La lección de los incendios en España y Francia

La lucha contra la crisis climática no empieza cuando se declara una emergencia, sino mucho antes.

25 de Julio.- Hace unos diez días, uno que yo creía que era mi amigo me bloqueó en Facebook.

Seguramente mis lectores más jóvenes tomen esta primera fase un poco a cachondeo, dado que Facebook se ha convertido en una especie de geriátrico digital y, generalmente, es una balsa de aceite. Sin embargo, para los que vivimos el nacimiento de las redes sociales, Facebook sigue siendo LA red social y las amistades de Facebook solo están un poquito por debajo de las amistades del mundo real.

Lo cierto es que este amigo (¿debería decir examigo?) que me bloqueó ya no compartía nada conmigo en el mundo real. Si acaso, una vez al año, si un recado le llevaba cerca de mi casa, llamaba a mi puerta y, casi por obligación, nos tomábamos un café.

No quisiera prolongar mucho el réquiem por esta amistad perdida, pero diré que siempre fue este amigo parte de mi numeroso grupo de amigos “especialitos”. O sea, ese tipo de gente a la que casi nadie más soporta salvo servidor. Pero claro, pasa lo de siempre: sus rarezas eran más o menos graciosas o estaban dentro de un orden a los cuarenta y cinco, pero ahora que tiene veinte años más esas rarezas se han convertido en algo totalmente fuera de madre.

Desde que se jubiló (anticipadamente) de una prestigiosa institución pública austriaca, mi examigo ha pasado por un proceso de “alonsoquijanización”. O sea que, como le sucedió al personaje de Cervantes, se pasa las noches de claro en claro y los días de turbio en turbio delante del ordenador, en Facebook. Se ha convertido en uno de los habitantes de esa burbuja de desinformación que convierte en fanáticos creyentes en las más variadas estupideces a personas que todo el mundo tomaba por normales.

La cosa empezó con la pandemia, pero gradualmente este amigo mío ha cortado sus amarras con la buena y vieja realidad y ahora piensa que el mundo está rodeado de fanáticos que quieren destruir la cultura occidental, que todo el que no vote al FPÖ es un “guouk” y, por supuesto, que el cambio climático existe pero que de ninguna manera es peligroso y que, en todo caso (cito textualmente) “los tiempos de la economía son distintos de los tiempos del planeta”.

Precisamente por esta última cuestión vino el bloqueo.

Recordará el lector la última ola de calor que casi hizo que se nos derritiesen los sesos. Cuando yo llegué a Austria hace veintiún años, esas temperaturas extremas, con esa intensidad y, sobre todo, durante tanto tiempo, hubieran sido imposibles.

Mi examigo se defendía como gato panza arriba aportando el pedestre argumento de los negacionistas, esto es, que siempre ha hecho calor en verano. Yo le dije, y quizá fue mi error que, llegados a este punto, le cabían dos alternativas: una, vivir feliz con su gorro de papel de plata o dos, aceptar que los veranos, antes, no eran así.

Bueno, el final de la historia ya se sabe: me bloqueó.

El centro de España y el sur de Francia están, en estos momentos, ardiendo sin control y esos incendios forestales, voraces e incontenibles, serían imposibles sin el cambio climático. España y el sur de Francia llevan semanas, cuando no los últimos dos meses, retorciéndose bajo temperaturas récord que hubieran sido inconcebibles a principios de siglo.

Cuando yo era joven y en algún sitio se alcanzaban en España los cuarenta grados (generalmente en los valles del Ebro y del Guadalquivir) eso era EL calor. Ahora hablamos de temperaturas de 41 °C con sensación térmica de 45 °C o 47 °C.

Europa se está enfrentando a una amenaza existencial que exigiría de todos grandes sacrificios y concesiones. No las estamos haciendo y, probablemente, estemos asistiendo al fin de la civilización tal y como la conocíamos.

Austria no escapa de ese fenómeno. Hace meses que no llueve en condiciones. El Río Danubio, a la altura de la Wachau, tiene el nivel de agua más bajo desde que se tiene noticia. Los peces se mueren y los barcos no pueden navegar corriente arriba.

Es muy tarde para parar un proceso que ya está lanzado a toda máquina, y solo podemos amortiguar las consecuencias del cambio climático. Toca preparar nuestras ciudades, reverdeciéndolas, encontrando formas de energía menos contaminantes y votando a responsables públicos que mantengan los recursos públicos y servicios de emergencias funcionando y convenientemente dotados.

Los incendios y todas las demás consecuencias del calentamiento global empiezan a combatirse mucho antes de que la prioridad sea salvar vidas.

Si no tienes tiempo de leerlo todo (*)

A raíz de ser bloqueado en Facebook por un viejo amigo que cayó en la desinformación, el autor utiliza esta ruptura personal para reflexionar sobre el impacto del negacionismo y la crisis climática. A través de este desencuentro, el texto contrapone las posturas que minimizan el problema con la cruda realidad que vive Europa: olas de calor récord, incendios forestales descontrolados y sequías extremas. Finalmente, hace un llamamiento urgente a la acción política y social para adaptar nuestras ciudades e infraestructuras antes de que las consecuencias sean irreversibles.

Tres ideas principales

  • El peligro de la desinformación en redes sociales: Plataformas como Facebook pueden actuar como burbujas que radicalizan a las personas, alimentan el fanatismo y las desconectan de la realidad, destruyendo incluso relaciones personales del mundo real.

  • La innegable gravedad del cambio climático: Argumentar que «siempre ha hecho calor en verano» ignora la evidencia de temperaturas extremas sin precedentes, sequías históricas (como la del río Danubio) e incendios voraces que amenazan la estabilidad europea.

  • La necesidad de prevención y adaptación estructural: Combatir la crisis climática exige decisiones anticipadas —como la transición hacia energías limpias, el rediseño urbano y la correcta financiación de los servicios de emergencia— antes de que la única opción sea reaccionar para salvar vidas.

(*) Resumen generado con IA


Publicado

en

por

Etiquetas:

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.