidad, a propósito de los famosos tapones.
Recuerdo un formato especialmente que se repetía con diferentes variaciones. En un lado se ponían como ejemplo de la máxima preocupación de la Unión Europea los famosos tapones, mientras que en el otro lado (variaba) se citaba un invento cualquiera de los Estados Unidos (el Iphone, por ejemplo).
La firma de esos posts era, indudablemente, rusa. Se trataba de presentar a la Unión Europea como una entidad hiperburocrática, ineficiente, en la que las élites se preocupaban solo de frivolidades y descuidaban los auténticos problemas de los ciudadanos pero también el avance de la ciencia.
MIGRACIÓN Y «DECADENCIA»
En los últimos tiempos, otro tema predilecto de la desinformación, en principio rusa pero también de Estados Unidos, es la supuesta decadencia de la Unión producida por la inmigración y la “mezcla racial”.
En sucesivas oleadas, la última con motivo de la regularización del Gobierno Español, han surgido posts, muchos de ellos elaborados con inteligencia artificial, que tienen como tema a inmigrantes que anuncian una supuesta “invasión”.
Hay una subvariante de este tema que es la de un supuesto “racismo” ejercido contra personas “blancas”.
Otra característica de la desinformación es que utiliza la emoción, en este caso el miedo. Miedo por ejemplo a otras culturas, miedo a las situaciones desconocidas, miedo a los cambios. Los temas se agrupan en constelaciones, que se van alternando. Como en una sinfonía, hay temas principales, leit motivs y subtemas. El leit motiv del subtema “racismo dirigido contra las personas blancas” es la teoría del gran reemplazo, de la que he hablado ya en otros momentos en estas páginas.
Por cierto, el éxito fundamental de una campaña de desinformación es que abandone los circuitos relativamente marginales de las cuentas reales o falsas destinadas a repicarla y pase a la conversación “mainstream” a través de un prescriptor ajeno al sistema de desinformación.
Por ejemplo, durante la reciente campaña electoral para el Gobierno de Aragón, se ha escuchando a políticos ajenos al entorno ultra hablar del “gran reemplazo”, de la sustitución de la población autóctona por otra foránea.
Supongo, por último que, después de haber leido lo que antecede, el lector habrá podido atar cabos y se habrá dado cuenta de por qué la reacción tan virulenta de los jefes de las redes sociales ante la obligación de tener que identificarse. Entre otras cosas, muchas cuentas falsas, utilizadas para intoxicar, van a salir rápidamente a la luz.
La batalla por el futuro se está librando en cada uno de nuestros teléfonos móviles. Nos jugamos mucho.
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