
El verano de 2026 nos trae temperaturas récord y una pregunta del millón: ¿por qué hay gente que se niega a usar desodorante?
2 de Agosto.- A partir de la semana entrante, Austria va a retorcerse de nuevo como consecuencia de una ola de calor. Este viernes pasado se produjo una circunstancia histórica, que habla de la gravedad del cambio climático al que nos estamos enfrentando: por primera vez desde que hay registros en Austria (o sea, por primera vez desde hace dos siglos y medio) se alcanzaron cuarenta grados centígrados en el mes de julio. Paradójicamente, si todo sigue así, el verano de 2026 puede ser uno de los más fresquitos en lo que nos queda de vida.
Aparte de joder los ecosistemas, el calor tiene muchas consecuencias sobre los cuerpos y una de ellas es que, para regular la temperatura corporal y mantenerla en (más o menos) treinta y seis grados, se activa un mecanismo de defensa natural. Esto es: nuestras glándulas sudoríparas producen sudor. Es solo uno de los mecanismos de regulación. Otro muy extendido consiste en que el corazón bombea sangre a toda prisa a los vasos sanguíneos más superficiales de la piel, de manera que, al contacto con el aire, esa sangre expulse el exceso de calor del cuerpo.
Es por este último mecanismo por el que las personas acaloradas nos ponemos rojas.
Volviendo al sudor, un cuerpo adulto medio tiene entre dos y cinco millones de glándulas sudoríparas. En un día de calor intenso, se puede segregar hasta un litro de sudor. Solo entre un uno y un dos por ciento de las glándulas sudoríparas se localizan en un área altamente conflictiva del cuerpo humano: las axilas o, en lenguaje de más de andar por casa, los sobacos.
En principio, el sudor es básicamente agua, pero lleva disueltas algunas otras sustancias, por ejemplo, lo que en los animales se llama „almizcle“ que es el componente básico de los perfumes (esto es una cosa muy curiosa, los perfumes nos gustan porque, en la base, tienen una estructura molecular muy parecida al sudor humano). El agua se evapora y reduce así la temperatura de la piel pero las sustancias quedan, y estas son el alimento de las bacterias de la piel, que “pudren” estos compuestos y de esta putrefacción sale el olor a sobaquina.
Se da la paradoja de que el sudor fresco nos emociona eróticamente (las famosas feromonas) pero el sudor no reciente, el que huele, nos repugna.
A lo largo de la historia, los seres humanos han utilizado diferentes sistemas para eliminar este olor desagradable. En los países calurosos, como en el sur de Europa, culturalmente nos lavamos mucho y nos ponemos colonia fresquita todo el rato. Más hacia el sur, en el Magreb, se usan desodorantes muy fuertes, que permiten saber si un individuo determinado ha pasado por una habitación solo por el rastro olfativo que deja.
En Austria, según una encuesta que publican los medios locales, más del noventa por ciento de las personas utilizan desodorantes o antitranspirantes.
Las razones de este noventa por ciento que le hacen la vida menos cuesta arriba a sus conciudadanos son muy evidentes. Desde los que encuentran que mitigar el olor corporal es una medida necesaria de cortesía hasta los que se sienten así a salvo de situaciones vergonzosas.
En fin, lo normal.
Lo que resulta muy interesante son las razones que dan aquellos de nuestros conciudadanos que practican la variedad de guerra biológica que consiste en ir por la vida sin desodorante. Un pasmoso treinta y tantos por ciento afirma (con todos sus güevos o sus coños morenos, según) que ellos “no sudan”. Por lo tanto, si no sudan, no hieden. (Es, naturalmente, mentira, todo el mundo suda. O suda, o se muere).
Otro diez por ciento aduce que “casi no suda” asi que pa qué. Un ocho por ciento no utiliza desodorante y prefiere enmascarar el olor corporal como se hacía en la corte de Luis XIV de Francia, o sea, a base de perfume (con lo cual consiguen oler a cerdo tropical). Más o menos el mismo porcentaje reconoce evitar el olor corporal a base de ducharse más a menudo (como Isabel I de Inglaterra, que se bañaba una vez al mes “lo necesitase o no”).
Un siete por ciento no usa desodorante por considerar que contienen productos químicos peligrosos (son los mismos que curaban la CoVid con pomada para caballos). Otro cinco por ciento utiliza “alternativas naturales” (no especifican). Hay también quienes no usan desodorante por alergias y los hay que piensan que “no funcionan”.
Sería muy bueno que alguien le preguntase a las parejas de estas personas qué se siente. Aunque quizá tengan el olfato tan anestesiado que ya ni se den cuenta.
Por si no has tenido tiempo de leerlo todo(*)
Tras alcanzar un récord histórico de cuarenta grados en julio, Austria afronta nuevas olas de calor que activan los mecanismos naturales de termorregulación del cuerpo (sudoración y vasodilatación). Aunque el sudor es mayoritariamente agua, su descomposición bacteriana produce mal olor. Ante esto, mientras el noventa por ciento de los residentes en Austria recurre al uso de desodorantes por higiene o cortesía, el resto justifica no usarlos con excusas que van desde negar que sudan hasta el uso de alternativas naturales o perfumes.
Tres ideas principales
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Impacto del calor y termorregulación: El cambio climático está dejando temperaturas récord en Austria , obligando al cuerpo humano a activar mecanismos como el sudor y el bombeo de sangre a la piel para mantener los 36 grados y medio
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La química del olor corporal: El sudor en sí es agua con compuestos similares a las feromonas (que en fresco pueden resultar atractivos), pero el mal olor surge cuando las bacterias de la piel descomponen las sustancias orgánicas que quedan tras la evaporación.
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Comportamiento social frente al desodorante: El $90\%$ de la población en Austria usa desodorantes o antitranspirantes, mientras que el porcentaje restante justifica no usarlos apoyándose en mitos (como afirmar que «no sudan»), motivos de salud, el uso de perfumes o higiene alternativa.
- (*) Resumen obtenido con IA
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